Pampa Concordia se ubica a 6 kilómetros de la frontera con Perú
Gloria Castro es una agricultora que apostó por diversificar los cultivos de ese sector, levantando un invernadero que protege a estas plantas de las inclemencias climáticas.
A aproximadamente seis kilómetros de la frontera con Perú está Pampa Concordia, zona de la región de Arica y Parinacota de la que muchos hablan como «el milagro del desierto». Ahí opera Agrícola San Pedro, una empresa familiar que lleva cuatro años enfocada en el cultivo de papayas tropicales.
Según dice Gloria Castro, una de sus fundadoras, la idea era diversificar la clásica producción de tomates, morrones y choclos que se da en ese sector. «Nosotros decidimos plantar alrededor de 700 plantas de papayas tropicales en un terreno de 3.400 metros cuadrados. Estuvimos trabajando alrededor de un año y medio, luego de lo cual paramos la producción. Durante 2024, en tanto, postulé a un proyecto de innovación de Corfo enfocado en mujeres para llevar la papaya a un invernadero y en marzo del año pasado trasplantamos un número menor de plantas -575- a ese espacio interior».
Para el cuidado de las plantas, en Agrícola San Pedro utilizan distintas herramientas tecnológicas. «Este tipo de papayas requieren una humedad relativa entre el 60% y el 80%, lo que es un desafío lograr. Sus palmeras crecen muy bonitas al aire libre y para lograr resultados similares en un invernadero hay que preocuparse de muchos detalles. Por eso tenemos un sensor de humedad en el suelo e instrumentos para medir la temperatura, entre otros. Eso nos permite observar constantemente las variables que son vitales para que los frutos se desarrollen bien en este entorno desértico donde el recurso hídrico es escaso».
¿Cuáles son las principales diferencias con las papayas que se dan en la región de Coquimbo?
«Una gran diferencia es el tamaño. Las que uno compra en La Serena son pequeñas, mientras que las papayas tropicales pueden pesar un kilo y medio, dos kilos e incluso sobre los tres kilos. Trabajamos la que se conoce como Passion Red, que tiene un color entre rosado y rojo. En cuanto a su forma, hay unas que son alargadas -las hermafroditas- y otras más redonditas, que se llaman femeninas. Y estamos hablando de un fruto muy sabroso».
Gloria Castro comenta que desde el mes de febrero a la fecha han cosechado 28 toneladas de papayas tropicales. «A diferencia de otros productos, que se plantan en un determinado mes, al tiempo viene su cosecha, después la venta y se cierra la temporada hasta el próximo año, acá hay un trabajo constante. Eso sí, hay que esperar entre nueve y diez meses para obtener la primera cosecha de la planta, pero después de eso constantemente entrega frutos».
¿Y cuáles son sus canales de venta?
«Mi esposo (Feliciano Limarí) va al terminal de acá de la zona a vender las papayas y son los distribuidores los que generalmente las compran. De hecho, en general antes de llevarlas ya están vendidas, nos hacen encargos de cuatro, cinco o seis cajas así que en el terminal se van rapidito. Gracias a eso, sabemos que nuestras papayas han llegado a Iquique, a La Serena, Santiago y Talca».
Castro agrega que a este punto de venta suelen llevar entre 30 y 50 cajas, cada una de las cuales pesa alrededor de 15 kilos. «En promedio, las papayas que tenemos actualmente pesan 1,5 kilos, así que estamos hablando de unas diez unidades por caja».
¿Cuáles son sus próximos pasos?
«Por un lado, seguir perfeccionando el manejo del clima. Hoy tenemos seis ventiladores industriales funcionando y un proyecto que estamos viendo es comprar otro tipo de malla para el invernadero, que concentran muy bien la temperatura. Por otra parte, nos gustaría dentro de poco tener nuestra propia marca, que las cajas que vendamos lleven ese nombre para que la gente nos reconozca como los productores de este tipo de papayas».


