El último sistema frontal también afectó al llano de Chajnantor
El viernes, mientras en la zona central caía un aguacero, el llano de Chajnantor, en la Región de Antofagasta, se cubría de un manto blanco. Estoicas, las antenas de Alma enfrentaban las duras condiciones atmosféricas dándole la espalda al viento, pero ya habían tenido que dejar de operar.
«La naturaleza nos mostró su poder con fuertes vientos y una impresionante nevada», escribió el equipo del radiotelescopio en su cuenta de X (@ALMAObs_esp).
Daniela Soto es ingeniera en Física y operadora de Alma. Cuenta que cerca de las 2 de la madrugada recibieron la alerta de que estaba lloviendo. Cuando es así, deben detener la operación. Si son unas pocas gotas la pueden retomar al rato, pero cuando hay más de dos horas de precipitaciones, el protocolo es claro: se suspende la operación oficialmente y sólo se puede retomar luego de que los técnicos revisen en terreno cada antena. Eso ocurrió recién el sábado.
¿Qué hacen con las antenas cuando hay condiciones meteorológicas adversas?
«Se comanda a las antenas a una posición fija y se les activan unos frenos, de manera de que no se puedan mover. Se quedan quietas en una posición de elevación baja y dándole la espalda al viento. Esa es la mejor forma de protegerlas, porque así se acumula menos nieve en los platos y cuesta menos la recuperación después. Apuntan al este, hacia la cordillera. Esa es la posición segura».
¿Por qué esa posición?
«Esa es la que fue definida por el fabricante. Como son platos esféricos, si les llega el viento de frente las podría dar vuelta. Cuando se hicieron los estudios preliminares, antes de instalarlas, se analizó eso y se definió que la mejor forma de protegerlas era que apuntaran al este, cosa que el viento les llegara por atrás de los platos».
¿Para dar esa alerta se aprieta una especie de botón?
«Es una especie de botón de pánico, jajajá. Pero en realidad es un comando que, por computador, les da la instrucción a las antenas para irse a esta posición fija. Eso demora sólo algunos minutos».
Cuando las antenas no pueden operar, los astrónomos aprovechan para calibrar los equipos. Eso, a la espera de que los técnicos puedan subir y verificar en terreno el estado de los equipos.
¿Qué es lo que deben revisar los técnicos?
«Deben asegurarse de que no les quede hielo o tengan nieve acumulada en los platos o motores. Sobre todo en los motores, que están en la base, porque al moverlas después, esa agua se puede meter a la electrónica y dañar las antenas».
Los técnicos se reparten en varias cuadrillas para poder abarcar el terreno en el día y visitan cada antena.
La ingeniera explica que la otra parte sensible de la antena es el llamado shutter: «En el centro del plato hay un agujero, por dentro están los receptores de datos. Ahí hay una tapa móvil, que se llama shutter, que es como una puertecita de 1,20 metros que se abre y se cierra. Mientras estamos observando se abre, pero con las lluvias se cierra. Se revisa que ahí no se haya acumulado nieve, porque cuando se tengan que abrir los platos, si quedó nieve, va a entrar a la electrónica. Los técnicos usan unos espejos para mirar esa parte, porque las antenas son grandes. Van con unos instrumentos, un extensor que tiene una cámara que graba para poder mirar ahí dentro».
¿Qué se hace para sacar la nieve o hielo?
«No se limpian manualmente, porque la superficie es muy sensible y se puede rayar. Si está despejado, apuntamos la antena un poco en dirección al sol para que ayude al proceso, pero generalmente no se mueven las antenas hasta que se sale solo. Hay que dejar que el aire haga su trabajo. La termodinámica hace su trabajo. Por la altura en la que estamos, generalmente la nieve no se hace líquida, se evapora».
¿El sábado aún había antenas con nieve?
«De las 50 antenas grandes, tres quedaron fuera de servicio porque todavía les quedaba nieve en el plato o en el shutter. El domingo ya estaban operativas».
«No se limpian manualmente, porque la superficie es muy sensible y se puede rayar», Daniela Soto, ingeniera en física.


