El famoso actor protagoniza junto a John Malkovich y Mariana di Girolamo Wild Horse Nine
El estadounidense habla de su infancia y de sus padres, de la actuación y de la vida agitada en Nueva York.
Es un camaleón. Sam Rockwell (57) desaparece en sus personajes y se transforma en cada papel que interpreta. Así vuelve a ocurrir en «Wild Horse Nine» (se estrena este jueves), donde comparte pantalla con John Malkovich, bajo la dirección del guionista y cineasta irlandés Martin McDonagh. Esta vez, la historia transcurre en Rapa Nui en 1973, con el golpe de Estado como telón de fondo. Conversamos virtualmente con el actor.
¿Cuál es su estado civil? ¿Es romántico?
«Tengo pareja, pero no estamos casados. Me refiero a la actriz Leslie Bibb, con quien vivo desde 2007. Me gusta tratar a una mujer como una dama. Con los años he aprendido qué hacer y qué no. He tenido muchas citas y aprendí que uno no puede ser demasiado tacaño, aunque a veces un bar es un buen lugar para invitar a salir. Nuestra vida es bastante buena. Estamos pensando en remodelar la cocina y mi novia quiere adoptar un cachorrito».
¿Se considera obsesivo-compulsivo?
«A veces puedo excederme con el orden. He tenido distintas etapas; depende de mi estado de ánimo. Si estoy ocupado, no limpio. Pero, si estoy desempleado, limpio más a fondo».
¿Qué opina de la terapia?
«Me gusta la terapia. Creo que es buena para todos. Desafortunadamente, en nuestra sociedad ir al siquiatra se considera un lujo, pero yo lo comparo con ir al dentista. Si alguien tiene un problema mental o emocional, no siempre consulta a un terapeuta; en cambio, si tiene una caries, va al dentista. Creo que es una buena analogía. A veces voy a terapia cuando estoy preparando un personaje, porque muchas veces sus sentimientos se relacionan con los míos».
¿Le asusta el paso de los años?
«Estoy en esa etapa de la vida en que uno necesita hacerse un buen examen de próstata, jajajá. No me gusta envejecer, pero, por otro lado, es fabuloso, porque uno se vuelve más inteligente y acumula experiencia. Intento mantenerme en forma, vivir el presente y tener los pies en la tierra. Necesito encontrar más pasatiempos y leer más libros. Quizás ya estoy demasiado viejo para interpretar a Hamlet».
¿Qué nos puede contar de su familia?
«Soy hijo único, pero no me considero un hijito de mamá. Con mi madre tengo una relación muy cool. Ahora se dedica a la pintura, pero antes era actriz. Actuamos juntos cuando yo era niño. Aprendí mucho de ella. Era una actriz intensa. A veces se ponía narices extrañas, mucho maquillaje, sombreros divertidos y disfraces. Me enseñó cómo estudiar y aprender a meterme en los personajes».
¿Su padre sigue actuando?
«Mi padre dejó de actuar hace años y se convirtió en dirigente sindical».
¿Cómo fueron sus años escolares?
«Durante una etapa fumaba marihuana, coqueteaba mucho con las chicas y me encantaba ir a fiestas. Era el payaso del curso, pero un buen chico. Aunque a veces me portaba mal, no era traficante de drogas ni nada parecido. Por ejemplo, me echaba un huevo crudo en la cabeza para asustar a la profesora o gritaba muy fuerte en lugares públicos. Hacía estupideces».
¿Sus padres se divorciaron cuando usted tenía cinco años?
«Sí. En los teatros y los sets de filmación veía cosas que un niño no debería ver. Todavía intento descubrir cómo me afectó todo aquello. Uno siente que no pertenece a este mundo; es algo muy raro. Me sentía diferente. Vivía parte del año con mi padre en San Francisco, donde asistía al colegio, y pasaba los veranos con mi madre en Nueva York».
¿Cómo describiría su temperamento?
«Cambia a lo largo del día. Si alguien es grosero en la entrada del metro, choca conmigo en la calle o tengo una discusión con un taxista, especialmente en Nueva York, mi estado de ánimo cambia en un segundo. Así es la vida en la ciudad: todos caminan con una armadura protectora».
¿Por qué?
«Vivo desde hace muchos años en el East Side de Manhattan, tuve que aprender el lenguaje de la calle. Algunas personas intentan aprovecharse de uno, pero hasta ahora no lo han conseguido conmigo, jajajá».
Sin embargo, sigue viviendo allí…
«Aunque es un lugar bastante caótico, especialmente los fines de semana, constituye una gran inspiración para crear personajes. Lo difícil es cuando me reconocen, porque eso me impide observar a las personas a fondo. Ellas no me reconocen a mí. Soy un maestro del disfraz; definitivamente no soy Tom Cruise, jajajá».


