Oficial norteamericano de un F15 cuenta su increíble rescate en Irán 50 horas después de ser derribado

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Se quebró hombro, brazo y espalda y debió esperar días antes de que llegara la ayuda

Luego de eyectarse, el paracaídas le falló: Cuando levanté la vista y no vi el paracaídas, sentí el mayor terror de mi vida, dijo.

«Mi paracaídas resultó dañado en el ataque inicial. En un momento, cuando levanté la vista y no vi el paracaídas, sentí el mayor terror de mi vida. Me detuve, en ese momento y recé. Señor, hágase tu voluntad. Pero si voy a superar esto, necesito ayuda».
La descripción es de parte de la caída de uno de los oficiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos cuyo caza F-15E biplaza fue alcanzado por un misil el 2 de abril pasado, cinco semanas después del inicio de la guerra con Irán.
Llamado «Bravo», por un tema de seguridad, el oficial se eyectó junto a su piloto, «Alpha». El oficial dio una entrevista exclusiva a la Cadena CBS News donde detalló la misión, luego que Estados Unidos desclasificara nuevos videos sobre la misión (https://s.lun.com/cbezwz).
Quizás si la parte más dramática de su relato es el momento en que cae sobre territorio iraní. «Caída libre es una buena forma de decirlo. No estaba concentrado en la velocidad a la que caía. En cambio, me centraba en intentar corregir los problemas que tenía delante y en hacer todo lo posible para desplegar o soltar trozos del paracaídas», relató a CBS News.
Según contó, su viaje a tierra fue a una velocidad que iba entre los 112 y 160 km/h. «La caída rompió la espalda de Bravo. También sufrió una fractura en el brazo y hombro, un esguince en el tobillo y sangramientos por cortes y rasguños en la cabeza y la cara», señaló CBS News.
«Tuve lesiones, pero todos entrenamos para adaptarnos y superar las dificultades que enfrentamos. Me moví tan rápido como pude, a pesar de las heridas, alejándome del lugar donde aterricé».

Lo que vino después fue una de las operaciones de rescate más complejas que ha tenido la Fuerza Aérea de EE.UU.

El lugar de caída fue una zona montañosa al sur de la ciudad de Isfahán, en el centro de Irán, a unos 340 km al sur de Teherán, la capital; la zona combina valles desérticos de altura con acantilados escarpados. Cerca de ahí, Irán concentra su capacidad nuclear, pero según contó el almirante Brad Cooper, comandante estadounidense al mando de la guerra, la misión de «Bravo y Alpha» era realizar un ataque a instalaciones industriales de drones y misiles. «Los oficiales volaban en un caza de US$30 millones, el que fue derribado por un misil antiaéreo portátil (hombro) iraní, de unos 100.000 dólares, señaló CBS News.
Los hombres cayeron en distintos lugares, separados por una distancia de 8 kilómetros. «Alpha» aterrizó sin problemas y fue rescatado unas seis horas después del derribo, en una operación diurna riesgosa con 21 aeronaves y helicópteros que recibieron fuego enemigo durante la ida y la vuelta.
Lo más complejo fue el rescate de «Bravo». Rápidamente y pese a sus lesiones, subió a una cresta de 2.100 metros que le permitió esconderse de las milicias iraníes que comenzaron a buscarlo.
El almirante Cooper contó cuando recibieron el primer mensaje de «Bravo»: «Estoy herido, me muevo y Dios es bueno». «Ahora sabíamos que estaba vivo. Se está moviendo. Vale, sigamos planificando el rescato», dijo el almirante.
Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, reconoció lo difícil que fue postergar la operación. «Íbamos a ir viernes (3 de abril) por la noche primero, pero no cuadraba. Nunca olvidaré estar en la sala de situaciones diciendo, bueno, vamos a extender 24 horas, lo que significaba que «Bravo» iba a estar ahí afuera 24 horas más», relató a CBS News.
Eso obligó al oficial a resistir casi un día completo, prácticamente sin agua ni comida, expuesto al frío y al viento del desierto. En ese tramo, según contó el citado medio, la CIA jugó un rol clave al distraer a las fuerzas iraníes y desplegar tecnología de inteligencia para precisar su ubicación. Antes de ir por él, bombarderos y drones estadounidenses atacaron posiciones cercanas de la Guardia Revolucionaria para despejar el camino.
Casi dos días después de la caída del avión, Estados Unidos lanzó la segunda fase del rescate, con unos 92 efectivos especiales en tierra, apoyados por cientos de aeronaves y hasta 5.000 personas más en tareas de respaldo, la primera vez en 46 años que fuerzas estadounidenses pisaban suelo iraní.
El operativo aterrizó en dos grandes aviones sobre una pista improvisada, desde donde desplegaron pequeños helicópteros «Little Bird» para llegar hasta la cresta donde esperaba Bravo. Dos operadores de rescate de la Fuerza Aérea, conocidos como PJs (rescatistas en paracaídas), llegaron hasta él. «El momento en que un PJ apareció frente a mí en esa cresta fue uno de los más grandes de mi vida», dijo Bravo. Cuando le preguntaron qué les respondió, fue escueto: «Vamos».
El tren de aterrizaje de los aviones quedó atascado en la arena, por lo que se necesitó una unidad clandestina adicional para sacar a Bravo y a los más de 90 operadores especiales fuera de Irán. Las aeronaves varadas fueron destruidas por las propias fuerzas estadounidenses para que su tecnología no cayera en manos iraníes.

Cincuenta horas después de ser derribado, Bravo fue rescatado al amanecer del Domingo de Pascua. En Estados Unidos, su esposa esperaba la llamada que confirmara que estaba a salvo. Alpha, que ya volvió a volar para la Fuerza Aérea, declinó dar entrevistas por seguridad, pero expresó su gratitud hacia quienes ejecutaron ambos rescates.

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