Académico propone transformar los subproductos en ingredientes con funcionalidad técnica
El desafío no es producir más, si no producir mejor, dice Francisco Rossier.
El académico pone de ejemplo a la empresa Vinicas, que realiza servicios de filtración y retiro programado de borras líquidas y orujos a viñas. Con el reciclaje de estos subproductos elabora productos alimenticios, vitivinícolas y farmacéuticos que luego comercializa en empresas del mismo rubro.
Rossier agrega que en Estados Unidos varias compañías extraen del orujo compuestos que se utilizan como colorantes.
«Se puede ganar más vendiendo color que vendiendo vino. Corfo viene advirtiendo sobre esta oportunidad desde hace una década», sostiene el especialista.
¿Es posible exportar estos subproductos?
«Nuestro país es un gran exportador de concentrado de tomate, del que se obtiene tomasa, que posee un antioxidante muy potente. Es decir, mediante un ingrediente natural se puede aumentar el contenido de antioxidantes y aportar color natural a un alimento. En Chile, se utiliza principalmente para la alimentación animal. Sin embargo, otros países extraen licopeno, que es un potente antioxidante, fibra dietética y aceite de semilla de tomate de alta pureza. Chile ya está extrayendo saponina del quillay, pero podría hacer mucho más».
¿Qué falta para lograrlo?
«El límite estructural de Chile no radica en sus recursos naturales, sino en su capacidad para transformarlos en productos de alto valor agregado. En otras palabras, el desafío no es producir más, sino producir mejor».
Rossier pone de ejemplo Países Bajos, cuya superficie es de 41.526 km2. Chile, en cambio, tiene 756.102 km2. Pese a eso, según cifras del Banco Central, durante 2025 sus exportaciones agroalimentarias alcanzaron los US$ 132.000 millones, mientras que nuestro país llegó a US$ 23.500 millones.
Afirma que su potencialidad es la capacidad de integrar tecnología, ciencia y sofisticación productiva. «Los principales productos de exportación de Países Bajos son quesos y tulipanes; pero también tomates, bulbos y papas prefritas y congeladas en distintos formatos. El 56% de su paleta exportadora corresponde a productos que requieren de mayor tecnología para ser producidos. En el caso de Chile, solo un 39% necesita de una tecnología mayor al promedio. Nosotros, por ejemplo, podríamos agregarle valor a la quinoa boliviana o a la soya argentina», propone.


