Su amigo Carlos Flores recuerda al director de La batalla de Chile quien falleció en París a los 85 años
Cercanos destacan sus creativas conversaciones al lote y su miedo a los temblores.
Desde París llegó una noticia triste. Patricio Guzmán, el documentalista chileno más conocido en el mundo, murió de un paro cardiorrespiratorio en Francia, a los 85 años de edad. Afincado por décadas en Europa, su obra más reconocida es la trilogía «La batalla de Chile», considerado ampliamente como uno de los mejores documentales de la historia, que relata la agitación del último periodo de la Unidad Popular y los sucesos que apuraron el golpe de Estado de septiembre de 1973.
«Es una coincidencia feroz que falleciera en septiembre», reflexiona Carlos Flores, también realizador y amigo por décadas de Guzmán, en referencia a un mes de fuertes emociones para el país.
Flores define al director como una persona «entusiasta, un gran amigo y un maestro» que solía ser muy sistemático a la hora de organizar eventos. «Nos encantaba hablar, gozar de la improvisación, irnos por las ramas. De esa conversación al lote, sin pretensiones, saltaba un dato, ideas nuevas», relata.
Por 13 años, Alexandra Galvis colaboró con la producción de los filmes de Guzmán. «Su principal amor fue Chile, pero vivía en Francia porque allá financiaban su trabajo. Por 50 años filmó sobre el país. Estaba muy enterado de lo que pasaba en Chile. Cuando venía a Santiago visitaba el (restaurante) Mesón Nerudiano, amaba el manjar y no había día en que no dijera que era hora de un pisco sour».
Agrega: «Lo único no chileno es que le tenía un miedo enorme a los terremotos. Cuando presentamos la película El Botón de Nácar en Valparaíso, hubo un temblor fuerte y él salió corriendo. Cuando volvíamos a Santiago en auto, pidió parar en la carretera por una urgencia. Dijo que era urgente ver las estrellas. Y se quedó mirándolas por largos minutos»
Carlos Núñez, director del Sanfic, invitó a Guzmán a la versión 2022 donde le fue entregado un reconocimiento a su trayectoria. «Era un hombre muy culto, creativo, que se interesaba por las opiniones de gente joven y pensaba siempre en Chile. Le llamaba la atención la idiosincrasia de los chilenos, además de nuestra cocina», relata.
¿Qué platos le gustaban?
«Él trataba de encontrar comida chilena y hablaba del pastel de choclo».
En su memoria, Marcelo Morales atesora una tarde primaveral en que compartió varias horas con Guzmán. A cargo de la Cineteca Nacional, Morales valora enormemente el trabajo del director y lo acompañó aquella jornada mientras el realizador preparaba uno de sus últimos filmes en Santiago.
«Me había llegado el comentario de que era una persona dura, poco abierta al diálogo. Cargando con ese prejuicio, me sorprendí al encontrarme a un hombre cálido y abierto. Por esos días estaba muy feliz pues vio un Chile que se reencontraba con su historia», cuenta.


