Estudio chileno fue portada de Science: descarta fallecimiento por hipotermia, tesis que primó por décadas
Antropóloga física encabezó la investigación: ¿cómo se estudia esa especialidad?
Desde su descubrimiento en 1954, aproximadamente 50 kilómetros al este de Santiago y a 5.400 metros de altura, el niño del cerro El Plomo mueve la curiosidad de los investigadores.
La propia Grete Mostny, académica que adquirió el cuerpo para el Museo Nacional de Historia Natural y gestionó la cámara especial donde se conserva hasta hoy, convocó a especialistas, radiólogos y dermatólogos para determinar su causa de muerte. Al no encontrar trauma, concluyeron que el pequeño niño inca de 8 años había fallecido de frío, debido a las bajas temperaturas en la montaña. Los restos de vómito en su ropa indicaban que, en una ceremonia ritual, le habían dado alguna bebida alcohólica que lo adormeció antes de su último suspiro.
Esa tesis permaneció en pie durante décadas. Más precisamente, hasta ahora: tras un estudio multidisciplinario, que se extendió por 14 años, liderado por investigadores chilenos y con la colaboración del instituto Max Planck (Berlín) y la Universidad de Stanford (Inglaterra), se descubrió que el niño de El Plomo no murió por hipotermia, sino por un golpe en la cabeza que le provocó un traumatismo encefalocraneano.
«No es una fractura muy grande y por eso había pasado desapercibida, pero eso no significa que el trauma haya sido pequeño», explica Verónica Silva Pinto, antropóloga física y curadora del Museo Nacional de Historia Natural, quien encabezó el estudio que reconstruye los últimos meses de vida de las doncellas del cerro Esmeralda, Iquique, y del niño del cerro El Plomo: son las dos capacochas -rituales de ofrenda inca- halladas en Chile.
Los resultados fueron publicados la semana pasada en la prestigiosa revista científica «Science Advances» (la publicación hermana de acceso abierto de la famosa revista «Science»). El trabajo, que combinó tomografías computarizadas, análisis de isótopos estables, fechados radiocarbónicos y modelamientos, apareció en la portada de la publicación (science.org, https://s.lun.com/sci898).
«Hicimos un trabajo ético de estudio de los cuerpos humanos, entendiendo que eran personas: a pesar de que realizamos múltiples análisis, buscamos que fueran mínimamente invasivos y con una manipulación menor de los cuerpos», destaca la investigadora.
Maza roma
El cuerpo del niño ya había sido sometido a tomografías computarizadas en 1984 y 2003, pero la avanzada tecnología que se usó en 2021, cuando fue llevado a la Clínica Alemana, arrojó nuevos indicios.
«Rápidamente nos llamó la atención la apertura de las suturas craneales. Un niño de ocho años de edad no debería tener las suturas abiertas. A partir de ahí comenzamos a buscar hasta que hallamos una línea de fractura en el hueso frontal», describe la antropóloga.
El modelamiento matemático permitió reconstruir la fuerza que se necesitaba para provocar la fractura. «Él tiene una lesión por arma contundente porque tiene un tec cerrado, no es un arma que rompiera la piel. Llegamos a la conclusión de que se trataba de una maza estrellada de piedra de puntas romas, dada la forma en la que quedó la lesión en la piel», agrega. El golpe se registra a la altura de la sien izquierda (ver imágenes).
«Además, proponemos que el vómito se debe justamente al traumatismo craneal y que el niño muere muy rápidamente, porque no hay ninguna evidencia de reparación ósea ni de inflamación. El niño no tiene ningún chichón, para decirlo en palabras simples», destaca.
Un análisis dermatoscópico, que es básicamente sacar fotos con muy alta resolución de la piel, junto con una biopsia, descartaron la existencia de necrosis en los dedos. «Eso apoyó nuestra hipótesis de que el niño no había muerto de hipotermia», aclara la investigadora.
El estudio también determinó que el pequeño demoró nueve meses en recorrer los cerca de 2.800 kilómetros desde El Cuzco hasta el cerro El Plomo, un tiempo bastante extenso. ¿El motivo? Los análisis isotópicos apuntan a que, en sus últimos meses de vida, el niño iba cambiando levemente su dieta, lo que se explicaría porque en su trayecto era recibido por comunidades locales que lo alimentaban. «Con esto lo que buscaba el inca era que la gente se sintiera integrada a los territorios, de forma espiritual y no solamente de forma política», comenta. Se une a la nueva data de muerte del niño (1480), que calza con el período de consolidación del imperio inca en estas tierras.
Antropología física
Verónica Silva Pinto recuerda que desde niña la fascinaban los reportajes sobre cuerpos momificados en Egipto. Ese fue el punto de partida para estudiar Antropología. «Tuve la suerte de que, justo el año que me tocaba elegir especialidad, se comenzó a dar antropología física, que estudia los cuerpos humanos tanto del pasado como presentes», recuerda.
En Chile se dicta solamente en dos universidades: U. de Chile y U. de Concepción. «Generalmente se la vincula con el ámbito de los tratamientos mortuorios, junto con otras variables de la dimensión biológica de las culturas», complementa Mauricio Uribe, director del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, donde después de dos años comunes se puede tomar la mención (facso.uchile.cl, https://s.lun.com/uch599).
Ivanna Toyos, jefa de carrera de Antropología en la U. de Concepción (admision.udec.cl, https://s.lun.com/udc735) aclara que los físicos abarcan un campo extenso. «Hay gente que se especializa en antropología forense, por ejemplo, que son los peritos que están dentro del Servicio Médico Legal, otros se dedican más a la parte arqueológica», comenta.
«En el estudio del niño del cerro El Plomo la antropología física es ideal, porque integra muchas áreas y puedes reconstruir edad, estatura, características propias del individuo que estás analizando».



