Trabajador de Collipulli es un hit en redes sólo por un acto de bondad

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Luis Benavides les da comida a todos los perritos que llegan a su casa

«Lo que me motiva es que alguien me replique», asegura. Uno de sus videos, donde una de sus mascotas le «roba» la bolsa del pan a un vecino, suma 24 millones de reproducciones.
Luis Benavides tiene 40 años, es casado, tiene dos hijas, vive en Collipulli (Región de la Araucanía) y trabaja operando maquinaria. Con esa descripción alguien difícilmente pensaría que esa persona es un hit en redes sociales, pero lo es. Tiene más de 347.000 seguidores en TikTok (@luisbenavidesv) y más de 227.000 en Instagram (@luis_benavides_v) gracias a un contenido muy simple: decidió darle comida a todos los perritos, callejeros o no, que se acercan a su casa y a la hora que sea. Él mismo bromea que tiene un restaurante 24/7, pero es verdad.

Luis hace seis años que tiene a Oliver y Ginger, sus dos perros. Aparte, tiene a su gato Sheldon (ocho meses) y a Turrón, un hámster (cuatro meses). Los tres primeros suelen aparecer en los videos donde él, en primera persona, muestra a los canes que llegan a su casa y el momento en que los alimenta. «Yo salía con una mochila a darle comida a los perros que encontraba, pero eso no lo grababa», detalla sobre cómo partió todo.

A fines del 2024 decidió grabar a Oliver, ya que él tiene un curiosa capacidad: es capaz de ir hasta el negocio de la esquina y volver con cosas. Como suele ir con Luis, su «trabajo» es cargar la bolsa con el pan, pero también puede ir solo y por eso se le ocurrió pedirle un producto y que después el regalón llegara con uno nada que ver y mostrarlo en redes sociales. Ese era el contenido que estaba haciendo hasta que a fines del 2025 una inesperada visita hizo que todo girara.

«Venía con el Oliver de comprar pan y se acercó una perrita chiquita y le di comida. Vino dos o tres días días seguidos e hice la broma, le dije: Oye, tu crees que mi casa es un restaurante, porque los clientes vienen, comen y se van. Después pasó otro perrito que parece que pensó: ¿Qué pasa aquí?, están dando comida. Yo hablo con ellos y me respondo yo solo, jajajá». Así partió una dinámica que fue creciendo.

Después esa perrita pequeña, o clienta como le dice él, empezó a ir seguido. «Ahí la empecé a grabar y después llego otro, yo les digo: ¿Quién les pasa el dato? y me miran. Antes tenía un horario, pero empezaron a llegar a las 8 de la noche, a las 10 o a la 1 de la madrugada así que decidí abrir el restaurante 24/7», cuenta.

Luis aclara que no les da alimento barato. «Compro Bravery, Pet Family o Fit Formula y también compro medicamentos, porque empezaron a llegar algunos enfermos. Les compré ropa para ponerles, pero se las ponía y después aparecían sin ella, así que no lo hice más», relata y agrega que la «clientela» no es poca: «En un día le he dado comida a 20 perros. Una vez llegaron cinco de una y ahí se me complicó, jajajá. A todos les doy dos o tres porciones, si no quedan llenos se quedan mirando. Tengo como 10 platos y alimento para adultos, cachorros y de tamaño mediano. Afuera tengo una casita que yo construí y la ocupan. Cuando hay uno ahí le llevo desayuno a la cama y cada tres días limpio adentro y desinfecto».

Todo lo que hace obviamente le genera un gasto en dinero importante, pero Luis prefiere no revelar la cifra. Lo que sí cuenta es que en el último tiempo le llega ayuda de Chile y el extranjero. «La gente me empezó a preguntar si aceptaba donaciones y yo les decía que no, que muchas gracias pero después me vi un poco ajustado y dije que sí. La gente me aporta con lo que puede y yo les digo cuando se ayuda de corazón no es poco. Ahora se unió gente del extranjero: de Canadá, Estados Unidos, España, México, Noruega, Australia, Alemania… me mandan depósitos. Con eso cubro como el 15% por ciento, el 85% sigue siendo mío, porque también ha crecido la cantidad de perritos a la que hay que darle», revela.

Imagino que muchos seguidores llegaron después del video donde Oliver le quita el pan a un vecino (24 millones de reproducciones en TikTok).

«Sí, es que el Oliver siempre lleva la bolsa, es adicto a andar con bolsas, esa es su misión y no me deja traer el pan. Ese vecino es conocido del Oliver entonces cuando lo vio imaginó que le traía el pan, él se agachó a saludarlo y el Oliver agarró la bolsa y se trajo el pan de él (https://www.instagram.com/p/DT5JRR1DlIx/?hl=es)».

También ayuda que sus mascotas son muy sociables.

«Oliver y Ginger son bien sociables con los perritos. Yo les digo: Ellos no tienen la suerte que ustedes tienen. A Sheldon yo le digo que es el supervisor, porque cada perrito que llega va a mirarlo por si le ladra o no. El mira que se coman todo».

Más allá de eso, lo que usted hace es bastante pega.

«Es harta pega».

¿Y qué lo motiva?

«Lo que me motiva es que alguien me replique, me copie y haga lo mismo. Acá llega mucho perrito con dueño, que en la mañana los sueltan y en la noche los entran, pero yo no discrimino. La misión final es que la gente no bote sus animalitos a la calle. Quiero dejar de hacer esto, pero cuando no haya perritos en la calle y sus dueños los cuiden».

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