En cada reality en que participa el argentino de ¿Ganar o servir? se esmera en desmejorar su imagen.
El complejo arranque de «Gran hermano» por Chilevisión y DirecTV ha permitido concentrarnos en lo que está pasando en «¿Ganar o servir?» (Canal 13) y, de paso, dividir a la teleaudiencia en «diferidistas» y «24/7tistas». Los primeros prefieren algo ultradesfasado en el tiempo y editado, pero bien hecho («GOS»); los segundos se quedan con la sensación de estar presenciando algo sin cortes («GH»), aunque pase poco y nada y con la posibilidad latente de saltarse el recocido que hace Diana Bolocco, desprolijo y poco claro.
En el contexto del repotenciado foco puesto sobre el reality del 13, hay un personaje que alguna vez fue divertido, pero que hoy acumula detractores a la velocidad de la luz. Hablo de Luis Mateucci, que en realities anteriores («¿Volverías con tu ex?» y «Doble tentación») hasta caía bien cuando justificaba infidelidades con una frase que acuñó: «¡Era una actividad!».
Sin embargo, desde «Tierra brava» hasta la actualidad (la cada vez más relativa actualidad de «GOS») ha incurrido en costumbres y prácticas ante las que no tiene mucha defensa, por no decir ninguna. Por ejemplo, escupir un pote de nutella de su archienemigo en «TB», Fabio Agostini, el que, por supuesto, degustó ese menjunje ignorando que contenía ese asqueroso agregado. Cuestionable que Canal 13 no haya advertido a este último de la situación y que luego no haya expulsado sin miramientos ni posibilidad de reingreso al argentino. ¿Para qué están los lineamientos editoriales de esa casa televisiva? ¿Son un mero adorno? ¿Todo vale para hacer más «entretenido» un programa y ganar unos puntos de rating?
También hay un permanente doble juego que hace. A su expareja Oriana Marzoli le dice que Facundo González no le conviene y a él que ella es insoportable, agregando a modo de prueba: «Por algo no seguí con ella». Está bien, puede considerarse una estrategia, una actuación como personaje reality, pero ¿cuál es el objetivo? ¿No comer ni dejar comer? ¿Denostar a la única persona del reality que siempre lo ha apañado? No se entiende.
Como buen villano, se ha puesto entre ceja y ceja al «jovencito» de esta película, el Mowgli chileno, el Tarzán del Cajón del Maipo, Pangal Andrade, llegando a sacarlo de quicio hace unos días (bueno, hace unos meses), haciendo que su equipo, Resistencia, le gritara durante un buen rato ¡Quico!, en alusión al integrante de «El chavo del ocho».
No lo sé, Rick. Me parece falso. Nadie puede ser tan vil como Mateucci. Ni tener tan distorsionados los valores como Canal 13, que lo sigue llamando.


