Todos sabemos cómo es Yann Yvin. Su aporte crítico, y sin pelos en la lengua, es vital para el programa y es lo que nos gusta.
Escozor ha causado en algunos (entre ellos su colega Ennio Carota) el fuerte reto que le ha echado el jurado de «MasterChef Chile», Yann Yvin, al participante Nicolás Berlinger.
Perdón, pero ¿qué esperaban del chef francés? En sus primeras apariciones en los programas de concurso culinario en la televisión chilena sus devoluciones eran mucho más lapidarias y fueron caldo de cultivo para numerosas imitaciones.
«¡Tu plato es una m…!» era su diagnóstico típico, el con menos anestesia. Y ni siquiera digamos que se «normalizaba» allá por el 2015, cuando estuvo de maestro de cocina evaluador en el primer «MasteChef Chile» porque hay que estar bien perdido o perdida para no diferenciar entre una crítica gastronómica y una descalificación personal. Es como si todos los delanteros mediocres se ofendieran porque el relator dice que su remate le salió «horrible».
En esos primeros años Yvin llegó a comparar las presentaciones que debía degustar con las partes íntimas de personajes animados («se parece a la p… de Shrek» le dijo a Felipe Taverne para graficar cómo se veía su zapallito italiano relleno con carne y acompañado de puré de palta y brócoli).
No solamente se limitaba a las palabras. En otra ocasión lisa y llanamente tiró la preparación de uno de los concursantes al tacho de la basura (rolls de sushi de Felipe Coya, preseleccionado del mismo programa).
Y, por último, alguien que se las da de espía y que mide casi dos metros, como Berlinger, debería tener la epidermis un poquito menos delicada, ¿no encuentra usted?


