Ignacio Merino está a cargo de la muy popular Casa Aldea
Vende entre 300 y 600 al día. Sus comensales son sus propios vecinos, pero también muchos de otras comunas.
La tarde del jueves está calurosa. A las 17:00 horas, en el número 970 de la calle Sargento Aldea, en la comuna de Pudahuel, comienzan los primeros movimientos. Un niño que anda en bicicleta, despreocupado, mira y apura el pedaleo mientras grita: «¡Mamá, ya van a abrir». El aviso refiere a Casa Aldea, la hamburguesería que se instaló en esa calle y que trae a comensales de todos lados.
Ignacio Merino es el chef a cargo de la hamburguesería. Él trabajó durante dos años en el prestigioso «Boragó», de Rodolfo Guzmán, ese que figura siempre en la lista de los 50 Best Restaurants. «El Boragó es un lugar donde se disfruta trabajar, pero cuando me fui siempre fue con la idea de tener algo propio», cuenta el cocinero.
De a poco las ocho mesas del lugar comienzan a repletarse, mientras Ignacio mira las comandas que marcan las favoritas: Casa Aldea, que consta de 110 gramos de carne de libre pastoreo, queso cheddar, lechuga orgánica, tomate asado, pickles, mayo y salsa de tocino ($11.500). Una pareja que llegó de Quilicura se entusiasma con la llamada Estilo Animal, un mix de burger, cheddar, chicharrón, costillar, salsa BBQ, pickle y salsa de tocino ($11.500). Un estudiante que fue en solitario se hizo de una clásica Cheese Burger ($6.500) y al darle el primer mordisco el pan crujió. Se saboreó. «Está buenísima, buenísima», admitió.
Mientras en la cocina Ignacio dirige todo, llega Marcelo Merino, su papá, quien trabaja de constructor y con quien vive en la casa ubicada atrás del negocio. «Yo acá tenía un bazar», dice señalando las instalaciones de Casa Aldea.
«Puse un local de comida rápida, pero no me fue bien. Ahora está el Ignacio y estoy muy orgulloso. Lo veo bien enfocado, la clientela se le vino muy muy rápido».
De eso también se dan cuenta las vecinas del chef. «Siempre se le llena. El otro día estaba lleno de autos acá afuera.
Había una fila enorme. Yo creo que se va a tener que ampliar al segundo piso. Para la quincena y fin de mes esto es de locos», dice Marisol Vegas, quien vive en el pasaje del frente del lugar y agrega que «al Nacho lo conozco desde que estaba en la guata de la mamá, yo vi su crecimiento y se ha sacado la mugre en su local. Yo me como una hamburguesa a la semana, pero sólo del Nacho. Lo que sí como harto son las tortitas y los pasteles que hace y vende también».
Ignacio está contento, aunque reconoce que «se siente harta presión, siempre ha sido estresante. El martes en la noche nos quedamos sin nada así que al otro día tuve que ir a comprar. Eso da ganas de hacer bien las cosas, de seguir adelante, de no parar. De no echarse para atrás con el servicio, porque Casa Aldea nació con la idea de que sea un lugar donde compartir, estar, no sólo bajonear, sino un lugar tranquilo».
¿Siempre le ha ido así de bien?
«No, hubo mucho tiempo en que no venía nadie. Venían muy pocos, una mesa o dos al día. Tenía más tiempo para crear cosas, pero me siento tranquilo. Ahora no interfiero con vecinos, no molesto a nadie porque igual cerramos temprano. Se venden entre 300 y 600 hamburguesas al día».
Si sigue yéndole tan bien, ¿ha pensado en abrir otro local?
«Voy a seguir así. Darle acá nomás. Darle la mejor atención a los clientes que vengan para acá. Mi idea también es hacer pizzas, agregar un producto que sea bueno y una variedad acotada como tres tipos que sean buenas».
¿Cuál es su hamburguesa favorita?
«Me gusta la Casa Aldea. Está pensada en una cangreburger (de las de Bob Esponja) por cómo se ve. Los sabores sí que combinan bien».
Casa Aldea está abierto, de lunes a jueves, entre las 17:30 y 23:00 horas y de viernes a domingo hasta la medianoche.


