Influencer Yaya Abuela: «Me encanta esto de hacer videos, me revitaliza»

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María Victoria Illanes fue distinguida como una de las 100 líderes mayores

Quedó cesante a los 82 años. Preocupada por su estado anímico, su hija menor la empezó a grabar y le creó una cuenta en Instagram.

El 28 de julio de 2025, María Verónica Illanes Campos (84 años) inauguró su cuenta @yayaabuela en Instagram con un video presentándose. «No sé qué se les ocurrió a estas niñitas. Quieren que sea influencer y yo no sé qué significa eso», contó.
Un año y tres meses después, la Yaya tiene más de 143.000 seguidores. Su contenido es variado: desde consejos amorosos para las nuevas generaciones y recuerdos familiares con su marido Germán Riesco -fallecido hace 17 años- hasta datos para bordar -su gran pasión- y reflexiones sobre la felicidad y el rol de la mujer en la sociedad. Todo combinado con mucha espontaneidad y una dosis de humor.
Este martes fue premiada como una de las 100 líderes mayores, actividad organizada por Conecta Mayor UC y diario «El Mercurio». Fue distinguida en el área de artes y cultura junto a personalidades como la ex presidenta Michelle Bachelet, las ex ministras Helia Molina y Clarisa Hardy, los médicos Fernando Zegers y Walter Avdaloff y los actores Coca Rudolphy, Schlomit Baytelman y Patricio Achurra, entre otros muchos.  
«Primera vez que me premian. Estoy muy contenta», dice la influencer abuela, que se define como golosa, mala para hacer ejercicios y deporte -«siempre digo mañana empiezo y no lo hago nunca, jajajá»- y buena para las manualidades.
El origen
Casi sin quererlo, Josefina Riesco, la menor de sus cinco hijos, convirtió a María Victoria en influencer. «Mi mamá trabajó toda la vida. Era corredora de seguros. Hace dos años dejó de trabajar y le dio como un apagón. Pensé grabar videos suyos para después mostrárselos a mis hijos. Pero el día que prendí la cámara vi que su cara brillaba y descubrí que había una artista oculta», afirma.
María Victoria concuerda: «Estaba acostumbrada a moverme, ir a todas partes, tener mis clientes. Pero se me empezaron a morir y me quedé sin trabajo. Sentí que me estaba apagando. Mis hijos y nietos me prohibieron manejar porque ya estoy vieja. Estaba muy aburrida. Y esto de hacer videos me encanta. Me revitaliza. Voy al supermercado y la gente me reconoce. Son todos muy dijes. De una pastelería me mandan tortas de regalo. Lo paso regio. Con decirte que recuperé mi auto y volví a manejar».
El contenido generado es espontáneo, asegura. Su hija, una de sus nietas y una hermana se turnan para grabarla. «De repente estamos conversando y ellas me graban. Para mí no es ningún sacrificio. Encuentro genial que a la gente le interese seguirme y que me manden mensajes. El otro día me invitó la ministra de Desarrollo Social (María Jesús Wulf) que me fuera a tomar un café con ella. Nunca me había convidado una ministra. Todo eso es gracias a las redes sociales. Por eso me gusta estar aquí. Para mí es un nuevo aire», asegura.
Los mensajes
El día del aluvión en Las Condes, María Victoria no estaba en su casa. Cuando intentó regresar no pudo. Aunque el barro no entró a su hogar, era tanto lo que había en la calle que era imposible entrar. Alojó dos días en la casa de su hija. Su mayor preocupación era su gallina.
«Mira, no sé qué me dio por tener una gallina, pero lo paso muy bien. A veces se esconde y la tengo que salir a buscar. Me escriben un montón, dándome consejos de cómo criarla», relata.  
La cuenta se la maneja su hija y ella responde los mensajes, previa consulta con su madre. «Es harta pega. Hay días que se acumulan dos mil mensajes internos. Es bien bonito lo que ella ha generado, pero es bien demandante también», explica Josefina.
En su Instagram sube harto contenido de su marido.
«Mi marido era el hombre más bueno del mundo. Y no lo digo porque murió hace 17 años.  Él siempre fue bueno. 
Duramos 46 años casados. Él era demasiado bueno. Yo soy insoportable. Mal genio y él siempre me apoyaba y ayudaba en todo. Incluso el día que se murió trataba que yo saliera de la casa para que no me diera cuenta. Así de amoroso. Nunca quería molestarme. Ya no existen ese tipo de maridos. La única razón por la que discutía conmigo era porque yo siempre salía atrasada a todas partes».

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