Manuel Orellana hizo la petición ante la Inapi para la categoría de marketing, influencer y embajador de marcas
Hubo muy buena disposición y mucho feeling, dice René Máximo, dueño de taller MaxCar, quien contrató sus servicios.
Durante varios días, Chile siguió con atención la historia de Manuel Orellana, el hombre que quedó atrapado por la nieve en la cordillera del Cajón del Maipo junto a dos educadoras de párvulos, conocidas por todos como «las tías del jardín». Mientras los equipos de rescate esperaban una ventana de buen tiempo para llegar hasta ellos, las redes sociales hicieron lo suyo. Aparecieron memes, bromas y un personaje que rápidamente dejó de llamarse Manuel Orellana para convertirse simplemente en El Chino.
Cuando finalmente el helicóptero logró rescatarlos, el apodo del personaje ya era muy popular. La entrevista en Canal 13 consolidó su estrellato y comenzaron a aparecer los primeros emprendimientos interesados en asociar sus productos a la historia que había captado la atención del país.
Ahora es el propio Manuel Orellana quien busca sacar provecho de esa notoriedad tras presentar ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi) una petición para registrar la marca El Chino. El expediente quedó ingresado bajo la solicitud número 1682367 y corresponde a la clase 35, destinada a servicios de publicidad, marketing, promoción comercial, administración de marcas, embajadores de marca y otras actividades similares. El trámite fue realizado por internet y contempló el pago de $71.649.
La categoría escogida no busca proteger un producto, sino el uso comercial del nombre para prestar servicios vinculados a la publicidad y el marketing. Mientras el trámite sigue su curso, Orellana ya comenzó a dar sus primeros pasos en esa dirección. En su cuenta de Instagram, @chino.orellana donde se presenta como comerciante y emprendedor suma al menos cuatro colaboraciones con pequeños emprendimientos. Hay un taller mecánico (MaxCar), una empresa de venta de productos de barbería (Todo Barbero), un local que ofrece perfumes (Papi You), un restobar del barrio Bellavista (Liga Urbana) y la clínica dental Dentiglow.
«Encontramos divertida la historia, como quedó atrapado en un auto chino, se nos ocurrió hacer la historia por ese lado, pero finalmente fue con la idea hacer buena mantención a una camioneta 4×4 para no que no le pase lo que pasó», cuenta René Máximo, dueño del Maxcar, el taller mecánico de La Reina que viralizó un reel con El Chino.
Cuenta que lo contactaron por redes sociales y terminaron acordando un canje. El taller realizó una mantención mecánica, avaluada en unos $200.000. En el video, El Chino llega con su camioneta 4×4 para una revisión mecánica y, apelando al episodio que lo hizo famoso, comenta que quiere dejar el vehículo en buenas condiciones para no volver a quedar atrapado en la nieve ni tener que regresar en helicóptero. «Nosotros armamos el guión, pero él igual le puso su cosecha porque le gusta hablar mucho. Hubo muy buena disposición y mucho feeling», recuerda Máximo.
Marca e influencer
Hans von Marttens, director del estudio de abogados especializado en propiedad intelectual vonmarttens.cl, aclara que la solicitud presentada ante Inapi no significa que la marca existe legalmente. Precisa que primero Inapi debe revisar la solicitud, luego ordenará su publicación y abrirá un plazo de 30 días para que terceros presenten eventuales oposiciones. Si el proceso sigue su curso normal, la inscripción podría concretarse en alrededor de 4,6 meses, según los tiempos promedio del organismo (ver recuadro).
Von Marttens aclara que el derecho sobre la propia imagen es independiente del registro marcario y que cualquier persona puede reclamar si su imagen es utilizada con fines comerciales sin autorización.
Pero registrar una marca es sólo una parte de la historia. Transformar esa notoriedad en una carrera como creador de contenidos es un desafío mucho mayor.
Simón Durán, director de Notmedia, agencia especializada en influencer marketing, gestión de medios y producción de contenidos, cree que la solicitud es coherente con el momento que vive Orellana y que su popularidad puede abrir oportunidades comerciales, especialmente entre pequeños emprendimientos que buscan aprovechar la contingencia.
«Hoy está aprovechando una oportunidad porque se hizo famoso. Eso puede atraer a algunas marcas que quieran subirse al momento», explica. Sin embargo, advierte que eso no basta para consolidar una carrera. «Hoy esta industria está mucho más profesionalizada. Para construir una carrera como influencer se necesita consistencia, una línea editorial clara, generar comunidad y mantener contenidos de manera permanente. Esas son características que todavía no le hemos visto (a El Chino)», sostiene.
¿Qué podrá hacer si se queda con la marca?
Obtener el registro de El Chino no significa que Manuel Orellana pase a ser el único que pueda usar ese apodo. Lo que protege Inapi es el uso comercial del nombre dentro de la categoría para la que fue solicitado. En este caso, la inscripción corresponde a la clase 35, que incluye servicios como publicidad, marketing, promoción comercial, gestión de negocios y actividades de embajadores de marca. Si el registro es concedido, Orellana podrá autorizar el uso de El Chino para esos servicios o impedir que terceros lo utilicen con fines comerciales dentro de esa categoría.?
Eso no significa que nadie más pueda decirle El Chino o mencionarlo en una conversación, una noticia o en redes sociales. Tampoco le entrega automáticamente derechos sobre otras actividades comerciales. Si, por ejemplo, quisiera lanzar una línea de ropa, vender alimentos o comercializar perfumes con ese nombre, tendría que solicitar nuevos registros en las clases correspondientes, explica el especialista en propiedad intelectual Hans von Marttens.


