Urólogo hace vasectomías en 11 minutos: «Duele menos que ir al dentista»

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Cambio cultural: cirugías de esterilización masculina aumentan 887% en una década en Chile

Óscar Schatloff, quien ha realizado más de 3.000, explica por qué cada vez llegan más hombres jóvenes sin hijos a su consulta.

Camilo Labbé tenía 22 años cuando se hizo una vasectomía. No tenía hijos y estaba convencido de que tampoco quería tenerlos. «De chico nunca tuve la idea de ser papá. Nunca estuvo en mis planes y sigue sin estarlo», enfatiza.

Su caso refleja uno de los cambios que, según el urólogo Óscar Schatloff, explican el explosivo aumento de esta cirugía. Cifras del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) muestran que las vasectomías pasaron de 768 en 2013 a 7.580 en 2023: 887% más en una década.
La tendencia también se observa en Urbamed, clínica fundada por Schatloff: «En 2018 hicimos 119 vasectomías; en 2025 hicimos 500 y este año probablemente vamos a hacer unas 800». Desde que abrió llevan unas 3.000 con anestesia local.
«Antes, cuando conversábamos sobre paternidad, la pregunta era ¿cuántos hijos quieres tener?. No recuerdo que existiera ¿quieres o no tener hijos?. Se daba por hecho que todos íbamos a tenerlos. Ahora esa conversación sí existe», advierte el urólogo.
Cerca del 3% de sus pacientes son menores de 30 años sin hijos que no quieren tenerlos. La gran mayoría tiene entre 30 y 45, pareja e hijos, y ha decidido no agrandar la familia. El resto son separados que no quieren volver a ser padres.
Para Schatloff, los jóvenes imaginan un futuro diferente. «Culturalmente cambió lo que ellos quieren de la vida. Con la globalización y los trabajos online sienten que no quieren estar atados a un lugar físico o a un estilo de vida.
Quieren viajar, acceder a una vida distinta».
Camilo Labbé coincide: «Fue una decisión un poco drástica, pero va acompañada de mis ideales con el planeta y con mi futuro. En mi estilo de vida no están incluidos niños».
Distinto es el caso de Luisín Otaiza, administrador financiero de 36 años y padre de un niño de cuatro. Con su pareja habían imaginado tener tres hijos, pero la crianza cambió sus planes. «Es una responsabilidad muy, muy grande. Nos preguntamos si estábamos preparados para volver a comenzar con otro y la respuesta fue no». Otaiza había contactado una clínica un año antes, pero no se sentía preparado. En junio finalmente se operó. «El procedimiento no duró más de siete minutos. Fueron más los nervios que tenía. Entré a la clínica y salí caminando normal».
 
Cosa de minutos
La vasectomía es un procedimiento de esterilización masculina. «Lo que hace es cortar el conducto deferente. En la técnica sin bisturí se hace como una punción que se expande y después se puede sacar el conducto. Se corta y se quema un poquito la parte de adentro para que se selle. Se usa anestesia local. Los pacientes sienten una molestia, una incomodidad, pero no es un dolor. Duele más ir al dentista», asegura el doctor Schatloff. Su promedio es de 11 minutos. «La más rápida que personalmente he hecho fueron cinco minutos y diez segundos», agrega.
Camilo recuerda que la suya tardó diez. «Fue como ir a una consulta. Anestesia local, dolor cero».
La intervención no modifica testosterona, erección ni deseo sexual. El semen y la eyaculación se mantienen, «solo que no hay espermios», explica Schatloff.
El efecto no es inmediato. «En buen chileno, hay que vaciar la cañería. Se requieren unas 20 eyaculaciones y un espermiograma a las 12 semanas para confirmar el resultado». Hasta entonces debe mantenerse otro anticonceptivo.
Tampoco protege de infecciones de transmisión sexual: «Algunos hombres se relajan con el preservativo al desaparecer el temor a un embarazo».
¿Irreversible?
Schatloff atribuye el aumento también al mayor acceso -la cirugía cuenta con Bono PAD de Fonasa- y a cambios culturales. «Tiene que ver con el empoderamiento de las mujeres. Muchas no quieren seguir usando anticonceptivos hormonales y piden a sus parejas asumir parte de la responsabilidad, porque el procedimiento masculino es más simple y de menor riesgo».
¿Qué hace cuando llega un paciente muy joven y sin hijos?
«Si mantiene su decisión, corresponde respetarla. Si es mayor de edad, puede votar, puede ir preso si comete un delito, también tiene la libertad de decidir si quiere esterilizarse o no. Yo no le impongo mi estilo de vida ni mis creencias, pero me aseguro que esté completamente informado».
Aunque existe cirugía para reconectar los conductos, recuperar la fertilidad no está garantizado: «Después de una vasectomía disminuye, en  promedio, a la mitad la producción y calidad de los espermatozoides, por lo que volver a unirlos no asegura un embarazo. Tienen que estar muy seguros de que realmente ese es su proyecto de vida».
 
Menos complejidad
Schatloff pasó ocho años especializándose y trabajando fuera de Chile: hizo subespecialidades en cirugía laparoscópica en Israel y robótica en Estados Unidos, y montó un programa de cirugía robótica en un hospital israelí. Esa experiencia le hizo cuestionar cómo se hacían algunas cirugías menores en Chile.
«Acá los procedimientos complejos se hacen muy bien. Hay infraestructura, tecnología y médicos muy buenos. Pero los procedimientos simples se estaban sobrecomplejizando. En una vasectomía el paciente no necesita ayuno y permanece alrededor de media hora en el centro. Ahora falta que las aseguradoras se adapten. Tenemos todavía el desafío de poder incorporar a las isapres en este cambio cultural», dice.
En Urbamed, para afiliados a isapre, la vasectomía tiene un valor de $1.490.0000 antes del reembolso (Bono PAD). En clínicas tradicionales puede superar los $2.000.000.
Luisín Otaiza reconoce que los primeros días tras la operación sintió algo parecido a un duelo: «Estuve medio bajoneado como tres días. Pensaba que venimos al mundo a reproducirnos y que esto iba un poco contra eso. Pero también uno tiene que ser responsable». Hoy no se arrepiente.

Camilo tampoco: «Siempre pensé que la adopción era una opción. Si puedo darle una mejor vida a alguien que ya existe, mejor».

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