Guillermo Cáceres Garrido, sicólogo deportivo, explica el duro momento del arquero de Colo Colo
Ahora salgo, voy a un restaurante y siempre hay alguien que quiere sacarse una foto conmigo o pedirme un autógrafo. O, peor aún, alguien me graba, confesó el portero a The Observer.
«He perdido mi paz y tranquilidad. Ahora salgo, voy a un restaurante y siempre hay alguien que quiere sacarse una foto conmigo o pedirme un autógrafo. O, peor aún, alguien me graba. Eso es lo que más ha cambiado en mi vida y no creo que pueda hacer nada al respecto». Así describió Josimar Évora Dias, más conocido como Vozinha, el costo de la fama en una entrevista con el diario británico The Observer. El arquero de Colo Colo contó que extraña la vida que llevaba antes de convertirse en figura del Mundial con la selección de Cabo Verde.
Antes del debut ante España, el guardameta tenía 56.000 seguidores en Instagram. Después del empate 0-0, en el que realizó siete atajadas contra la selección que luego fue campeona del mundo, superó el millón. Hoy tiene 28.000.000 de seguidores. «Mucha gente quiere ser famosa y tener un perfil público, pero solo ve el lado positivo de esa realidad. Para ser sincero, si tuviera que elegir entre la vida que tengo hoy y la que tenía antes, elegiría la de antes», aseguró.
Vozinha también relató que se enteró del salto en seguidores de una manera inesperada: «Un miembro del equipo de catering se me acercó y me dijo que tenía mil millones de seguidores. No tenía ni idea de a qué se refería; pensé que estaba bromeando, pero insistió. Más tarde fui a hacer unas entrevistas en la zona mixta y una periodista de CazéTV me preguntó si sabía lo que estaba pasando. Me mostró su teléfono y entonces vi que tenía más de un millón de seguidores».
La exposición le trajo, además, propuestas comerciales. «Sé que durante el Mundial hubo muchas empresas y marcas que querían colaborar conmigo, pero mientras competíamos solo hice una colaboración promocional, con el videojuego UFL Mobile. No sé qué ofertas podrían llegar en el futuro, pero por ahora no quiero trabajar con marcas de tabaco, alcohol o apuestas», contó.
Guillermo Cáceres Garrido, sicólogo deportivo del IND especialista en sicología del deporte y rendimiento humano, plantea que las declaraciones no deben leerse automáticamente como señal de una dificultad sicológica. «Él está describiendo lo que le está pasando y la novedad con la que se está encontrando», dice. Aunque Vozinha tiene 40 años y es un futbolista experimentado, añade Cáceres, la edad y la madurez no garantizan que tenga herramientas para enfrentar una situación que no había vivido antes.
Para Cáceres, la pérdida de privacidad también implica perder control sobre lo que ocurre en la vida cotidiana. «Pasa de ser un futbolista que, si bien podía ser conocido en los lugares donde jugó, a una sobreexposición importantísima. Vozinha perdio el control de su rutina». Ahora, explica, no sabe qué encontrará al salir: si le pedirán fotos, intentarán conversar con él o se acercará un grupo de personas. Esa incertidumbre puede producir hipervigilancia y una sobrecarga sicológica.
El cambio puede alcanzar la concentración y el rendimiento. «Ya no se tiene que solamente preocupar de ser un buen arquero y de su familia, sino también de la imagen que da, de lo que puede o no puede subir en las redes sociales, de lo que dice y de lo que habla con la prensa», sostiene el especialista. La exposición, añade, hace que cada acción tenga mayor repercusión: un error que antes podía pasar inadvertido podría convertirse en noticia internacional.
El sicólogo también advierte que esa atención constante podría tensionar la identidad personal del futbolista. «Eventualmente, podría tener dudas sobre su identidad: ¿quién soy como hombre, como jugador, como arquero? ¿Soy Vozinha o soy el personaje de Vozinha que se formó a nivel mundial?». Para los arqueros, agrega, la amplificación puede ser especialmente intensa, porque sus errores suelen notarse más.
Otro efecto posible es la pérdida de espacios para desconectarse del fútbol. La exposición puede hacer que Vozinha tenga menos libertad para salir o revisar sus redes sin encontrarse con comentarios sobre él. «El deportista necesita desconectarse para dar vuelta a la página y liberarse un poco del estrés de la competencia», señala Cáceres. Si pierde ese descanso, advierte, la carga mental podría pasarle la cuenta.


