Es mejor llegar a casa y quejarse de haber tenido un mal día, asegura
La actriz reconoce que le gusta ir a las premiaciones con David E. Kelley y también habla de sus hijos.
Michelle Pfeiffer (68) no viene de una casa ligada al cine. Su padre era técnico de aires acondicionado y su madre una dueña de casa que crió a cuatro hijos. Michelle ayudó trabajando como empaquetadora en un supermercado hasta que todo cambió cuando ganó los concursos de belleza de Orange County y de California. Comenzó su carrera de actriz en 1981. Se casó con el actor Peter Horton, compañero de una de sus clases de actuación, pero el matrimonio no perduró y después de varios pololeos su vida sentimental cambió en 1993, cuando en una cita a ciegas conoció al famoso productor, abogado y guionista de series de TV, David E. Kelley, a quien ella describe como «el amor de su vida». Lo curioso es que nunca trabajó en una de sus series hasta ahora, que es una de las protagonistas de «Margos got money troubles» (Apple TV).
¿Por qué no había trabajado en ninguna de las series de su marido?
«Soy algo supersticiosa con ese tema. He visto a muchas parejas que se separan justo después de trabajar juntos. Aparecen en la portada de la revista People y uno sabe que van camino al divorcio, jajajá. Creo que es mejor llegar a casa y quejarse de haber tenido un mal día, conversar de estos temas y no comentar las escenas que se grabaran al día siguiente».
¿Cómo entró al mundo del cine y cuándo nació su relación con David E. Kelley?
«Seguí los dictados de mi corazón. Cuando comencé a actuar no tenía idea si me resultaría, no conocía a nadie en la industria, sólo coloqué un pie frente al otro y me dije: Si fracasas, fracasas. Y en cuanto a David, yo tenía 34 años cuando lo conocí en un restaurant, estaba lista para una relación seria y escogí muy bien, jajajá».
¿En qué sentido?
«Había aprendido que si uno no escoge a su pareja por razones positivas, la relación fracasará. Muchas veces no escogí bien, pero lo hice cuando me enamoré de David. Continuamos respetándonos, lo que creo que es muy importante. A veces, a las parejas se les olvida reservar tiempo para ellos. Quizás como nuestra hija llegó dos meses después que iniciamos nuestra relación, tuvimos una especie de luna de miel corta y nos quedamos pegados en esta etapa».
¿Por qué se decidió adoptar?
«Bueno, siempre tuve esa idea, sabía que lo haría en algún momento, quería comenzar una familia y por pura coincidencia, David, llegó a mi vida dos semanas después que yo ya había firmado los papeles y que me había decidido. Por eso, Claudia lleva mi apellido».
Nunca se ha escuchado algún escándalo acerca suyo o de su matrimonio.
«Es que soy una persona algo aburrida. Nunca he tenido líos, estoy felizmente casada y una vez que sucede esto se está fuera de límites. Pero en el momento que alguna actriz o cantante vuelve a ser soltera, olvídese, se transforma en carne de cañón».
¿Qué hace para mantener la llama de amor encendida durante tantos años?
«Nada, basta que David llegue a casa».
¿Le gusta salir con él?
«Me encanta, incluso cuando lo tengo que compartir con sus admiradores. Me fascina ir a las premiaciones, porque hay que vestirse elegante, sentirse glamorosa y debo sentarme a su lado».
¿Se pone nerviosa durante esos eventos?
«Muy nerviosa sobretodo cuando anuncian las categorías, pero por suerte yo no soy la que tiene que subir al escenario y dar el discurso de agradecimiento. Sentiría terror dentro de mis venas, estar en su lugar».
¿Discuten a menudo?
«Por supuesto, sobretodo porque llevamos tanto tiempo juntos. Realmente no discutimos, sino que más bien tenemos diferencias de opinión, pero creo que nos comunicamos muy bien».
Usted creció en un familia alejada de la típica vida en Hollywood.
«Mis padres eran muy relajados. Con mi hermana salíamos de casa a pie pelado y no nos veían hasta el final del día. Realmente era un mundo distinto. No ocurrió lo mismo con mis hijos. Un día, con David, no lográbamos encontrar a nuestra hija Claudia Rose y me paralicé de miedo hasta que descubrimos que estaba dormida bajo unas frazadas. Me encantaría llegar a ser una persona más relajada».
¿Cómo describiría a Claudia?
«Aunque le gustaba jugar con muñecas no era la típica niña que jugaba a la mamá y al papá y se vestía de rosado, porque también, le gustaba estar afuera, encaramarse a los árboles y regresaba llena de moretones».
¿Y su hijo?
«John era un típico niño a quien le fascinaban los insectos».
¿Su marido le ayudó con la crianza de los dos?
«Si, sobre todo cuando me veía super agotada».
¿Qué le preocupa ahora, que sus hijos son adultos?
«Mi gran preocupación es que el mundo se ha transformado en un lugar muy complicado donde los jóvenes están expuestos desde temprana edad a las malas noticias. Yo deseaba protegerlos de los sitios web negativos, de toda esa información nociva. Uno puede hacerlo en su propia casa, pero después que ellos parten sólo queda esperar que tengan una fundación sólida para poder enfrentar todo esto».
¿Los ve a menudo?
«Viven en distintas ciudades. No nos vemos tan seguido, tienen sus propias vidas y los extraño demasiado. Pero estoy muy orgullosa de ambos y feliz de que sean tan independientes y resilientes».


