Área comprometida para la producción temprana se concentra entre Coquimbo y el Maule
En ciruelos y nectarinos, las heridas se pueden agrandar cuando se desarrolla el fruto. Recontar la carga y ajustar los manejos será clave para enfrentar las pérdidas.
El temporal dejó una cuenta que todavía no cierra en los huertos de carozos. A las ciruelas y nectarinos que cayeron se suman frutos que siguen en las ramas, pero tienen golpes de granizo que pueden dejarlos fuera de exportación. Otros continúan desprendiéndose, aunque estaban inmaduros cuando llovió. Esa pérdida obliga a revisar cuánta fruta sostendrá cada árbol y cuánto conviene gastar para llevarla a cosecha.
Marlene Ayala, especialista en fruticultura de la Universidad Católica, advierte que mantener el programa original puede dejar al productor regando y fertilizando para una carga que ya no tiene. El ajuste comienza con un conteo por variedad y una segunda revisión: cuánta de esa fruta conserva posibilidades de venderse.
Las lluvias alcanzaron desde Coquimbo hacia el sur. Según la académica, el área comprometida para los carozos y la producción temprana se concentra entre Coquimbo y el Maule, mientras sitúa los daños por granizo principalmente entre Valparaíso y el Maule. Había huertos en floración, otros con frutos pequeños y algunos acercándose a madurez.
La fruta que falta por caer
Una de las consecuencias menos visibles es la caída de frutos inmaduros. Ayala la ha observado en ciruelos y nectarinos, además de cerezos, en medio de días nublados, lluvias y oscilaciones de temperatura. Árboles que parecían haber asegurado su producción empiezan a perderla.
Una visita tras la granizada da una evaluación inicial. La especialista describe conteos que van reduciéndose a medida que pasan los días. Repetir la observación permite corregir el rendimiento esperado mientras cambia la carga, sin mantener la estimación anterior al temporal.
En los sectores que estaban en flor, el problema empezó antes: las lluvias dificultaron la polinización y el trabajo de las abejas; donde cayó granizo, también hubo daño directo a flores. Si la cuaja fue insuficiente, la pregunta pasa a ser si la cosecha que queda justifica continuar con los gastos previstos para esa temporada.
El golpe en ciruela
En una fruta pequeña, la marca inicial puede parecer poco importante. Sin embargo, Ayala explica que la lesión del granizo se hace más evidente a medida que el fruto crece. Lo que hoy se ve como un punto puede convertirse en un defecto comercial al avanzar el desarrollo. El daño ya ocurrió, aunque aún no se aprecie su tamaño final.
Eso obliga a distinguir volumen de calidad. Un ciruelo puede conservar fruta en las ramas y, aun así, haber perdido parte de su cosecha exportable. Si la lesión es leve, algunos frutos podrían encontrar salida en el mercado interno, plantea la especialista. Esa opción depende de su condición: una fruta partida o con pudrición no equivale a otra con una marca superficial.
El granizo también dañó hojas y estructuras verdes. La revisión debe incluir los frutos retenidos y el follaje, donde el impacto fue intenso.
La lluvia, en cambio, se vuelve más peligrosa para la partidura cuando el fruto está cambiando de color o creciendo aceleradamente cerca de madurez. Ayala identifica entre los afectados a ciruelos tempranos de Valparaíso. Los durazneros, nectarinos y ciruelos japoneses menos adelantados pueden haber recibido un impacto menor por agua, porque aún no entraban en esa fase. El granizo puede dañarlos igualmente.
Dentro de los carozos, la académica ve mejores posibilidades para el ciruelo europeo, cuyo ciclo va más atrás. Frutos más pequeños y protegidos por las hojas pudieron eludir parte del golpe. Es una ventaja de calendario y exposición, sujeta a lo que ocurra después: si se repiten lluvias cuando esas variedades avancen, cambiará también su riesgo.
Contar antes de gastar
La recomendación de Ayala es contar frutos por centro frutal en árboles representativos de cada variedad. Luego hay que separar los dañados por golpes o partiduras y descontarlos de la estimación comercial. Así se evita confundir todos los frutos presentes con fruta que llegará a venta.
Con esa información corresponde revisar el raleo. Si ya se perdió parte de la carga, el trabajo necesario será menor y deberá responder a lo que efectivamente queda. También cambian la fertilización y el riego. «No puedes seguir nutriendo y regando el árbol de la misma manera», señala. El ajuste de agua y nutrientes debe responder a la carga que quedó y a las condiciones de cada huerto.
Una menor carga también puede acompañarse de mayor crecimiento vegetativo, por lo que la especialista menciona evaluar una poda en verde. Es parte del nuevo equilibrio del árbol, junto con el agua y la nutrición.
Otra cuenta es cuánto invertir para proteger la calidad restante. Ayala menciona aplicaciones foliares e inductores de defensas dentro de las herramientas utilizadas para mitigar estrés, pero advierte que su costo no se justifica por igual en todos los carozos. En nectarinos y durazneros, con retornos más ajustados, un gasto adicional exige revisar cuánto ingreso puede conservar. Ninguna aplicación recupera la fruta perdida ni revierte la lesión del granizo.
A la merma se suma un calendario incierto. Los suelos fríos y los días nublados están ralentizando el desarrollo, explica Ayala, por lo que prevé atrasos en huertos al aire libre. No fija un número de días ni lo extiende a todas las variedades. La fruta bajo cubierta puede seguir otra evolución.
La humedad y el calor también elevan el riesgo de hongos, y parte del deterioro puede expresarse después de cosechar. Eso añade una revisión de condición al cálculo de kilos y fechas de salida. Ayala aún no dispone de una estimación consolidada de pérdidas para ciruelos, nectarinos y durazneros. La decisión inmediata se juega en cada huerto: volver a contar, descontar lo dañado y ajustar los gastos a la fruta que todavía se puede vender.
Ovalle ya ve la diferencia entre cosechar y exportar
Jorge Astudillo, productor y asesor de cerezas tempranas en Ovalle, ve el daño en la selección para exportación. «Nosotros partimos la temporada con un 65% de porcentaje exportable de la fruta que entraba a proceso y hoy estoy en un poquito más de 45%», cuenta sobre su operación tras las lluvias.
Además de las partiduras, explica que la fruta se ablanda y pierde azúcar. Advierte que algunas fisuras pueden manifestarse durante el proceso o al llegar a destino.
Para evaluar el huerto, recomienda revisar raíces y suelo, desaguar donde haya anegamiento y medir grados Brix y firmeza, junto con color y calibre cerca de cosecha para decidir cuándo recolectarla. «Pero hoy día todo pasa por el suelo», enfatiza.
Su experiencia muestra por qué los kilos cosechados no bastan para calcular el ingreso: importa cuánto supera la selección. Astudillo cuenta que ya está enviando parte de los descartes de exportación al mercado interno, según su condición.
65 POR CIENTO era el rango exportable de un productor de Ovalle. Hoy es de 45%.


