El histórico arquero de la Roja, la UC, la U y Colo Colo ascendió a Tercera A con el Buenos Aires de Parral
El portero, a los 42 años, hace un repaso sobre las diferencias entre jugar en Primera división con en el fútbol amateur. Les digo a los jóvenes que esto sigue siendo un juego.
Paulo Garcés se disculpa. «Amigo, perdona por la voz. No puedo ni hablar. Grité toda la tarde y toda la noche». El arquero tuvo buenas razones para exigir sus cuerdas vocales al máximo hasta dejarlas con un tono ronco aguardentoso. Luego de la goleada por 5-1 a Deportivo Pumanque, a falta de tres fechas para el final del campeonato de Tercera B, el Buenos Aires de Parral se proclamó campeón, con Garcés como puntal del equipo. «Llevamos 23 partidos, con 11 goles en contra y con 16 arcos en cero», enarbola el futbolista nacido en Parral.
«Este es mi primer año de vuelta en mis tierras, porque soy nacido y criado en Parral. A los 13 años salí a probar suerte para ser jugador profesional en Universidad Católica», explica sin mencionar que fue campeón con Católica, Universidad de Chile, Colo Colo y con Chile en la Copa América 2015. «Bueno, fui el primer jugador en ser campeón en esos tres equipos y también en OHiggins», subraya.
¿Y cómo fue fichar en Buenos Aires de Parral?
«No fue una decisión fácil, porque estaba dejando atrás 23 años de fútbol profesional, más los cinco de fútbol formativo. Tuve ofertas de Primera, Primera B y de Segunda Profesional, pero tomé la decisión con el corazón, aunque siempre es importante el dinero, porque tengo familia y uno tiene que seguir alimentando a los niños. Y pienso que fue una decisión acertada volver a mi pueblo después de 27 años, con toda el agua que ha corrido bajo el puente, con un título único para la ciudad y salir campeón en la misma cancha donde me crié e hice mis primeras atajadas. Acá entrenaba solo a los ocho o 10 años, con todos los sueños por cumplir».
¿Cómo se llama esa cancha donde creció y que ahora fue campeón?
«Se llama Nelson Valenzuela Rojas, que es la cancha fiscal del estadio. Yo vivía a media cuadra del estadio y cuando era chico me tiraba por la pandereta. Llegaba del colegio, agarraba los zapatos de fútbol, los guantes y me iba al estadio toda la tarde a pelotear. De repente iba solo o con amigos».
¿Después de estar bajo todas las luces, en las primeras planas, con fama y en los mejores equipos de Chile, qué diferencias nota con el fútbol amateur?
«Esto es amor a la profesión. En el fútbol amateur los recursos son muy escasos. Te estoy hablando de las canchas para entrenar, donde de repente entrenamos con el barro hasta las rodillas, te hablo de los viajes, las comidas y las comodidades. Los hoteles no existen en estas divisiones, no existen, no hay. Pero ¿sabes qué? al final, jugar en todas las divisiones demuestra lo que es el amor a esta linda profesión. Y les digo a los jóvenes que esto sigue siendo un juego. Y este juego obviamente hay que tratar de jugarlo con las mayores responsabilidades posibles, porque el ser futbolista involucra un sacrificio tremendo».
¿A propósito de los sacrificios, a qué se refiere cuando habla de los viajes y de la comida en el fútbol amateur?
«Bueno, los viajes son en el día, aunque este año el cuerpo técnico y don Manuel Wills, que es el sostenedor del club, hicieron un esfuerzo tremendo para que el día antes podamos llegar a una cabaña, cuando el viaje dura más de cuatro o cinco horas en bus. Nunca hay avión. Partimos viajando en un bus chico, sin baño, sin nada, pero el alcalde Patricio Ojeda nos echó una mano y nos ayudó con un bus semi cama. Y en los equipos grandes hay buffet. Acá es el típico plato único, con entrada, que es lo que se come habitualmente».
Mucha gente piensa que sólo por ser futbolistas tienen todas las comodidades.
«La gente en ese aspecto está errada porque sólo ve lo que sale en televisión o en las redes sociales, que tiene que ver con los 50, 80 o 100 jugadores que fueron a Europa e hicieron una carrera tremenda, pero hay otros 1.000 jugadores, de diversas divisiones, que no han logrado lo que muestra la televisión».
Paulo Garcés vive en Parral con su esposa Joyce Castiblanco, y sus hijos Valentino (5), Paulo (14), Benjamín (15) y Florencia (20). Y luego de este logro revisará la decisión de retirarse, porque piensa jugar un año más, de acuerdo con los próximos exámenes médicos a los que se someterá, según explicó.


