José Manuel Cerda y Sergio Rojas se están pegando.
Nuevamente estoy en el centro del huracán. Como siempre, de refilón. Como cuando, guardando las proporciones, se agarraron Tonka y Raquel. Ahora los contendores son Sergio Rojas y José Manuel «Cuco» Cerda.
Todo parte con una columna reciente de un servidor en la que se alababa lo atildado de la expresión verbal de Cuco en «Noche de suerte», trasnoche de TV+, y el aplomo con que se enfrenta a la cámara, pese a estar haciendo sus primeras armas en televisión (estuvo en «El fenómeno» de Canal 13, pero allí no habló mucho).
Luego de eso, en unos dimes y diretes con Sergio Rojas de «Que te lo digo» a través de sus respectivas pantallas, Cerda se jactó de las loas que le dispensó este pechito. Rojas contraatacó diciendo que Claudia Schmitd, compañera de panel de Cuco, le había soplado que él se desenvuelve tan bien en las arenas de la oratoria porque se apoyaría en el Chat GPT.
¡Qué le han dicho a Daniela Aránguiz (pareja de Cerda)! En medio de una fiesta de matrimonio va y sube un video en que plantea que a Sergio lo carcome la envidia por las cariñosas líneas del viejo Larry hacia su media naranja.
Ha llegado el momento de meter la cuchara y tengo dos caminos: 1.- Desdecirme del respaldo brindado a Cuco y alegar que he sido engañado. 2.- Reafirmar mis palabras y bajarle el perfil a lo de Sergio. Un microsegundo me demoré en escoger la segunda vía. Miento: dos.
Estimado Sergio, tu denuncia no deja de parecerme absurda. Tanto como si a principios de los 70, cuando comenzó a comercializarse la calculadora portátil, un matemático «acusara» a otro de utilizar ese invento para resolver sus ecuaciones. Entiendo que los avances tecnológicos se crean para usarse.
Con mi querida amiga Coty Salazar siempre hablamos de esto; una cosa es emplear el chat GPT y otra, muuuy diferente, es hacerlo bien, sacarle el máximo provecho.
Para agotar mi cuota de infidencias de este año, les cuento que cuando todos los matinales están en comerciales juego ajedrez online. Muchos de mis adversarios, al notar la rapidez y sobre todo la abrumadora solidez estratégica de mis movimientos, luego de perder me acusan de usar algún programa. No lo uso, pero me lo tomo como un gran halago.
Cuco debería hacer lo mismo: habla tan bien que ya se tejen teorías acerca de cómo se apoyaría en la inteligencia artificial para generar su admirable labia, más propia de un académico, de un charlista TED y hasta de un político (de los antiguos sí) que de un chico que chismorrea sobre celebridades.


