Tres actores jugando a hacer tele

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50 ¿Y qué? de TV+ confirma lo difícil de este medio.

Este 6 de octubre partió en TV+ «50 ¿Y qué?», programa en que se habla de la vida y se cocina. Es conducido por los actores Rodrigo Soto, Ricardo Fernández y César Sepúlveda. Va martes y jueves a las 23.30 horas.

En esta aventura uno de los grandes pecados de estos muchachos es que, en su comprensible afán para que la charla transcurra de manera natural, dan forma a algo muy lejano a un producto televisivo, que es lo menos natural del mundo.

Si se fijan, la TV está llena de situaciones que sólo ocurren en TV. «¡Que venga la modelo!» «¡Antes de decir quienes pasan a la zona de riesgo vamos a una pausa comercial!».

Esas frases no se escuchan en los bares ni en la feria ni en el Metro. La televisión es el reino de lo irreal. Un ejemplo: en todas partes se está hablando de las AFPs… menos en la televisión.

Hilando más fino en el diagnóstico, estos tres amigos no aplican mucha capacidad de síntesis, por lo que el programa se vuelve lento.

Sepúlveda (que hoy en la teleserie «Prohibida obsesión» de Mega interpreta a Pablo Achondo, un viudo flechado por Cupido), uno de estos días se tomó casi 14 minutos para contar una anécdota que vivió en un motel y que ni siquiera era tan graciosa.

Estos cracks deben entender que hay códigos diferentes según cada medio o plataforma. Un ejemplo. Los mismos tres segundos de silencio que en un teatro o una sala de cine pueden llegar a ser pasajes sublimes, en la radio están absolutamente prohibidos. ¿Por qué? Porque el ansiosito del dial pasa de largo, pues.

Del mismo modo, una historia que se extienda por 14 minutos y que en las tablas o una película puede valer oro, en la TV es una total aberración.

Por otra parte, la falta de expertise ha generado situaciones divertidas en «50 ¿Y qué?». Por ejemplo, cuando hablaban de los golpes como acelerante de deseo sexual, Fernández soltó: «A mí una vez me pegaron un charchazo, lo que me cayó muy mal. Me tiraron el pelo fuerte. ¿Tu creí que con esta h… me voy a excitar? ¡Olvídate!»

Entonces intervino Sepúlveda, que al parecer estaba un pichintún distraído, y reveló que él también recibió un «cariñito» similar, de parte de una pareja. Lo genial vino cuando complementó diciendo: «Una vez una polola me pegó, un charchazo. Estábamos discutiendo». ¡Enchúfate, niño!

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