Macarena Larraín corrió los 7K del Medio Maratón de Santiago tras sufrir un ACV en 2019
La ingeniera de 46 años completó la prueba en 58:40 sin haber entrenado distancias largas por una descompensación que sufrió el viernes.
Macarena Larraín (46) cruzó la meta de los 7K del Medio Maratón de Santiago en 58:40, poco más de un minuto bajo la hora que había proyectado. No pudo preparar la carrera de larga distancia porque el viernes sufrió una descompensación, pero nunca dudó. «Sabía que los dos últimos kilómetros se sentirían un poco más pesados, pero también sabía que la iba a terminar», dice.
Su «memoria cardiovascular», como le llama ella, le permitió correr los primeros cinco kilómetros sin parar. Luego llegaron la subida, el cansancio y el síndrome de pie caído, secuela del ACV de 2019. Al fatigarse, deja de levantar bien el pie izquierdo y puede tropezar. Su kinesióloga, Estefanía Aguilera, corrió con ella y, cerca del kilómetro cinco, le ayudó a elongar el cuádriceps para que retomara el ritmo sin caerse.
El viernes tuvo una baja de presión y temió que fuera el aura previa a una convulsión. Tras el alta, sufría cerca de una al año, aunque lleva dos años sin episodios. Toma anticonvulsivantes por las secuelas y ahora reduce la dosis por indicación médica. Descansó sin entrenar y el sábado usó botas de presoterapia para recuperarse.
Antes del ACV, la ingeniera en Administración de Recursos Humanos había completado tres veces los 42K de Santiago y las maratones de Chicago y Berlín. Su vida cambió a los 39 años, el 15 de julio de 2019, durante un fin de semana en Concón con su hija, Sofi. Tras sufrir una jaqueca insoportable, intentó levantarse y cayó. «Fue como si me hubiesen desenchufado. Ya había perdido el movimiento del lado izquierdo», recuerda.
Su hija, de 16 años en ese entonces, intentó ayudarla, pero Macarena «ya era peso muerto en el suelo», relata: había sufrido un ACV isquémico por una disección carotídea. Fue trasladada a Santiago y operada para descomprimir el cerebro. Pasó tres meses internada y debió aprender nuevamente a comer y realizar movimientos. Recuperar su vida deportiva y estar presente para su hija impulsaron su rehabilitación.
En marzo de 2020 volvió a correr: completó tres kilómetros sostenida por su kinesiólogo para no caer. En 2022 terminó otra vez el Maratón de Santiago en ocho horas y 40 minutos, más del doble de lo que demoraba antes. «Pero la corrí y la terminé», recalca.
Macarena quedó con una hemiparesia espástica izquierda crónica y perdió la dorsiflexión autónoma de ese pie. Corre con una órtesis que le permite levantarlo. «Sin ella no podría, me iría al piso», explica. Su rodilla izquierda se hiperextiende al caminar, mientras al trotar debe mantenerla flectada. «Por esa razón, para mí es mucho más cómodo correr que caminar», asegura.
Las largas distancias comenzaron a provocarle un edema óseo, porque su pie izquierdo no amortigua el impacto. Por eso se cambió al paraatletismo: entrena tres veces por semana y compite en 100, 200 y 400 metros planos. En pista corre solo dos o tres kilómetros por sesión y no preparó específicamente los 7K. Participó como embajadora de Actúa con Velocidad, campaña para reconocer los síntomas de un ACV.
La carrera, exclusiva para mujeres, se disputó este domingo alrededor del Estadio Nacional, por Ñuñoa y parte de Macul. La ecuatoriana Rosa Alba Chacha (43) ganó los 21K en 1:15:24, nuevo récord de la competencia, y la chilena Javiera Faletto (34) se impuso en los 7K con 25 minutos. Para Macarena, el registro fue 58:40. «La carrera estuvo entretenida y muy bien hecha. Terminé bien», celebra.


