Pronósticos apuntan a que en enero y febrero sufriremos temperaturas infernales
¿Sueña con Cabo Verde? Hay conexiones directas desde Brasil.
No es por ser alarmistas, pero dicen que el verano 2027 en Chileno será algo sofocante. La Dirección Meteorológica confirmó el despliegue del fenómeno de El Niño en el Pacífico y anticipa que se intensifique en la temporada estival, con máximas sobre lo normal entre noviembre y febrero. Hay meteorólogos que no descartan que durante las olas de calor Santiago y la zona central se acerquen o superen los 40 grados.
Para quien prefiera no pasar febrero pegado al ventilador, existen destinos con playa donde el termómetro se va a portar mejor. Y para este Travel Sale, que dura hasta el miércoles, algunos cuestan menos que pagar un aire acondicionado.
Punta del Este
Es la alternativa más cercana para quienes quieren sol y arena sin el calor pesado del Caribe. El influencer Lucas Salazar recorrió este verano Colonia, Montevideo y el afamado balneario uruguayo. «Las temperaturas se mantienen más o menos entre 25 y 27 grados, que es muy agradable. Hay sol y calor, pero también aparece el viento, lo que le suma un poquito más a Punta del Este», evalúa.
Por su ubicación costera, el tiempo puede cambiar durante el día y las ráfagas son frecuentes, algo que Salazar compara con parte del litoral chileno. La diferencia, dice, es que durante sus días de viaje las bajas de temperatura no obligaban a terminar temprano la jornada.
«Puedes recorrer todos los sectores sin tener que estar tan abrigado. Ese clima genera también que la gente haga más vida social en la calle, que los bares estén abiertos y que den más ganas de salir», destaca Salazar: aunque advierte que este destino es más caro que otros de Latinoamérica, lo considera una experiencia que vale la pena probar al menos una vez.
Arraial do Cabo
A unas dos horas y media de Río de Janeiro, Arraial do Cabo ofrece una combinación poco común en Brasil: playas con aguas color turquesa, mucho sol y temperaturas más contenidas que en el nordeste. En enero las máximas suelen rondar los 27 grados y la brisa ayuda a moderar el calor. El mar es más fresco por las corrientes de la zona, lo que también favorece su fama como destino de buceo.
Cercano a Cabo Frio y Búzios, Arraial permite moverse entre distintas playas sin entrar en el ritmo más intenso del Carnaval y de los balnearios más fiesteros. Fran Cortés Monroy, influencer de «Los Patiperros», destaca que incluso los chubascos son agradables. «Puede llover, esas típicas lluvias de Brasil de verano, pero normalmente son lluvias cortitas. Es un buen clima, sí, totalmente», opina.
Cabo Verde
En este archipiélago situado frente a la costa de Senegal, antigua colonia portuguesa, el turismo de playa se concentra en las islas de Sal y Boa Vista. En enero y febrero, Sal se mueve normalmente en torno a máximas de 24 a 26°, con muy poca lluvia, bastante sol y viento permanente. No registra las temperaturas sobre 30° ni la humedad abrumadora de otros destinos tropicales.
Cabo Verde está especialmente de moda entre los brasileños. Un levantamiento de Booking.com realizado este año mostró que sus búsquedas hacia el país africano aumentaron 909% frente al mismo periodo de 2025, el mayor crecimiento entre los destinos internacionales analizados. La conexión tampoco es casual: además del idioma, los lazos históricos y la fama mundialista (Vozinha incluido), desde mayo volvió a operar, después de seis años, el vuelo directo entre Recife y Praia (capital caboverdiana), con dos frecuencias semanales y unas cuatro horas de trayecto.
Para un chileno aparece así otra posibilidad: en vez de cotizar todo desde Santiago, se puede armar la ruta llegando primero a São Paulo o Río de Janeiro.
Jericoacoara
En Brasil, a unos 300 km de Fortaleza, Jericoacoara aparece entre dunas, lagunas y playas abiertas al Atlántico. Aunque está en pleno nordeste brasileño, el verano no es necesariamente tan agobiante como uno podría imaginar: en enero y febrero las máximas promedio rondan los 28° y el viento constante de la costa ayuda a refrescar el ambiente. Esa combinación explica también por qué la zona es tan buscada para practicar kitesurf y windsurf.
Coni Fueyo, periodista e influencer de viajes, estuvo allí en noviembre y recuerda días mucho más calurosos, pero destaca justamente ese efecto. «Son playas ventosas, lo que ayuda con el calor». Más allá del termómetro, dice que Jericoacoara tiene algo difícil de encontrar en otros balnearios brasileños: «Es como una mezcla entre el Caribe y África», cuenta sobre este pequeño pueblo entre dunas y mar, donde «la gente está muy conectada con el ritmo de la naturaleza».
Extremo austral
En enero y febrero, una alternativa para evadirse del calor son los cruceros que recorren los canales de la Patagonia, el Cabo de Hornos, Punta Arenas y Ushuaia. Algunos itinerarios unen San Antonio o Valparaíso con Buenos Aires y duran entre una y dos semanas, mientras que los barcos de expedición parten desde Ushuaia hacia la Antártica.
La gracia para quienes evitan el calor es que buena parte del trayecto se realiza entre fiordos, glaciares y puertos australes, con temperaturas moderadas, viento, nubosidad y lluvias intermitentes. El paisaje puede observarse desde salones interiores o camarotes con ventana, sin pasar todo el día en cubierta. Eso sí, en la Antártica hay muchas horas de luz y el reflejo sobre el hielo obliga a usar protección solar, aunque el cielo esté cubierto.