Dispara balas calibre .22 a una velocidad de 700 km/hr
Este tipo de artilugios se usan para actuar sobre seguro. Nadie reacciona si le apuntan con un lápiz, dice perito balístico de la PDI.
Quizás usted, querido lector, es muy joven, pero en tiempos antediluvianos, cuando sólo había dos o tres canales de televisión disponibles, daban una comedia con risas grabadas llamada el «Superagente 86», donde el protagonista, Maxwell Smart, un espía con cara de cualquier cosa menos de espía, combatía a CAOS, que eran los malos.
Uno de los segmentos más típicos de la serie era cuando a Smart le entregaban un artículo de uso diario que escondía una función letal: un chicle que servía como explosivo, un paraguas que disparaba balas, un reloj que lanzaba dardos envenenados… En fin, cualquier chifladura de la cual solo cabía reírse, porque era evidente que todo eso era parte de un absurdo irreal e imposible. Qué ingenuo el mundo de aquel entonces.
LapizTola
En un procedimiento efectuado por la Brigada Antinarcóticos Metropolitana de la PDI, se desarticuló una banda de traficantes que portaba 117 kilos de droga. Se les incautó además lo típico que se les incauta a los narcos: pesas, dinero en efectivo, armamento, munición, etc. Pero entre medio, los detectives se toparon con una rareza: un lápiz que tenía toda la apariencia de un lápiz, pero que no era un lápiz. Tuvo que venir un perito balístico para explica lo que era en realidad.
«El lápiz es un tipo de arma de fuego que se le conoce con el nombre de arma de fantasía», explica la perito balístico de la PDI, Ximena González. «Son armas de fabricación artesanal que esconden su verdadero propósito a través de una apariencia inofensiva. Es un arma artesanal como el arma hechiza, con la diferencia de que el arma hechiza no esconde su uso letal: la persona amenazada sabe que es un arma de fuego. Por lo mismo, este tipo de artilugios se usan para actuar sobre seguro, porque no le da posibilidad a la víctima para reaccionar ante la amenaza. Nadie reacciona si le apuntan con un lápiz».
González explica que este lápiz-pistola (o LapizTola si se quiere) aún no es peritado, pero está claro que contiene los elementos fundamentales de un arma de fuego.
«Consta de dos partes: una parte es el cañón recámara, que es un tubo, con ambos extremos libres, que es por donde se inserta el cartucho. La otra parte se le denomina conjunto de los mecanismos, donde un extremo es abierto y el otro cerrado. En el extremo cerrado es donde se encuentra la aguja percutora. Ambas partes se ensamblan herméticamente atornillándose».
La pistola se dispara moviendo hacia atrás una pequeña palanca que está enganchada a un resorte y que se suelta, como en las ballestas, apretando el botoncito que simula ser el botón de los lápices pasta para que salga la punta. Esto provoca que la aguja percutora, que en estas versiones artesanales suele ser un simple clavo, impacte la bala activando el proceso de disparo.
LapizTola es de material metálico y usa balas de calibre .22. «El material de esta arma no tiene la resistencia necesaria para generar disparos consecutivos. No son resistentes a las altas presiones y a las altas temperaturas que se generan cuando se opera un armamento automático. Por lo mismo, solo puede contener un cartucho a la vez por disparo. A este funcionamiento se le denomina de carga única», explica la perito.
Al ser de calibre .22, el proyectil contiene poca pólvora, pero lo suficiente para ser letal. «La bala sale disparada a 200 metros por segundo que equivale a unos 700 kilómetros por hora», dice González. «Pero por la característica del cañón, que es liso y no estriado, lo que aumenta las desviaciones de la bala, y por el bajo calibre de la munición, el alcance efectivo de esta arma, que significa apuntar y dar en el blanco, no van más allá de 20 metros. Es decir, esta arma solo se puede usar a corta distancia».
No es la primera vez que a los peritos de la PDI les llegan armas de este tipo. «En marzo de este año nos llegó un arma de fantasía que era un control remoto de estacionamiento unida a una argolla de llavero», dice la perito González. «También nos han llegado paraguas y bastones que disparan, que son más frecuentes».


