Patricia Rojas y Felipe Cristi crearon La Restore: hoy operan con seis trabajadores
No se trata solo de jóvenes urbanos o deportistas, sino de personas de distintas edades con un vínculo emocional con sus zapatillas, dice Cristi sobre su clientes.
En los últimos años las zapatillas han adquirido un significado que va más allá de ser un simple calzado deportivo o casual. Pueden ser un elemento clave de la vestimenta o un viaje al pasado, si el par es uno que se usó en la infancia o adolescencia.
El mercado captó esa valoración y reaccionó con distintos servicios, entre ellos el lavado de zapatillas, un nicho en expansión que abordan emprendimientos como Sneakclean, Lavatillas o La Restore. Este último lo desarrollaron la sicóloga Patricia Rojas, de 46 años, y Felipe Cristi, profesor de educación física, de 37 años, luego de quedar sin trabajo.
«Somos muy buenos amigos y un día nos juntamos en un café, no teníamos pega y pensamos en lo que podríamos hacer con nuestros finiquitos», cuenta Patricia.
«Habíamos visto que estaba este servicio, que ya existe en otros países Latinoamericanos, pero se trabajaba de forma muy artesanal, así que pensamos en desarrollarlo a mayor escala y con maquinaria», agrega la emprendedora.
Comenzaron por aprender, para lo cual tomaron clases con restauradores de Santiago, Valparaíso y La Serena. «Nos ayudaron personas muy generosas con sus conocimientos, fue como hacer un magíster», cuenta Felipe.
Para concretar el negocio, buscaron en internet las máquinas que requerían. «Con nuestros finiquitos las compramos y arrendamos un local muy pequeño, tan pequeño que apenas cabíamos los dos», cuenta Felipe.
«Los primeros trabajos los hicimos con los zapatos de nuestras familias y amigos, como 30 pares, mientras esperábamos las máquinas que compramos en China, que se tardaron mucho en llegar. Esas limpiezas iniciales fueron 100% a mano, con pistola textil, cepillos y máquinas de vapor manual», agrega Patricia.
El envío por barco tardó mes y medio. «Ese retraso fue una oportunidad, nos obligó a aprender el oficio a fondo antes de automatizar», cuenta Felipe.
Como había demanda, el emprendimiento comenzó a andar bien. Se cambiaron a un local más grande en Providencia y de este al actual, ubicado en General Holley, junto a la estación de Metro Los Leones. De ser ambos el equipo, hoy son seis personas.
El servicio parte con una evaluación. Cuando el cliente llega con sus zapatillas, el equipo revisa el estado del material y del calzado, y a partir de ese diagnóstico ofrece un lavado o, si el desgaste es mayor, una restauración con recoloración. «Nosotros tomamos la zapatilla, la evaluamos, y desde ahí armamos el tratamiento», explica Patricia.
El proceso combina trabajo manual y tratamiento con máquinas. Primero se limpia el cuero, malla o el material que sea con una pistola textil, luego la zapatilla pasa por una máquina de rodillos que permite regular velocidad, potencia y temperatura del agua, además de aplicar vapor. Cada rodillo trata una parte distinta, la suela, la zona superior, el interior, las plantillas y los cordones se lavan por separado. Después viene el secado, en una máquina antibacterial con filtro UV, y finalmente el cuidado según el material, hidratación en el caso del cuero, peinado para la gamuza, impermeabilización y protección. «Si una zapatilla no cumple con el estándar del taller, vuelve a pasar por toda la cadena de trabajo», explica Felipe.
Restore trabaja con zapatillas y zapatos de cuero, nobuck, gamuza, sintético, nylon y lona, desde pares económicos hasta modelos de diseñador que superan los $3.000.000. Nike, Air Force, Vans y Converse son las marcas que más llegan al taller, aunque también han recibido piezas de colección, como un par de 1980 que un cliente coleccionista no quiso repintar para conservar su color original.
El perfil de quienes usan el servicio es transversal, según cuenta Felipe. «No se trata solo de jóvenes urbanos o deportistas, sino de personas de distintas edades con un vínculo emocional con sus zapatillas, que suelen contar largas historias sobre ellas al dejarlas en el local. Llegan clientes que explican para qué ocasión las necesitan limpias, otros que confiesan un intento fallido de lavado casero con cloro o vinagre, y varios que cuentan quién les regaló ese par en particular».
«Las zapatillas tienen que ver con identidad, con tus hábitos. Hay una mentalidad de rescatar lo perdido en vez de desechar», señala Patricia. Felipe coincide y agrega que ese cambio cultural explica por qué el negocio funciona ahora, cuando antes primaba una lógica más desechable frente al calzado.
Servicios y precios
La limpieza básica de Restore cuesta 9.990 pesos y está pensada para zapatillas que quedan bien solo con el paso por la máquina. Cuando el material es más complejo, gamuza, nobuck o lona, el servicio premium sube a 13.990 pesos. La restauración de color, en tanto, cuesta 25.000 pesos sin lavado y 30.000 pesos si se incluye el lavado completo. El proceso de limpieza toma 72 horas desde que la zapatilla llega a la tienda, mientras que una restauración demora alrededor de una semana. Para quienes no tienen tiempo de acercarse, el local ofrece retiro y despacho a domicilio. La Restore está en Instagram (@LaRestore.cl), Facebook y Google como larestor.cl, y prepara su llegada a TikTok.


