Maritza Temple, voluntaria: «Entras en un mundo diferente donde, lo menos que uno puede hacer, es sonreír»

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La historia de la diseñadora industrial que viaja desde San Esteban a Santiago para ayudar

Hace cuatro años se sumó al instituto. Colabora en los talleres de teatro donde participan los niños. Dice que es el monito mayor.

Todos los jueves Maritza Temple (57 años) sale de su casa, en San Esteban -ubicado al norte de Los Andes-, a las 7:30 de la mañana y maneja su auto hasta el Instituto Teletón, donde oficialmente termina su jornada a las 17:30 horas. Aunque ella siempre busca una excusa para quedarse. «Si pudiera ir todos los días, lo haría feliz», dice.

Maritza es diseñadora industrial, actualmente dueña de casa, madre de cuatro hijos y desde 2022 voluntaria de la Teletón. Trabaja en dos programas: Teletón Invita, donde colabora con el equipo de difusión, haciendo visitas guiadas al instituto; y en Teletón Servicio, donde participa en el taller de teatro infantil, apoyando tanto en la actuación como en la confección de vestuario.

«Los voluntarios prestamos nuestras manos y servicios para hacer que la tarea de los profesionales sea más eficiente. Además, apoyamos las distintas áreas que tiene Teletón», explica Maritza, quien es una de las 6.738 voluntarios de la institución a nivel nacional.

En el taller de teatro cuenta que hace el papel del «monito mayor», apoyando al profesor en las indicaciones. Explica que en la actualidad participan ocho pacientes.

«El teatro tiene que ver mucho con la socialización, la expresión y la capacidad de darse a conocer de los chicos. Muchas veces su condición de discapacidad les juega un poco en contra en materia de seguridad, por ejemplo. He tenido chicos que llegan y no se atreven a hablar. Pero después de un año ya no hay cómo callarlos porque se empiezan a sentir seguros de sí mismos», detalla.

¿Cómo es eso de ser el monito mayor?

«En el taller se trabaja en distintas áreas, desde cómo vocalizar, cómo representar personajes. De repente salen a colación cosas de su vida que quieren contar, que quieren expresar y se trabaja mediante ejercitación e improvisación. Al final se construye un relato entre todos y se hace una representación a fin de año para los papás. Yo soy un niño más. Si el profesor dice vamos a levantar los brazos como la tía, yo los levanto. Vamos a sentarnos en el suelo, yo me siento. Si alguien necesita ir al baño, lo acompaño, lo espero afuera del baño y lo traigo de vuelta a la sala. Como voluntaria, el taller también te hace crecer, porque tienes que expresarte delante de todos, gritar tu nombre a todo pulmón y eso ayuda a soltarse un poco».

Cuando sus hijos eran chicos, Maritza tenía un taller de costura en su casa. Ya no trabaja oficialmente en eso, pero sigue confeccionando disfraces y trajes de cosplayer para ella y su hija. Todos ligados a «Star wars». En redes sociales es conocida como @mama_increible.cosplay y tiene otra cuenta @los_musicos.cl.

Sus presentaciones también incluyen actos benéficos y visitas a hospitales. «Siempre estuve metida en voluntariado. En San Esteban trabajé siete años con un club de adulto mayor. Siempre sentí que si uno puede hacer algo para que otro tenga una mejor vida hay que hacerlo. Esa es mi premisa de vida. Cuando yo me casé y me fui a Antofagasta el año 96, trabajé en una universidad haciendo clases. Esa universidad tenía un proyecto con Teletón Antofagasta y así conocí más de la fundación. Quedé con las ganas de seguir ayudando a los niños. Cuando apareció el anuncio en 2022 que necesitaban voluntarios postulé altiro, pero con mucha vergüenza».

¿Por qué?

«Porque siempre veía que los comerciales mostraban que eran chicos muy jóvenes, de la edad de mis hijos. No le conté a nadie y postulé para callado. Me inventé un viaje a Santiago, pasé la entrevista grupal y cuando pasé la entrevista personal, recién ahí le conté al resto de mi gente. Para mí es maravilloso poder ser parte de Teletón. Uno puede llegar como araña fumigada, pero entras en mundo diferente donde, lo menos que uno puede hacer, es sonreír. Hay gente que me dice cómo vas para allá si uno ve que es pura tristeza, pero no es cierto».

¿Qué es lo que más le llama la atención?

«Hay algo especial desde el aroma que sientes al entrar. Todo el mundo tira como con fuerza hacia arriba. Las mismas mamás. De repente, uno dice, Chuta, yo con esto estaría en el suelo, y la mamá te dice: Hola tía, ¿cómo estás? Mira, aquí vengo con el niño. Entonces, pienso que lo menos que puedo hacer es aportar con el alma todo lo que puedo. En el taller de teatro hay una mamá que tiene dos chicos en situación de discapacidad. Yo no sé de dónde saca esa fuerza, porque no es fácil. Además, me di cuenta que en Teletón, la rehabilitación no es solo física».

¿A qué se refiere?

«Porque yo puedo ayudar a los niños a aprender a caminar, pero resulta que si, además, me preocupo que su mamá esté feliz, estoy haciendo un trabajo completo. En la Teletón se preocupan de entregar todas las herramientas posibles, apoyo psicológico, social. Es un lugar donde le importas a la gente».

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