El ex rugbista cuenta cómo nació la serie Espartanos en las cárceles argentinas
El también abogado apostó en 2009 por un proyecto que muchos tildaban de descabellado cuando decidió acercar su deporte a los presos.
A pesar del tiempo transcurrido, Eduardo Coco Oderigo (55) recuerda perfectamente qué le aconsejaban sus conocidos cuando, en marzo de 2009, puso en marcha su apuesta de acercar el rugby a decenas de hombres y mujeres privados de libertad, entonces en su natal Buenos Aires.
«Muchos me decían: «No vayas ahí, que esta gente no cambia. Que se pudran ahí dentro»». Pero el abogado y ex rugbista estaba convencido de que debía hacer algo. Y fue así como entre barrotes y frías celdas nació «Espartanos», un nombre que remonta a los antiguos guerreros griegos.
Oderigo estuvo la semana pasada en Santiago, invitado por la Fundación «Lo Que De Verdad Importa», para contar su experiencia.
¿Cómo surgió esta idea, Coco?
«Por una visita medio circunstancial a una cárcel a fines de 2008, cuando un amigo quería conocer una y me insistió tanto que lo acompañé. Esto fue en Buenos Aires. Y lo que vi no me gustó: muchas personas nos miraban feo, tristes, con resentimiento… Así que un día decidí volver solo para hacer algo más. Y se me ocurrió llevar mi deporte, que es el rugby».
¿Volvió sin pensarlo mucho?
«El entonces director de la cárcel me dijo que yo no entendía nada, porque son personas muy violentas. Y con un deporte violento no iba a durar más de un entrenamiento. Aunque me dejó hacer una práctica para ver cómo fracasábamos».
¿Quién lo acompañó en esa segunda visita?
«Santiago Arese, que estaba en la Primera del mismo equipo donde jugué, San Isidro Club, y jugó con Los Pumas. Él es grandote, casi dos metros, 100 kilos…».
¿Y cómo les fue?
«Hicimos una práctica que salió más o menos. Pero les gustó tacklear. Y a partir de ahí preguntaron si íbamos a volver. No habíamos planeado nada, pero regresamos a la semana siguiente. Era un martes a la mañana, y empezamos a ir todos los martes. Y de a poquito se fueron apasionando por el deporte. Partieron diez, y rápido llegamos a 24. Luego, algunos recuperaban su libertad, otros eran trasladados. Entonces bajaba y volvía a subir porque siempre había mucha rotación».
¿Y cuándo deciden ponerle «Espartanos»?
«Salió en el segundo entrenamiento. Uno de los presos dijo que se llamaban así, porque él veía la película 300 todas las noches. El espartano no tiene dolor, no tiene sufrimiento. Y ahí quedó el nombre».
¿En cuántas cárceles se ha replicado la idea?
«Hoy en Argentina estamos en 49 recintos, en 21 provincias. Y hay 16 más en el exterior: en Chile, Uruguay, Perú y El Salvador».
¿Y entrenan presos de todos los niveles?
«Sí, aunque donde estamos no aceptan personas que están por temas de abuso sexual. Excepto en Misiones, donde hay mucha gente detenida por eso, en el caso de los varones, y mujeres presas por homicidio, luego de matar a hombres que las abusaban».
¿Y cómo surgió el proyecto de la serie con Disney+?
«Se le ocurrió a Agustín Pichot, quien fue capitán de Los Pumas y tiene una productora que trabaja con ESPN. Y los de Disney dijeron que sí, y salió en febrero del año pasado, con ocho capítulos, aunque ahora la sacaron de la plataforma. En Argentina se vio un montón, pero no se publicitó mucho en Latinoamérica; entonces, no se vio tanto afuera».
¿Cómo partió en el rugby?
«Mi padre jugó a nivel amateur y me llevó al club a los nueve años, y jugué ahí hasta los 35. Era medio scrum».
¿Y pudo compaginar el deporte con su carrera de abogado?
«Sí, trabajaba en el Poder Judicial como secretario del juez, y nos encargábamos de ver si la gente iba presa o no. Después ejercí mi profesión con mi padre y me metí en esto».
¿Y le dicen que se fue para el otro lado?
«No, yo no quiero que se vayan antes de la cárcel. Quiero que a través del deporte salgan mejores, no antes».
¿Lo apoya su familia?
«Sí, tengo ocho hijos, entre 28 y 14 años: cinco varones y tres mujeres. Algunos juegan rugby y las chicas, hockey. Hacer deporte es ley en la casa».


