Más de 90 viviendas y un colegio fueron afectados en Requínoa por el paso de un tornado
El académico Rodrigo Martin, de la Usach, destaca el Código Residencial Internacional, que regula la construcción de viviendas enEstados Unidos.
Las 92 viviendas que resultaron dañadas por el tornado grado EF2, que pasó por la comuna de Requínoa, en la región de OHiggins, serán reparadas. Así lo informó el ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, quien este martes también planteó la posibilidad de ayudar al Colegio Tricahue, establecimiento particular que resultó afectado y que actualmente atiende a unos 360 estudiantes.
Aunque, dependiendo del estado y calidad de las construcciones afectadas, los daños se repartieron homogéneamente por todas las estructuras, al mirarlas con más detención, se hizo evidente que las techumbres no estaban preparadas para resistir vientos de entre 179 y 218 km/h.
Según detalla Rodrigo Martin, académico de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Universidad de Santiago (Usach), el nivel de destrucción «no tiene que ver con la forma del tejado, sino con las piezas que fijan sus partes estructurales».
Prueba de ello, son los buenos resultados que brinda el Código Residencial Internacional (IRC, por sus siglas en inglés), que regula la construcción de viviendas unifamiliares y bifamiliares en la mayor parte de los Estados Unidos.
«El IRC exige que las viviendas residenciales se construyan de manera que puedan resistir ráfagas de viento de 3 segundos de duración, con velocidades que oscilan entre 144 km/h y 185 km/h, lo que proporciona protección, por defecto, frente a tornados de categoría EF0 y EF1», cuenta el investigador, quien destaca algunos detalles constructivos que le parecen más relevantes.
Unos tienen que ver con el uso de fijaciones metálicas entre piezas estructurales, mientras que otros con las dimensiones de algunas partes de la construcción, «como las amplias puertas de las cocheras, que les permite resistir mejor la succión», explica el investigador de Smart City Lab Usach.
¿Más comunes?
Ante la pregunta de si hay más tornados que antes, Raúl Valenzuela, académico de la Universidad de OHiggins e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), dice no tener respuesta.
«Todavía no hemos sido capaces de distinguir entre el cambio real en las condiciones climáticas y el mero aumento de exposición por cada evento», asegura.
En su opinión, «el mayor número de registros podría simplemente deberse a una mayor disponibilidad de cámaras entre la población, así como también, a que el hombre ha ido ocupando territorios que antes estaban vacíos, por lo que no podemos saber si había tornados o no».
También cree que, con la poca cantidad de información reunida desde el año 2019, cuando se informó oficialmente del primer tornado en la zona central del país, aún no es posible determinar en qué parte los tornados tocarán tierra, ni menos por dónde pasarán.
«Su trayectoria está determinada por lo que pasa en la tropósfera media, a unos 5.000 m de altura. Entonces, si esa circulación se mueve directo hacia Argentina, ese tornado se va a desplazar de oeste a este; pero si esa circulación remueve hacia el sur, entonces la trayectoria del tornado será de norte a sur», explica el investigador, quien recuerda que «en el estado de conocimiento que hoy tenemos en Chile, no tenemos claro qué hace que un tornado sea más fuerte que otro».


