Una publicación en Instagram revivió la vieja creencia
En 1994 y 1995 se habló de una supuesta plaga en la comuna. Investigadores explican por qué estos relatos siguen traspasando generaciones.
Pamela Galán (39), conocida en Instagram como la Microteje (@microteje), llevaba años acordándose de una historia que la inquietaba desde niña. Cuando visitaba a su abuela, que vivía en Macul, escuchaba hablar de una supuesta plaga de duendes que habría ocurrido en la comuna en 1994 y 1995. En agosto pasado decidió agarrar el celular y preguntar si alguien más se acordaba.
«Quería ver si quizás era como el típico efecto Mandela, si me lo había inventado o me lo habían dicho para que me comiera la comida. Y terminó siendo que muchas personas se acordaban», cuenta.
Y no fueron pocos. El posteo se llenó de historias de personas que decían haber escuchado el relato de sus padres o abuelos y también de otras que aseguraban haber vivido experiencias propias. Una mujer contó que en su familia todavía conservan a Fermín, un duende que habría llegado a la casa de su abuela en 1984. Otra recordó a los llamados duendes peluqueros, a los que se atribuían misteriosas trenzas que aparecían en el pelo. También hubo relatos de objetos que desaparecían o cambiaban de lugar.
«Varias personas tenían experiencias bastante cercanas con duendes», dice Galán. Para ella, el fenómeno tiene también algo de nostalgia por los años 90. «Siento que está arraigado en la cultura chilena de esa época. Fue también el volver a la democracia, como empezar a creer en cosas que quieres creer», reflexiona.
El más repetido
El escritor Francisco Ortega no se sorprende de que hayan reaparecido tantas historias. «Pasa algo raro con los duendes. Debe ser el tipo de entidad entre mitológica y paranormal que más se repite en Chile. Estamos llenos de historias de gente que dice haber visto duendes en todas partes», señala. Menciona relatos en los faldeos del cerro San Cristóbal, alrededor de la Torre Santa María y en antiguas galerías del centro. «Sean reales, sean falsas, sean producto de la imaginación, son parte del imaginario colectivo, de la identidad chilena».
Benjamín Franzani, doctor en Literatura y académico del Instituto de Literatura de la Universidad de los Andes, explica que estos relatos se «hunden» en la oralidad y se transmiten entre generaciones. Seres como hadas y duendes aparecen en antiguas tradiciones célticas y germánicas, aunque no necesariamente con apariencia de seres pequeños.
«El mundo de lo mágico, de lo invisible, de voluntades que explican el azar o los accidentes sigue siendo una forma atractiva de explicar lo que no comprendemos», afirma. Y agrega: «Una vez que se difunde la explicación mítica de algún hecho extraño, es más fácil que las personas relacionen su propia experiencia con esa leyenda, en lugar de inventar una nueva».
Javier Oyarzún, de Patrimonio Místico, también creció escuchando sobre los duendes de Macul, donde vive su abuela. «Se comentaba dentro de la comuna que había sucesos extraños en esos lugares», asegura.
Bernardo, de La Maleta de los Duendes, lleva diez años fabricando estas figuras junto a su esposa y las vende en el Cajón del Maipo. «Algunos las compran como decoración y otros como amuletos de protección. El duende se asocia al cuidado de la naturaleza», explica.


