Trabajaba en un gimnasio, terminó como minera: «Mi sueldo es cuatro veces más alto»

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Jez Balbontín pasó nueve años haciendo clases de educación física en una faena

Entró por un programa de aprendices de BHP; difunde en redes cursos que abren compañías para que más mujeres postulen.

El gimnasio donde Jez Balbontín hacía clases funcionaba dentro del campamento de una faena minera. En esos años, contratada como como profesora de educación física, atendía a los mismos trabajadores que hoy son sus colegas. Llegó a ser supervisora del recinto: desde ahí miraba todos los días cómo operaba la industria que terminaría por reclutarla.
En ese campamento se dio cuenta de que había espacio para las mujeres, aunque en ese tiempo eran pocas. La decisión de cambiarse partió por plata y por proyección: «Claramente hay mayores y mejores oportunidades, y en Chile los profesores son mal pagados», lamenta. En el gimnasio ya había tocado techo: «Eran muy pocos puestos por sobre la supervisión, y ya estaban ocupados hace rato».
La puerta de entrada a la minería fue un programa de aprendices para mantenedoras, donde le enseñaron el oficio desde cero. Postuló en el peor momento posible: acababa de firmar contrato para el nuevo gimnasio que se había licitado en la misma minera. «Tenía algo seguro, con mejores condiciones, cuando me llamaron para el curso de aprendiz, donde yo no recibía un sueldo por aprender y tampoco era seguro que me fuera a quedar trabajando. Aun así me arriesgué porque sabía que las ganancias eran mejores»,  recuerda.
En paralelo sumó títulos. Ya era ingeniera comercial, carrera que estudió de manera presencial y terminó casi al mismo tiempo que entró a la faena; arriba, en plena operación, sacó Ingeniería Civil Industrial en modalidad online, con varios ramos convalidados por la primera. «Muchas veces llegué a dar pruebas después del horario laboral; tenía que llegar a mi habitación, seguir estudiando y rendir pruebas, preparar trabajos, todo esto en faena. No es imposible, se puede, pero tampoco es tan fácil. Hay que tener un poquito de disciplina», recalca.
Terreno y oficina
Hoy el cargo oficial de Jez Balbontín es mantenedora mecánica en Minera Escondida, operada por BHP. Trabajó en el área de flotación de la planta concentradora y actualmente cumple una pasantía en trabajo estandarizado, puesto que mezcla terreno y oficina para que todos ejecuten las tareas de la misma manera. En Instagram y TikTok publica los programas de aprendices y cursos gratuitos que las mineras están abriendo para equiparar sus cifras de género.
¿Cómo fue el primer turno como mantenedora?
«Cuando llegué a la oficina eran entre 12 y 15 hombres, yo era la única mujer. Eso fue muy impactante, y también la dimensión de los equipos: tienen los componentes más grandes de todo el mundo aquí; de repente los mueven en maniobras de izaje, pasan por arriba, por el aire, todo controlado. Sentía que había mucho ruido, mis compañeros hablaban entre ellos y se entendían, pero yo pensaba que estaba sorda. Usaba los tapones y decía no escucho nada».
La vida en faena implica altura y semanas lejos de la casa. ¿Qué ha sido lo más duro del cambio?
 
«El primer turno justo subí en la pandemia. Estaba muy cansada y no sabía por qué me había pegado tanto la altura, me costaba respirar, pero al final era que tenía Covid. En lo físico dejé de entrenar, antes era parte de mi trabajo, así que subí un par de kilos. Y en lo emocional, aquí las fiestas se trabajan: yo en Navidad y Año Nuevo tengo que trabajar».
¿Cómo es un día completo en faena desde que suena el despertador?
 

«A veces voy al gimnasio a las 5 de la mañana, estoy hasta las 6, me baño, desayuno en el casino y a las 7 y media partimos a la planta. A las 8 ya estamos en reunión, se revisa lo del día anterior y lo que viene. Después traspaso procedimientos a una aplicación que usamos para unificar criterios y salimos a tomar fotografías para dejar todo señalado en el estándar. Ya de vuelta en el campamento, pasamos a cenar y a la habitación. Cuando estuve en terreno era un poco lo mismo: armar, desarmar equipos, hacerles mantención de acuerdo a las necesidades de la planta».

Muchas mujeres le escriben por redes queriendo seguir su camino.
«Los mensajes que más me llegan son de mujeres aburridas de lo que hacen, porque en su trabajo les pagan poco o ya no hay campo en su carrera. Muchas chicas son profesionales universitarias y están trabajando en otras cosas porque los sueldos son muy bajos, sobre todo en el área de la salud. Yo recomendaría partir buscando directamente en las páginas de las empresas mineras los programas trainee o de aprendices para operadoras y mantenedoras, son pocos los requisitos. También hacer cursos gratis para mejorar el currículum o sacar licencias específicas, como grúa horquilla o puente grúa».
¿Qué mira una compañía en alguien sin estudios en el rubro?

«Lo que prima siempre son las mal llamadas habilidades blandas: la actitud, la responsabilidad, el trabajo en equipo y sobre todo la seguridad, que es primordial en minería. Esas habilidades te llevan a veces más lejos que los estudios. Los errores más comunes son los currículums muy genéricos: ocupan uno mismo para todos los cargos, con cursitos que sobran, como barista o zumba. A las que tienen miedo, siempre las impulso a tomar el riesgo: lo peor que te pueden decir es no quedaste. El éxito está al otro lado del miedo».

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