Capitán de bandada Francisca Muñoz, de 33 años
Lidera una dotación de 14 personas en Gabriel González Videla, una instalación de la FACh
«Fuimos los primeros en pisar la base y vimos en qué condiciones nos encontrábamos. Había mucha nieve, todas las entradas estaban tapadas, así que con mi gente fuimos a buscar pala y picota, para cavar, para poder entrar a la base y dar la luz, echar a andar el generador», cuenta la capitán de bandada Francisca Muñoz, de 33 años, la primera mujer al mando de una base antártica chilena.
En el buque Aquiles, de la Armada, la dotación que ella comanda llegó el sábado pasado a tomar posesión de la Base Gabriel González Videla de la Fuerza Aérea (FACh), en la Península Antártica, a 2.400 kilómetros del Polo Sur. Su misión terminará en marzo, cuando la base tenga que cerrar nuevamente, hasta la próxima temporada.
Cada año la FACh abre postulaciones para puestos en el continente blanco. Ella decidió participar y en agosto pasado supo que había sido elegida. «Ha sido un sueño de toda mi vida poder venir a la Antártica. Jamás imaginé que se me diera esta oportunidad. Soy una viajera. Me encanta conocer lugares, tener nuevas experiencias. Mi abuelo por parte de madre era marino y vivió mucho tiempo en Puerto Williams. Ella me mostraba fotos, me contaba historias, y ahí nació toda mi necesidad de viajar a la Antártica», explica la oficial de 33 años.
¿Cómo se le dice a la familia que se va a la Antártica cuatro meses?
«Así mismo, jajajá. Fue un tema. Una vez que les conté a mis padres, felices. Todos los días me envían mensajes diciéndome que están orgullosos. Mi madre, sobre todo, por mi abuelo. Es como estar viviendo la misma experiencia que tuvo él como marino. Cada vez que mi mamá me habla, se pone a llorar».
14 personas forman la dotación de Gabriel González Videla. Nueve de la FACh y cinco de la Armada, porque en ese lugar también funciona la Capitanía de Puerto de Bahía Paraíso. La jornada comienza a las ocho de la mañana. «Todos tratamos de tomar desayuno al mismo tiempo y comenzamos las actividades, sobre todo ahora que estamos abriendo la base», explica. Luego del almuerzo cada uno tiene media hora de descanso y continúa el trabajo hasta las 17 horas. «Después de las cinco tratamos de que todo sea más distendido y de que la gente pueda hacer sus cosas, llamar a sus familias», cuenta.
¿Qué pasa con la luz del sol en esta época?
«Tenemos luz día permanentemente. Como a las doce de la noche baja un poco, pero no oscurece completamente. Uno se levanta y pasa por una cortina que esté abierta, piensa que está de día, pero uno ve la hora y son las cuatro de la mañana».


