Análisis de lo que sucede cuando esperamos sol y recibimos diluvios y aluviones
Especialistas recomiendan evitar la sobreexposición a las noticias o al pronóstico del tiempo y generar nuevas condiciones de seguridad emocional.
«Cualquier cambio, incluso uno relacionado con el clima, implica un proceso de adaptación. En ocasiones tenemos que modificar nuestras rutinas, cambiar planes y reorganizar nuestras actividades, lo que requiere poner en práctica distintas estrategias de afrontamiento», cuenta Karina Vargas, sicóloga clínica de RedSalud.
«¿Dónde estará mi primavera? ¿Dónde se me ha escondido el sol?», canta Marco Antonio Solís. La zona central de Chile todavía tiene cuatro estaciones más o menos diferenciadas, pero este mes no le está haciendo honor a su historia. La primavera tormentosa no sólo daña las casas.
«En Chile estamos acostumbrados a que la primavera traiga más sol y temperaturas agradables. Cuando esto cambia y las lluvias, los granizos o el riesgo de inundaciones se prolongan, puede aparecer frustración, irritabilidad o desmotivación, especialmente cuando sentimos que perdemos el control de nuestra rutina», explica.
Casas que parecían a salvo de las inclemencias de la naturaleza ahora están a merced de ella y las calles convertidas en ríos obligan a buscar otros caminos para volver a casa. A la vuelta de la esquina hay nuevos riesgos.
Ojo con las dificultades para dormir, la irritabilidad persistente, la angustia por los pensamientos catastróficos, el cansancio excesivo y una preocupación constante por el pronóstico del tiempo. «Para enfrentar este periodo, es importante intentar mantener los horarios de sueño y alimentación, buscar alternativas para realizar actividad física dentro de la casa, conservar los espacios de interacción social y evitar la sobreexposición constante a las noticias o al pronóstico del tiempo», cuenta.
Rutina y control
Pedro Toledo, siquiatra y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Usach, analiza el contraste entre lo que pasa y lo que esperamos que pase. «Nuestro cerebro utiliza constantemente las experiencias previas para anticipar lo que puede ocurrir y organizar nuestras respuestas. Cuando las condiciones ambientales se vuelven inesperadas, esa capacidad de anticipación puede verse desafiada. Por ejemplo, una persona que habitualmente organiza sus actividades considerando que octubre será un mes soleado puede sentirse frustrada cuando debe modificar reiteradamente sus planes», cuenta.
Sin embargo, advierte, hay que distinguir entre la incertidumbre cotidiana y la percepción de amenaza. «No es lo mismo que nos sorprenda una lluvia inesperada a que exista preocupación por inundaciones, daños materiales o dificultades para desplazarse. En este último escenario, especialmente en personas que han vivido emergencias climáticas, pueden aparecer respuestas de ansiedad o hipervigilancia», explica.
Asegura que la incertidumbre no necesariamente produce un trastorno mental, pero puede aumentar nuestra sensación de vulnerabilidad. «Por eso, más que interpretar estos cambios como una amenaza permanente, es importante fortalecer nuestra capacidad de adaptación, mantener rutinas y distinguir entre aquello que podemos controlar y aquello que no», cuenta.
Ecoansiedad
«Es una primavera atípica, no solamente en términos de lluvia, sino que también en términos de temperaturas y de luminosidad. Eso sabemos que tiene un efecto en ciertos trastornos anímicos que se caracterizan por ser estacionales.
Los cambios drásticos de luz pueden estar incidiendo en el estado de ánimo de personas que padecen este tipo de trastornos», cuenta Alemka Tomicic, sicóloga y académica de la Universidad Diego Portales.
Explica además que hay un fenómeno llamado «ecoansiedad», relacionado con el cambio climático. «Provoca en las personas cierta noción de que hay transformaciones que no son buenas en el entorno, en el medio ambiente, que ponen en riesgo el bienestar, incluso eventualmente la vida», explica.
Explica que las lluvias en octubre se han salido de todo rango y eso provoca alteraciones de largo plazo. «La posibilidad de predecir lo que va a ocurrir en ciertos momentos del año en el entorno y cómo organizamos nuestra vida respecto de eso también se está viendo alterada y eso puede provocar ansiedad, desconcierto», cuenta.
Lo único seguro, dice, es que va a haber nuevas crisis. «Sobre todo hay que generar nuevas condiciones de seguridad emocional, de salud mental, física, de bienestar en un mundo que cada vez va a ser más desafiante en términos de distintos tipos de crisis, entre ellas las ambientales», explica. ¿Quién se ha robado octubre?
Ojo con lo que sienten los niños
«La literatura científica y la experiencia clínica confirman que la exposición a situaciones climatológicas extremas, tormentas severas, inundaciones, avalanchas, se asocian a una mayor cantidad de sintomatología y malestar emocional en niños, niñas y adolescentes», cuenta el siquiatra Mario Valdivia, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción y vicepresidente de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia de Chile (SOPNIA). «Se observa que hay mayor cantidad de síntomas siquiátricos, reactivación de cuadros ansiosos, aparición de cuadros depresivos y particularmente trastorno de estrés postraumático», explica.?Advierte, eso sí, que estas evidencias fueron obtenidas en estudios relacionados con situaciones climatológicas extremas, no frente a variaciones climatológicas habituales.?»La respuesta emocional de los niños está muy mediada por la respuesta emocional de los padres. Son los adultos los llamados a efectuar un sistema de apoyo y respaldo para que los niños se sientan protegidos y puedan comprender el impacto que esta catástrofe puede tener», asegura.