Ronald Rodríguez, presidente del Colegio Médico Veterinario de Chile
La medicina veterinaria, más que un servicio de salud, está considerada como parte de un comercio, detalla.
El reclamo de José Antonio Neme tras la muerte de su perro Frodo, con respecto a la poca fiscalización del trabajo veterinario y que hoy las mascotas sean consideradas un bien, tuvo una rápida respuesta de Ronald Rodríguez, presidente del Colegio Médico Veterinario de Chile: «Como país tenemos una deuda con los tutores de mascotas, con la medicina veterinaria de hoy, con el tipo de medicina y con el tipo de compromiso que tenemos con nuestras mascotas, entendiendo que hoy, para muchas personas, las mascotas son uno más de la familia», reconoce de entrada.
«La primera problemática es que la medicina veterinaria no está en el libro quinto del código sanitario y por lo tanto no tiene supervisión de la superintendencia de salud, como la medicina humana. Segundo, no todos los médicos veterinarios están colegiados, por lo tanto no todos están bajo la tuición ética del Colegio. Y tercero, en Chile no existe obligatoriedad de estar colegiado para poder ejercer la medicina veterinaria, cosa distinta a lo que ocurre en Argentina, Perú y en muchos países que nos rodean», recalca.
¿Cuál es la razón para no incluirlos en el código sanitario?
«No sabemos exactamente los motivos. Nosotros estamos en un proyecto de ley con los nutricionistas, del año 2019, que pasó a la Cámara de Diputados pero quedó congelado en la comisión de salud del Senado. Después nos metimos en otro proyecto con asistentes sociales, sicólogos y otros. Este proyecto llevaba como dos o tres años, pero se votó en febrero y no se aprobó en la Cámara de Diputados. Ahora, vamos a retomar el proyecto que quedó congelado en 2019 o vamos a crear un proyecto propio para ser presentado, entre este año y el próximo, pero lo que necesitábamos es hacer fuerza, porque hoy en día la política y el mundo civil no entienden todavía la real importancia de que la medicina veterinaria sea reincorporada al libro quinto del código sanitario. Una de las más grandes es, justamente, aumentar las regulaciones. Porque es la única forma de que las clínicas o los veterinarios que hacen las cosas mal dejen de hacerlas mal».
Pero insisto ¿hay algún motivo para no incluirlos?
«Lo que pasa es que entrar en el código sanitario implica un cambio estructural en el Gobierno, en las políticas, en el ministerio. Imagínese si ahora le decimos al Ministerio de Salud que también debe fiscalizar a las miles de clínicas veterinarias que hay en Chile. Hay un cambio en el presupuesto, en la planta de trabajadores, es un cambio gigante, entonces obviamente no es solamente un tema doméstico, sino que es un tema estructural y no están dispuestos a asumir ese costo, pero para mí es un costo que el país necesita asumir, porque otros países ya lo han asumido y porque en general la medicina animal avanza hacia allá, o sea, hoy día las mascotas no tienen la relevancia y la importancia que tenían antes, hoy día es mucho mayor. Hoy las personas tienen menos hijos y muchas parejas tienen un perro, un gato o una mascota como parte de la familia y lo aman como si fuera su hijo, por lo tanto, necesitan una política que rodee el cuidado animal y la salud animal acorde a la sensación actual de relacionamiento que existe con las mascotas».
¿Qué le parece que haya que acudir al Sernac si alguien tiene un reclamo contra una clínica veterinaria?
«Bueno, eso también es político, porque si tú vas a la ley, la ley no considera a los animales como seres sintientes que tienen un apego emocional a las personas. Desde el punto de vista legal, los animales son considerados bienes inmuebles y la medicina veterinaria, más que un servicio de salud, está considerada como parte de un comercio. Hoy ya hay jueces que han dictaminado daños morales por la conexión que existe con la mascota, pero partió hace poquito. Eso, en la legislación, también debe cambiar».


