Las lluvias y temporales de septiembre y octubre afectaron a papas, cebollas, zanahorias, sandías y melones
Se nos pudrieron las semillas, dice Joaquín Hermosilla, proveedor de papas de Lo Valledor.
Las historias de Luis Aguilar, horticultor y melonero de Colina, y de Joaquín Hermosilla, proveedor de Lo Valledor, grafican el serio impacto que los temporales de septiembre y octubre tuvieron sobre la chacarería en distintas zonas de Chile. Aguilar señala que perdió plantas en desarrollo temprano, con un importante castigo a su producción. Hermosilla, en tanto, cuenta que el mayor impacto que tuvo fue la pérdida de semillas de papa, lo que lo afectará gravemente la próxima temporada.
Aunque aún no existen catastros oficiales de daño, las lluvias y granizos cayeron en un momento crítico, en el que se está plantando, por lo que, cuando no se perdió lo que estaba en tierra, los suelos saturados de agua han obligado a atrasar el inicio de los cultivos.
Lo más crítico fue octubre, en cuyas primeras tres semanas la estación Quinta Normal acumuló 146,4 mm. Eso es la mitad de lo que llueve en Santiago en un año normal (286,3 mm), en un mes que habitualmente marca el retiro de las precipitaciones. Los sistemas frontales golpearon con más fuerza entre las regiones de Coquimbo y el Maule, y a la lluvia se sumaron granizadas en la Metropolitana, de OHiggins y Biobío. Fue el octubre más lluvioso en Santiago desde que existen registros.
Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, explica cómo las últimas lluvias repercutieron a distintas especies. «En horticultura, los almácigos se plantan en este período y al estar los suelos saturados, se debe correr la fecha, pero no debiéramos tener un problema de abastecimiento de alimentos», indica.
«Hay algunos rubros puntuales, como las papas, que han tenido una rentabilidad muy baja en los últimos cinco años, por lo que se sembró menos superficie, hubo menos ofertas y con el impacto de estos eventos la oferta se reduce más, lo que sube los precios. Hay que estar monitoreando constantemente la oferta y cómo se mueven los precios, pero hemos hablado con los mercados mayoristas y nos dicen que no hay problemas de abastecimiento», añade Walker.
Lechugas y melones
Luis Aguilar es la tercera generación una familia de agricultores de Colina. Generalmente planta lechuga en 15 hectáreas, alcachofa en cuatro, cebolla o cebollín en tres, al igual que melones. Es un pequeño agricultor que para acceder a maquinaria debió recurrir a un crédito de $14.000.000 intermediado por Indap. Vende su producción en ferias libres de la Región Metropolitana, en Colina, Pudahuel y Recoleta, y también en la verdulería que tiene su esposa en Colina.
Plantó melones durante los primeros días de octubre, alcanzó a regarlos y, a los tres días, llegaron las precipitaciones. «Se recuperaron y cayó de nuevo con granizo. Las matas se pusieron amarillas. De 100 plantas, tengo entre 20 y 25 vivas. Además, como las lluvias han sido con temperatura, han traído hongos que han afectado el cultivo de las cebollas. Con ellas tomé la mejor decisión: ¿para qué insistir en recuperarlas? Rastrillé la tierra, porque el tiempo no me deja mover el suelo con maquinaria, y volveré a cultivar», cuenta.
«Con los melones tengo la esperanza de poder recuperar algo porque en septiembre hubo una ventana en la que pude trabajar el suelo y sembré en octubre», afirma.
Explica que planta los melones en ciclos, cada uno correspondiente a 1 hectárea con 10.000 o 12.000 plantas, y que el primero es el que ya perdió.
«Confío en que el escenario mejorará, pero esto sí va a influir y no solamente a mí. En San Vicente de Tagua-Tagua o Pichidegua, donde siembran sandía, algunos han colocado mallas antiheladas para producir una sandía de buena calidad. Si viene otra gran lluvia y se inunda, igual es difícil que obtenga el cultivo final esperado o conseguirá un rendimiento menor», dice Aguilar.
Menor superficie
Hermosilla es gerente de ventas de la Comercializadora Hervas, que abastece principalmente de hortalizas a Lo Valledor. La empresa cuenta con alrededor de 1.000 hectáreas productivas entre las regiones del Maule y del Biobío. «Nuestro principal producto es la zanahoria, luego la cebolla, la papa, la betarraga y el zapallo. Arrendamos los campos, pero producimos nosotros. De las 1.000 hectáreas que tenemos, la zanahoria abarca aproximadamente el 45% del total», cuenta.
Explica que los momentos más críticos fueron las precipitaciones de fines de septiembre y principios de octubre. «Esas lluvias nos afectaron la siembra porque estaba terminando la temporada» dice.
Hermosilla precisa que las últimas precipitaciones no afectaron la cosecha de papas de la temporada 2025-2026, pero sí la que viene. «Se nos pudrieron las semillas de papas. No tenemos clara la magnitud, pero deben ser por lo menos 20 hectáreas», cuenta.
Con la cebollas, que la empresa produce en Longaví, en la Región del Maule, y en Quillón, en la de Ñuble, también tuvieron problemas. «Tenemos un tercio menos de la superficie sembrada que en 2025. Decidimos que ya no se puede porque ocupamos las variedades de día largo o intermedio y no nos dan los días de luz. Usualmente plantábamos entre 150 y 180 hectáreas y un buen cultivo, en promedio, debería dar 80 toneladas por hectárea. No sé si podremos reemplazarlo por otra especie», agrega.
«En la siembra de zanahoria, que tenemos en diferentes regiones, estamos atrasados, ya que normalmente la producimos durante 10 meses», describe Hermosilla. Debido a los problemas de siembra, creemos que el próximo año los precios estarán más altos, sin asegurar cuánto más, porque no habrá el mismo rendimiento ni las mismas hectáreas disponibles para el cultivo. Quizás habrá mucha agua para el riego, pero ¿qué vamos a regar si no hemos podido sembrar?», detalla.
En cuanto a la comercialización, indica que con Lo Valledor no tienen contrato, por lo que los rige la oferta y la demanda del momento. «Si un día hay menos cebollas, el precio subirá», sostiene.
«Qué vamos a regar si no hemos podido sembrar», Joaquín Hermosilla.
146,4 MILÍMETROS cayeron en las tres primeras semanas de octubre.


