Alerta del Instituto de Salud Pública por productos vendidos en sex shops e internet
Advierten que consumirlos sin saber qué contienen y sus dosis puede provocar desde mareos hasta problemas cardiovasculares graves.
A simple vista parecen sobres de miel premium. Los envases dorados muestran panales de abejas o caballos y nombres que evocan potencia, energía o virilidad. En internet incluso se venden cajas de 10 pequeños sachets por $49.990. Pero el contenido dista mucho de un alimento natural como promete el envase: el Instituto de Salud Pública (ISP) detectó que varios de estos productos contienen fármacos para la disfunción eréctil ocultos entre sus ingredientes. De natural, poco.
La alerta fue emitida este lunes luego de una fiscalización realizada por el ISP y la Seremi de Salud Metropolitana en locales del centro de Santiago, del tipo sex shop. En el operativo se decomisaron 17 productos comercializados como suplementos alimenticios. Los análisis confirmaron la presencia de sildenafil, tadalafilo y, en algunos casos, también paracetamol. Además, se encontró cafeína.
«En general estos productos ingresan al país como alimento de alguna forma, por eso les ponen nombre de miel, para que puedan ingresar como tal. Pero en la práctica, su contenido es principio activo farmacéutico», explica Sergio Muñoz, jefe del Subdepartamento de Autorizaciones e Inspecciones del ISP.
El especialista agrega que al presentarse como alimentos eluden las exigencias que rigen para cualquier medicamento. «Se saltan todo este mecanismo regulatorio. Si tuvieran declarado un principio activo farmacológico, deberían tener la autorización del Instituto de Salud Pública para comercializar mediante un registro sanitario», afirma.
Riesgos
El sildenafil y el tadalafilo son medicamentos utilizados para tratar la disfunción eréctil y también la hipertensión arterial pulmonar con otras dosis.
«Estrictamente, relaja los músculos de los vasos sanguíneos y así mejora la irrigación sanguínea a nivel genital, lo que se traduce en una mejor erección. Ese es el efecto farmacológico del producto», explica Muñoz.
El principal peligro en este caso es que quienes los consumen creen estar frente a un alimento.
«El usuario desconoce completamente su contenido y su concentración. El riesgo es que las personas lo vean como un alimento simplemente y puedan agregarlo, incluso mezclándolo, a una bebida alcohólica. Como piensan que es alimento, pueden aumentar mucho la dosis, agregar dos o tres, y puede haber un riesgo por la alta concentración de estos principios activos», señala.
«Los efectos secundarios pueden ser dolor de cabeza, visión borrosa, enrojecimiento facial, y en altas dosis puede haber mareos y caídas», agrega.
Según la alerta del ISP, además de esos síntomas, el consumo de estos productos se ha asociado a eventos cardiovasculares graves, como infarto agudo al miocardio, angina inestable, arritmias ventriculares, accidente cerebrovascular e incluso muerte súbita cardíaca, especialmente cuando se utilizan sin supervisión médica o en personas con enfermedades de base.
«Las personas que tienen algún otro tipo de enfermedad basal siempre tienen mayor riesgo cuando utilizan un medicamento en dosis que no son las recomendadas», dice Muñoz. «En personas de edad avanzada puede ser muchísimo más notorio. Y en personas de tercera edad que no tienen una masa muscular muy alta, el efecto es mucho más marcado».
Otro factor de riesgo son las interacciones con otros tratamientos. «Estos medicamentos siempre tienen que ser indicados por un médico, porque pudiera tener una contraindicación con otro tipo de medicamentos, principalmente algún antihipertensivo», explica.
Otro idioma
El especialista también llama a desconfiar de cualquier supuesto suplemento que prometa efectos propios de un medicamento. «Un alimento es solamente un producto que suplementa una dieta. Si es un alimento, no puede producir ningún otro tipo de efecto. Difícilmente jun alimento va a mejorad la disfunción eréctil», sostiene.
Otra señal de alerta está en el etiquetado. «Muchos son importados y vienen con etiquetas en idiomas extranjeros, como tailandés, chino o árabe. Esa ya es una señal para sospechar», concluye.


