«Ver a mis amigos esperándome en la meta fue un regalo»

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Viviana Loncopán se emocionó al ganar los 160K del The North Face Endurance Trail

Entre sueño, ampollas y más de 9.000 metros de desnivel, se repetía: Olvídate de cuánto queda, avanza, avanza.

Al cruzar la meta, Viviana Loncopán se emocionó por ver a sus amigos y abrazó a sus compañeros del Team Anbessa: «Ver a mis amigos esperándome en la meta fue un regalo. Ellos también hacen la carrera con uno, entonces también se emocionan cuando llegas a la meta. No podía creer que estaba llegando, no podía creer que era la primera mujer. Llegué en un estado de hipersensibilidad, donde todo, hasta la luz me emocionaba». Las imágenes de su llegada a la meta del North Face Endurance Trail con lágrimas en los ojos se inmortalizaron con un video en el Instagram de la competencia.
La corredora de 41 años participa en circuitos de trail desde el 2014. «Empecé a correr y a competir en 10K. Siempre me he movido en deportes de ultradistancia, he hecho ciclismo de ultradistancia. La montaña me gusta mucho y siempre he hecho rutas de muchas horas», cuenta.
Cinco meses antes, preparó la prueba con el coach Francisco Muñoz, capitán del Team Anbessa: «En mi caso, empezamos a trabajar con mi entrenador hace como cinco meses», cuenta. Alternó bici, pista y cerro: «Desde la última Endurance del año pasado había corrido 80 kilómetros, porque esa era la distancia máxima. De ahí en adelante empecé a trabajar súper pautada con mi profesor. Se trabaja de forma progresiva el volumen y yo particularmente entreno bici, pista y cerro. Es un trabajo complementario para cuidar las articulaciones, con velocidad y resistencia, que es hacer muchas horas en cerro los fines de semana»,
El volumen semanal iba «desde 10 hasta 20 horas, por lo menos lo que yo alcancé de entrenamiento semanal». A la vez, trabaja a tiempo completo en su empleo de oficina en el área de administración: «Igual puedo manejar mis tiempos. En semanas de más carga, cuando tengo teletrabajo, es despertar muy temprano, salir a hacer una hora, volver, trabajar, escaparte en la hora de colación, otra hora y después ver en qué minuto haces el PF o salir otros 40 minutos, dependiendo de cuánto es el volumen que se tenga que juntar esa semana».
«Al principio todas las punteras se escaparon y yo confié netamente en que era una carrera de muchísimas horas y que no sacaba nada con apurar o tratar de alcanzarlas. Fui simplemente corriendo a una velocidad que me permitiera sentirme cómoda, pero que no me quedara tan atrás», relata sobre la competencia. Más tarde las posiciones cambiaron: «Recuerdo haber pasado a dos de esas corredoras, después nos volvíamos a pasar, después me pasaban y así nos íbamos. Estuvo bien divertido al principio».
En el kilómetro 90 llegó a un punto de abastecimiento junto a dos de sus rivales: «Me cambié estratégicamente de calcetines y zapatillas, porque eso te da como un refresh. Ya tenía un pie con ampollas, y me hicieron una cura. Ahí salí lo más rápido posible y me sirvió, porque me pude alejar de ellas».
En el kilómetro 100 vivió su momento más difícil: «Me llegó todo el sueño en una pendiente súper fuerte, en un filo. 
En ese momento sólo tienes que seguir, se escucha fácil, pero es lo único que puedes hacer: tienes que seguir. No es una opción sentarme a dormir, hay que moverse igual y seguir, aunque bajas mucho el ritmo y empiezas a caminar más lento». El amanecer la reanimó: «Tuve la suerte de que ese sueño me llegó justo en el amanecer. Sentí un golpe de energía que me fue quitando el sueño de manera importante. En el punto de abastecimiento pude tomarme un café súper cargado, y eso me volvió a la vida».
En la última vuelta la subida y bajada se hicieron insoportables: «Salir y ver cuánto te quedaba desde lejos, se hizo insoportable. Ya había fatiga para subir, llevábamos más de 9.000 metros de desnivel positivo. Pensaba: Tengo que llegar allá y después bajar todo esto, cuando las bajadas dolían mucho, con heridas y ampollas en los pies. Me repetía olvídate de cuánto queda, avanza, avanza, avanza. Me concentré solamente en avanzar», relata.
Dos años antes, su intento de lograr las 100 millas terminó en el kilómetro 60: «Es que no las preparé a conciencia. 
Juré que iba a llegar con un entreno casi recreativo y sin ninguna pauta. Me contracturé al tiro, como en el kilómetro 10 y después abandoné en el 60. Ahora la carrera sí fue preparada, fue monitoreada por mi profesor, es clave estar con un entrenador». Gracias a eso, esta vez no sólo cruzó la meta: lo hizo en el primer lugar y no pudo contener la emoción.

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