Los peligros de limpiar una parrilla con una escobilla de metal

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Endoscopista Tatiana Vujcic relata el caso del paciente que llegó con una hebra metálica a urgencias tras comer un asado

Nadie entendía lo que era, hasta que el anestesista, que seguramente era parrillero, lo identificó, cuenta.

«Este es uno de los casos que más me ha sorprendido como endoscopista», parte diciendo la doctora Tatiana Vujcic en el video que subió a su instagram y que ya ha sido visto por más de 400 mil personas (@dratatianavujcic).
Será por la época en que decidió contar su experiencia, en que el olor a asado ya se siente en el aire, o porque realmente es un peligro de los que pocos tienen noción. El caso es que lo que relató la gastroenteróloga es una alerta que vale considerar.
Vujcic contó que un día del año pasado estaba de turno en un recinto asistencial cuando la llamaron por un paciente que tenía un objeto no identificado a la altura del esófago. «Me dijo que después de tragar un pedazo de carne, sintió un intenso dolor en el tórax, y que cada vez que tragaba tenía un dolor intenso, así que decidió ir a la urgencia».
Un escáner mostró que el paciente, de unos 50 años, tenía atrapado en la garganta lo que parecía ser un delgado filamento metálico de 3 centímetros. El hombre había ido a comer a un restaurante.
La doctora revela que lo llevaron a pabellón con un equipo multidisciplinario y desde el esófago le sacaron el objeto. Nadie entendía lo que era, hasta que el anestesista, que seguramente era parrillero, lo identificó: «Eso se parece a una hebra de metal de los limpiadores de parrilla, dijo. Ahí todo calzó», recuerda Vujcic, quien es fundadora de NeuroGast, un centro de salud digestiva.
Ella buscó evidencia científica y se encontró con casos similares reportados, de complicaciones en el tubo digestivo por las hebras metálicas de estos cepillos. «Las hebras se pueden desprender, quedar pegadas en la parrilla y no verse, porque tienen el mismo color de la parrilla. Una vez que se pone el alimento encima, pueden quedar adheridas a la carne o al pollo», describe.
«Esto es algo de lo que hay que preocuparse, hay que hacer un llamado para tener precaución. Yo había pensado que era un caso aislado, pero hace poco me topé en Instagram con el video de una urgencióloga estadounidense que contaba un caso similar, pero que le había pasado a una niña de 4 años, también con una hebra metálica de un cepillo para limpiar parrillas que se le había enterrado en la laringe/faringe. Ahí le tomé el peso a la situación y me contacté con el paciente para pedirle autorización para contar su historia».
La doctora plantea que «como estos cepillos se pasan con fuerza sobre la parrilla, eso también debe influir en que se caigan las hebras, pero al final es como cualquier cepillo, como el de pelo, a los que también se les desprendan los filamentos».
¿Si uno se traga una de estas hebras metálicas puede quedarse en cualquier parte?
«Va a seguir el trayecto de cualquier alimento. Después que masticamos, el alimento pasa por faringe, laringe, esófago, estómago, intestino delgado, colon. El alimento extraño, en este caso el metal, se va a incrustar en cualquier segmento del tubo digestivo donde encontró el freno nomás. Por lo que he investigado, la mayoría se queda atascado en la zona de la faringe/laringe, no tiene la capacidad de bajar. La laringe y faringe tienen la misma textura que los labios por dentro. Es un músculo, es blandito, y un objeto de este tipo, si se incrusta, se va a quedar ahí. Pero al paciente que yo atendí se le quedó en la zona a continuación, en el esófago alto».
¿Cómo se saca un objeto de este tipo?
«Todo dependerá de dónde esté ubicado el cuerpo extraño y de sus características. Cuando es posible, se prefiere la extracción endoscópica, como fue este caso, evitando una cirugía. La endoscopía digestiva es un procedimiento invasivo. Se introduce el endoscopio por la boca. Los otorrinos también realizan endoscopías en la zona de la faringe y laringe mediante una nasofibroscopía entrando por la nariz. En algunos casos se pueden retirar cuerpos extraños con instrumental especial, depende mucho de dónde esté ubicado y de qué tan incrustado esté».
Agua oxigenada
Si las cerdas metálicas pueden ser peligrosas, la pregunta es qué usar para limpiar la parrilla.
La toxicóloga Laura Borgel, académica de la Universidad de Chile, dice que esa maniobra no es para tomársela a la ligera. «Cuando ponemos materias orgánicas en la parrilla, como pollo o carne, formamos benzopireno a medida que se cocinan, que se queman. Se trata de un hidrocarburo tóxico y cancerígeno, que está en esa cosita negra o tostada que tanto nos gusta. Nos son toxinas que nos van a enfermar si las comemos de vez en cuando, pero hay que tener cuidado con ellas», ya que aumentan nuestra carga química, explica.

Para limpiar la parrilla, dice, «se puede usar una preparación de quitamanchas sin cloro, a razón de una parte por diez de agua». Además, afirma que el peróxido de hidrógeno, la vieja y querida agua oxigenada, sirve perfecto porque elimina todo el material orgánico.  Eso sí, recomienda ponerse guantes al hacerlo.

La voz parrillera

Otro que sabe del tema es Oliver Vegas, que lleva más de una década fabricando y refaccionando parillas (en Instagram @parrillas_premium). Él explica que no hay una sola forma de limpiarlas y que eso depende, en primer lugar, del material de fabricación. «La de fierro se va a oxidar, a menos que se use bastante o se deje con una cubierta de grasa después de cada uso», explica.  «La parrilla de acero inoxidable -agrega- se puede lavar hasta con agua de mar y no se oxidará, pero como no es antiadherente, quedará con restos de grasa, por lo que el parrillero está obligado a pasar una cebollita, una papita, para sacar los restos». Sobre este último método -la cebolla- aclara que es más una tradición que ciencia infalible. «Se fundamenta en que la cebolla libera amoniaco, por lo que sirve para desinfectar algo, pero más bien lo que hace es arrastrar los residuos. En realidad lo que mata todo, es el calor del mismo fuego, sobre 68° C».

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