Roberto Prat recuerda cómo sacó en Coyhaique la foto soñada de un martín pescador
Su canto me indicó por donde tenía que estar. Él me avisó que estaba ahí, cuenta.
Así relató lo que ocurrió el 28 de julio del 2025: «Quedaron atrás aquellos días en que simplemente no pude salir: la nieve acumulada y lo peligroso que resulta moverse fuera de la ciudad hacían imposible intentarlo». El sitio en internet del Canal 26 de Argentina lo destacó esta semana: «Dedica su trabajo a captar diferentes especies en su hábitat natural y la imagen de esta escurridiza ave se ha convertido en un verdadero hito de su carrera».
Prat llegó desde Santiago a vivir a Coyhaique y su pasión se moldeó con el entorno de belleza indomable. «Acá empecé de lleno el tema de la fotografía de naturaleza. Venía con la intención de hacer fotografía de paisaje. Entonces empecé a salir a buscar paisaje y al momento de hacerlo encontré también muchas especies que yo no conocía», explica a Las Últimas Noticias.
De todas las aves que ha visto en su nuevo hogar, la que más le ha asombrado es el martín pescador, de cabeza azulada y pecho rojizo. «La verdad es que quedé encantado con él. De hecho, es mi ave favorita de acá de Chile. Si bien tenía fotografías muy buenas, existía ese deseo interno de querer fotografiarlo en la nieve y acá en Coyhaique se podría dar la oportunidad», cuenta.
El año pasado se sentía muy frustrado.
Había nevado, pero muy poco, y siempre cuando él estaba trabajando. Vivía revisando cómo iba a estar el tiempo, hasta que la mañana de un sábado, justo cuando él estaba libre, lo consiguió. «Amanezco en la mañana muy temprano, me voy a lavar los dientes, miro por la ventana y estaba todo con nieve. Me bañé, me cambié de ropa y salí al tiro, salí a buscar a Martín», recuerda. Sí, así lo llama. «Es como de cariño, Martín y Martina, macho y hembra, les digo. Mi hijo y mi señora también lo hacen», asegura. Se subió a su auto y condujo hasta Tejas Verdes, un balneario en el Río Coyhaique, en las afueras de la ciudad.
«Había pasado por ese sector y lo escuché cuando él vocalizó. Me volví y su canto me indicó más o menos por donde tenía que estar. Él me avisó que estaba ahí», asegura. Durante unos 45 minutos, el martín pescador estuvo parado en una ramita o «perchando», a unos 35 metros de Roberto, quien esperaba detrás de un arbusto con un trípode con su cámara.
«Más o menos escondido», describe: nada de camuflaje ni horas sin moverse.
«Los martines pescadores generalmente tienen ramitas que son como sus regalonas, donde generalmente se perchan para esperar a ver los peces. Era una percha la que él tenía ahí», cuenta. Cuando ven al pez, se lanzan en picada para cazarlo. Este invierno Prat también buscó a Martín en la nieve, para reproducir lo que sintió hace un año. «Esta fotografía es el resultado de toda esa espera.
Un encuentro que imaginé muchas veces y que finalmente ocurrió en medio del invierno, cuando la nieve transformó el paisaje en algo casi irreal», cierra.


