La odisea detrás del Caballo de Troya que construyeron 90 estudiantes de la U. de Chile

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Usaron dos toneladas de madera para fabricar uno de los símbolos más célebres de la antigüedad

El proyecto nació en un curso electivo y culminó con el montaje de una réplica de cinco metros, levantada por los propios alumnos.

Aunque Ulises nunca apareció y esta vez no había murallas que sortear, el mítico Caballo de Troya volvió a protagonizar una hazaña colectiva. Lo que en la leyenda tomó diez años de guerra, hoy requirió algo más de tres horas de trabajo para que los estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Chile levantaran una estructura de madera de cinco metros de altura, inspirada en una de las historias más célebres de la mitología griega.

En el montaje final no hubo grandes maquinarias ni sofisticados sistemas de elevación. Los estudiantes usaron cuerdas, poleas improvisadas y fuerza humana para trasladar e instalar las distintas piezas a pulso. Solo el cuerpo del caballo, el componente más pesado de toda la estructura (cerca de 500 kilos), necesitó el apoyo de una grúa horquilla para ser elevado hasta unos tres metros de altura, donde lo encajaron sobre las bases ya montadas.

La monumental figura nació en el curso electivo «Construcción en Madera de Oficio Carpintero», una asignatura que busca acercar a los estudiantes al trabajo manual y a los procesos constructivos reales. El proyecto movilizó a alumnos de tercero y cuarto año durante dos semestres.

«Hay alrededor de 90 estudiantes involucrados directamente en la obra. El propósito general es promover el diseñar construyendo. Queremos que los alumnos puedan poner las manos sobre la madera y tomar decisiones para que una obra se haga realidad», señala Gabriel Fellmer, profesor asociado del Instituto de la Vivienda de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.

El desafío también requirió una importante cantidad de materiales. La empresa forestal Yukón, de la Región del Maule, donó dos toneladas de madera de pino cepillado para el proyecto. «Quisimos demostrar que con este material se puede realizar una obra de alta envergadura. Cada pieza fue trabajada por los estudiantes y transformada en componentes laminados y contralaminados», explica el académico.

El proceso estuvo lejos de ser simple. Las cerca de 150 piezas originales debieron ser cortadas, pegadas, prensadas y, en algunos casos, curvadas mediante humedad y vapor. Los alumnos tuvieron que construir sus propios sistemas para moldearlas. Como terminación le aplicaron una pintura para proteger la madera.

Por qué el caballo

La idea original surgió de Diego Montoya, el profesor del curso, quien buscaba una obra capaz de mostrar las posibilidades expresivas y estructurales de la madera, además de captar la atención del público. «Siempre vemos que para este tipo de actividades se hacen pabellones o estructuras más tradicionales. Pensamos que un Caballo de Troya permitiría visibilizar de mejor manera el trabajo de los estudiantes y el dominio que estaban desarrollando sobre la transformación de la madera», comenta.

Su inspiración fue La Odisea, la película de Christopher Nolan. A partir de ella se le ocurrió que el caballo permitía experimentar con múltiples técnicas constructivas en una sola obra. «También es una excusa para mostrar todas las transformaciones que puede tener la madera. Curvarla, aumentar secciones, torcerla o hacer distintos tipos de uniones, todo eso forma parte del aprendizaje», comenta.

Además de los conocimientos técnicos, el proyecto buscó recuperar una relación más directa entre los futuros arquitectos y los oficios de la construcción.

«La arquitectura ha perdido un poco esa sensibilidad con los oficios y nosotros estamos tratando de recuperarla. Queríamos que los estudiantes entendieran que detrás de cada diseño hay procesos materiales y personas que lo hacen posible», afirma Montoya.

Más que teoría

Para los alumnos, la experiencia significó enfrentarse a desafíos poco habituales dentro de la formación universitaria. Francisca Cerecera, estudiante de tercer año, destaca que gran parte del aprendizaje ocurrió fuera de los planos y las maquetas.

«Hemos tenido que aprender muchas cosas en la práctica, cosas que no nos enseñan en la teoría. Uno se da cuenta de que lo que diseña en el papel finalmente alguien tiene que construirlo, y eso te hace valorar mucho más todo el proceso», cuenta.

Más que el peso de las piezas o el trabajo físico, la principal dificultad estuvo en coordinar a decenas de personas durante meses. «Lo que más costó fue la organización. Es difícil trabajar en equipo, pero al mismo tiempo fue un proceso súper lindo», reconoce.

«Ver las uniones, los tarugos, las terminaciones y saber que uno participó en eso hace sentir orgullo. Después uno va a mirar el caballo y va a decir: fui parte de algo más grande», asegura.

Una experiencia similar vivió Patricio Meneses. «Fue un proceso súper largo. Partimos trabajando la teoría y los detalles constructivos, y después vino toda la etapa de obra. Lo más complejo fue coordinarnos y entregar la posta a los alumnos que siguieron el proyecto en el segundo semestre», relata.

A su juicio, el Caballo de Troya terminó convirtiéndose en una evidencia de lo que los estudiantes son capaces de lograr cuando tienen la oportunidad de trabajar en proyectos reales. «Demuestra que somos capaces de hacer mucho más de lo que normalmente se piensa», sostiene.

La historia del caballo todavía no termina. Durante los próximos días será visitado por estudiantes del Colegio Tomás Moro, quienes preparan una representación teatral de La Odisea y querían conocer de cerca la estructura. Luego será desmontado y trasladado a ExpoCorma, en Coronel, para formar parte de una de las principales exposiciones ligadas al mundo forestal y maderero del país. Posteriormente, la idea es que se transforme en una muestra itinerante. No para transportar guerreros ocultos en su interior, como en el relato griego, sino para llevar a distintos lugares el trabajo y el entusiasmo de los jóvenes que lo construyeron.

5 METROS de altura tiene la obra. De ancho mide 2,5 metros.

La odisea detrás del Caballo de Troya que construyeron 90 estudiantes de la U. de Chile

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