Construido en Valdivia por el astillero Asenav, tuvo un costo de USD 90.000.000
Calificado como Clase Polar 6, lo que le permite romper cuerpos de hielo de hasta 80 centímetros de grosor, puede permanecer en la Antártica toda la temporada turística.
La proyección chilena en la Antártica va mucho más allá de la presencia militar y científica. También tiene una veta turística.
Este viernes fue inaugurado el Magellan Discoverer, el segundo crucero de exploración polar de la naviera chilena Antártica 21, que desde hace más de dos décadas opera en el océano Antártico.
Diseñado por el astillero Asenav, en Valdivia, región de Los Ríos, se trata del primer crucero híbrido construido en América. Su costo fue de USD 90.000.000.
Con 94 metros de eslora (largo), 17,2 metros de manga (ancho) y 5.200 toneladas de desplazamiento, en sus 50 camarotes puede alojar hasta 96 pasajeros y 67 tripulantes.
En cuanto a su diseño, las principales novedades se reflejan en su casco reforzado y propulsión.
Calificado como Clase Polar 6, lo que le permite romper cuerpos de hielo de hasta 80 centímetros de grosor, el barco puede permanecer en la Antártica toda la temporada turística, que va de noviembre a abril.
A eso se suma que sus potentes motores híbridos, diésel-eléctricos, de 1.800 kilovatios, montados en dos propulsores azimutales (sistema que propulsa y dirige a la vez), no solo le permiten atracar o acercarse a tierra sin la ayuda de remolcadores, sino que lo impulsan a una velocidad crucero de 14 nudos (25,9 km/h).
De acuerdo con Asenav, este moderno sistema reduce en cerca de 25% el consumo de combustible y en 30% las emisiones.
Cruceros aéreos
Otra de las novedades que ofrece Antártica 21 (https://www.antarctica21.com/), es la posibilidad de viajar directamente entre el extremo austral de Chile y el Continente Blanco.
«En lugar de embarcar de inmediato y pasar largos días cruzando el Paso Drake para llegar a la Antártica, ahorrará tiempo con un vuelo de dos horas desde Punta Arenas», detalla la compañía en su página web.
Eso sí, aunque más corto que la travesía marítima, el viaje aéreo de casi 1.250 kilómetros entre la capital de Magallanes y la Base Aérea Teniente March, ubicada en la Isla Rey Jorge, no es menos espectacular.
«Este crucero aéreo, que ahorra tiempo, es cómodo e íntimo, y replantea la exploración polar si dispone de poco tiempo para viajar».
Una vez en la Antártica, los pasajeros son transportados en lanchas al crucero. Eso, debido a que la nave no vuelve a su base en Punta Arenas, hasta que se acaba la temporada turística.
«Nuestros viajes marítimos a la Antártica y las islas subantárticas son aventuras de lujo en plena naturaleza. ¡Imagínese un crucero de expedición! Todos estos viajes se realizan a bordo de nuestros pequeños barcos, con la sensación de estar en un yate privado. Nuestro pequeño barco de expedición le brinda acceso privilegiado a la Antártida, Georgia del Sur y las Islas Malvinas», asegura el operador.
Con esta estrategia, la compañía no solo puede vender más baratos los pasajes para el Magellan Discoverer y su hermano, el Magellan Explorer, los que parten en USD 5.795; sino que además integra a otros operarios turísticos de la zona, como la aerolínea local Aerovías DAP y varios hoteles.
Con esta estrategia, más otras, como la construcción del muelle en la bahía Fildes, en la Isla Rey Jorge, Chile avanza en el posicionamiento de Punta Arenas, como la capital logística de la Antártica.



