El climatólogo Raúl Cordero describe las características de este lluvioso año
Las precipitaciones están enmarcadas en un año con Súper Niño, en el que la temperatura del Pacífico tropical continúa en aumento.
Hace dos semanas, la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos confirmó que El Niño se había fortalecido en junio. Además, la institución advirtió que existe un 81% de probabilidad de que se presente un evento de gran intensidad en el periodo octubre-diciembre, posicionándose como uno de los más grandes en el registro histórico desde 1950 (https://s.lun.com/nog823). Las consecuencias del fenómeno comienzan a ser globales.
«Cada vez que tenemos un evento de esta magnitud, conocido como Súper Niño, ocurren temporales. Lo más probable es que lo que estamos viviendo sea atribuible a esta fase tan intensa. Es la cuarta vez en 50 años que enfrentamos algo así», asegura el climatólogo Raúl Cordero, académico del Departamento de Física de la Universidad de Santiago (Usach).
¿Cuándo ocurrieron los otros, profesor?
«Tuvimos temporales muy importantes en zonas centrales en 1982 y hubo Súper Niño en 1997. La última vez que tuvimos un temporal de este estilo fue en agosto de 2015, también con Súper Niño».
¿Chile es la zona más afectada en este momento?
«Éste es un fenómeno que ocurre en el Pacífico tropical y sus impactos son a escala planetaria. Ahora mismo caen precipitaciones récord en el Estado de Texas, en estados mexicanos fronterizos y al sur de Estados Unidos. El alcance es masivo: hay zonas donde trae lluvias, como en nuestro territorio, Argentina, el sur estadounidense y norte de México; pero hay otras donde provoca una sequía severa, como toda la cuenca del Amazonas, el altiplano boliviano, el sur de África y el Sudeste Asiático».
¿Por qué genera lluvia intensa en Chile?
«Lo más intuitivo es pensar que llueve porque el mar está más cálido, lo que provoca evaporación y nubes. Pero eso aplica solo en las zonas inmediatamente adyacentes al calentamiento, es decir, en la costa de Perú y Ecuador. En Chile, el fenómeno cambia los patrones de circulación; por ejemplo, provoca que la Alta del Pacífico (presión atmosférica) se debilite. Si eso pasa, entran precipitaciones a la zona central y al Norte Chico. Ahora mismo, la Alta del Pacífico está casi desaparecida».
¿Será lluvioso todo el invierno, entonces?
«Este fenómeno es bianual. Comienza más o menos a mediados de año -oficialmente empezó en junio- y alcanza su punto máximo a fin de año, cerca de la Navidad. Por eso se llama El Niño (los pescadores peruanos lo asociaban con el Niño Dios). Luego se debilita, pero persistirá, al menos, hasta el otoño de 2027. La moraleja de todo esto es que es poco probable que éste sea el último evento de gran magnitud asociado a este El Niño. Tal vez sea el más importante, pero no el único y no necesariamente en la misma zona».
¿Se saturaron los suelos con tanta lluvia?
«Cuando termine este episodio tendremos cerca de 150 milímetros acumulados en la capital. Sin embargo, en 2002 cayeron 250 milímetros, y lo mismo ocurrió en 1997 y en 1982. Más allá del exceso de agua, que puede tener efectos nocivos en la agricultura, no causa daños de mediano ni largo plazo en los suelos».
¿De qué dependen las inundaciones?
«Dependen poderosamente de la altura de la isoterma cero y no de la capacidad de absorción del suelo. Si llueve en la cordillera, aumenta la probabilidad de aluvión e inundación. En la zona central no tuvimos las inundaciones que vemos en el norte porque la isoterma cero se mantuvo en alturas no tan altas, por encima de los 2.000 metros. Si hubiese llovido en la cordillera nada nos habría salvado. Afortunadamente, no fue el caso».


