Las frías recepciones de sus shows en Fiestas Patrias demandan un upgrade.
Estas Fiestas Patrias asistimos por TV a tristes performances de dos números emblemáticos del humor local: Melón y Melame y «El Flaco», Paul Vásquez.
No es que hayan dejado de lado la comicidad como medio de vida, sino que en la juventud actual ya no prenden tanto ni los parientes de los primeros ni los «Cuaaaando llegaron los españoles» del ex «Dinamita show».
Vásquez se presentó el 18 en La Pampilla (transmitida por Mega) y el 19 en la Fonda de Ñuñoa (Chilevisión), mismo evento al que se presentaron Gigi Martin y Mauricio Flores.
Una que otra mala jornada han tenido siempre los artistas, sobre todo en un área difícil como el humor. Lo que vuelve particulares estos pasos en falso es que nunca antes se marcó de forma tan evidente el fin de una era.
A las nuevas generaciones y, en rigor, a los hombres y mujeres de cualquier edad que son miembros activos de redes sociales ya no les basta con el clásico esquema del chiste con desarrollo y remate.
Y tampoco se contentan con fórmulas que han visto más de una vez. Viven fenómenos como el «inconformismo digital», la «hipercrítica online» y el «síndrome del espectador insatisfecho». Cuesta mucho seguirles el ritmo y más adivinar qué llamará su atención, sobre todo en espectáculos en vivo en que hay otros números en la cartelera.
No digo que Melón y Melame y Paul Vásquez tengan que colgar el bombo y los zapatos que compró la mamá. Sólo aviso para que asuman el cambio en el entorno y aggiornen sus rutinas a tiempo.
En el caso de Paul, es urgente que pase del humor blanco a uno con más picor, a menos que pretenda enfocarse en realizar sus futuras funciones en kermeses escolares o residencias para la tercera edad. Si Iván Arenas lo hizo con tanto éxito (y antes que él Tato Cifuentes, la voz del tierno Tatín), ¿por qué El Flaco no?
Martin y Flores ya tienen la malicia en sus actuaciones, pero podrían desprenderse de sus actuales roles y hacer un stand-up a dos voces. Debe haber, pero no lo he visto. Una conversación entre amigos, al calor de unas cervezas u otros bebestibles, en que desgranen las vivencias y el presente de los chilenos comunes y corrientes.
¿Han pensado en algún momento buscar un nuevo formato para seguir o piensan jubilarse uno con la boca chueca y otro con la cara pintada? Ojo, Gigi, que Hugh Laurie, protagonista de «Doctor House», terminó con problemas físicos reales por simular durante años la cojera de ese personaje.


