Sofía Shand comenzó cosiendo con la máquina de su madre y hoy tiene 108 productos
Crisalid fabrica ayudas técnicas a precios mucho menores que los importados. Entre sus clientes está la familia de Lucca, el niño cuya historia inspiró una película de Netflix.
Su verdadero nombre es Curry, como el condimento. Cuando llegó al jardín infantil de Sofía Shand, todos bromeaban con que era el condimento de sus vidas. Hasta que una pequeña compañera comenzó a llamarlo Currito. El apodo quedó para siempre. «Él vive todo el día muerto de la risa. Aquí puede caerse el techo y lo encuentra lo más gracioso que hay», cuenta Sofía (46), educadora de párvulos y fundadora de Crisalid, una empresa chilena que fabrica ayudas técnicas para personas con discapacidad.
Currito tiene 11 años y presenta una discapacidad física y cognitiva severa, además de epilepsia refractaria. «En su cerebro hay infartos cerebrales múltiples. La verdad es que ya son incontables», cuenta Sofía. Sus vidas se unieron cuando ella participó en un voluntariado en el hogar La Paz, de las Misioneras de la Caridad, en Estación Central. Allí conoció al pequeño, hijo de una inmigrante haitiana que, pese a quererlo profundamente, no tenía los medios para atender sus complejas necesidades médicas.
El niño lloraba sin parar. Un día, una religiosa le pidió que lo llevara al pediatra. «Tan solo lo tomé en brazos y dejó de llorar. Empezó a sonreír. Fue impresionante la conexión», recuerda Shand.
Primero lo becaron en La Pradera de Asís, el jardín infantil inclusivo que Sofía mantuvo durante 18 años en Maipú. Después comenzaron a cuidarlo los fines de semana. Hasta que descubrieron que sufría numerosas convulsiones nocturnas. Solicitaron su cuidado personal a tribunales cuando tenía dos años y medio. Hoy es parte de una familia donde también tiene dos hermanas.
Pero Currito necesitaba algo más. No podía sostener la cabeza ni el tronco y las ayudas técnicas disponibles no lograban mantenerlo en una posición adecuada. Hace cinco años, Sofía decidió buscar una solución por su cuenta.
«Yo había bordado y tejido toda mi vida, pero nunca había cosido. Saqué una máquina de mi mamá y empecé a hacerle cosas para posicionarlo. Después le hice un arnés para pararlo, porque se suponía que nunca iba a caminar».
Su inventiva no se detuvo. Diseñó un andador que sostiene el cuerpo completo y permite ejercitar la marcha incluso a niños con movilidad muy reducida. «Nuestro hijito ya camina en un carro que le hicimos. Contra todo pronóstico», relata.
El emprendimiento surgió durante la pandemia, cuando la directora de un hogar del Pequeño Cottolengo le preguntó dónde compraba los implementos que utilizaba con Currito. Sofía respondió que los fabricaba ella misma. Le encargaron productos para otros niños y comenzaron a llegar nuevos pedidos.
Así nació Crisalid, que hoy ofrece 108 productos, entre ellos andadores, posicionadores, arneses y prendas de control postural. Cerca del 70% de sus ventas corresponde a confecciones personalizadas.
Uno de sus sellos son los precios. El andador que diseñó para Currito cuesta $380.000, mientras que, según Sofía, alternativas importadas comparables parten en $4 millones. Un arnés para caminar cuesta $160.000, o $275.000 con sujeción para un adulto. Su posicionador vale $380.000.
«Cuando uno tiene un niño con discapacidad, todo lo que necesita comprar vale millones. El desafío era hacer productos de excelente calidad, pero a precios accesibles», explica.
La empresa funciona en la parcela familiar de Maipú, donde antes estaba el jardín infantil. Su marido, profesor, dejó las aulas para encargarse de la administración y las ventas.
Un cliente famoso
Uno de los hitos de Crisalid llegó cuando Bárbara Anderson, periodista argentina radicada en México, contactó a Sofía para encargarle un posicionador para su hijo Lucca, cuya historia inspiró la película «Los dos hemisferios de Lucca», estrenada en Netflix. El niño tiene una discapacidad neurológica severa y su familia había probado numerosos dispositivos importados sin conseguir que mantuviera una postura adecuada.
«Un sábado me escribió Bárbara y pensé que alguien me estaba haciendo una broma. Me contó que había probado todos los sittings de Europa y Estados Unidos y que ninguno le funcionaba a su hijo», recuerda.
Sofía diseñó un posicionador especial que envió a México. Según cuenta, el resultado fue extraordinario: logró mantener a Lucca alineado y contenido, pese a sus movimientos involuntarios. «Habían comprado de todo y nada funcionaba. Hicimos un diseño especial para él y nunca más se le fue hacia un lado», asegura.
Crisalid también vende en Argentina, Colombia y Perú, entre otros mercados, y está en proceso de convertirse en proveedora de Teletón. Sofía reconoce que jamás imaginó dedicarse a vender. «Yo decía: nunca he vendido nada, que alguien lo venda por mí. Yo soy educadora, ¿qué quieren que cobre?».
Hoy Sofía recibe videos de niños que comienzan a moverse o caminar gracias a sus creaciones. «Cuando mejoras la calidad de vida de un niño, mejoras la de todos», asegura. Y todo comenzó con Curry, el pequeño que llegó a condimentar la vida de su familia y terminó dándole sabor a la de muchas otras.





