La pesista ha dado una muestra de entereza y con nuevo look tras un periodo complicado en su vida
La ex campeona del mundo vivió momentos muy complejos, con depresión posparto y separación incluidas. Hoy, a sus 34 años, luce una imagen renovada luego de recuperar su autoestima. Incluso no descarta volver a las competencias.
Han pasado casi dos años desde que María Fernanda Valdés (34) dejó en silencio su exitosa carrera en las pesas, que alcanzó su peak en 2017 cuando se coronó campeona mundial en la modalidad de envión en la cita celebrada en Anaheim, EE.UU., luego de haber alcanzado sucesivos diplomas olímpicos en Londres 2012 y Río 2016. Y tras convertirse en madre hace cuatro años y enfrentar duros momentos personales, hoy muestra una nueva versión y cuenta el largo camino que recorrió para lograrlo.
«El cambio es más que nada en lo personal, en quererse un poquito más, en atreverse y salir ya del buzo de competencia, y ponerse un poco más ad hoc a ser más mujer. No quiere decir que cuando uno es deportista no lo es, pero en mi caso es como empezar a visibilizar más el otro aspecto. Como que uno anda más desaliñada o por lo menos yo era así. Estaba más dedicada a entrenar que a otras cosas», destaca sobre el cambio físico que experimentó en los últimos meses (ver fotos en https://s.lun.com/lun979).
¿Qué destaca de esta nueva Fernanda?
«Uf, la última vez que me pesé había bajado más de 25 kilos. Cuando competía estaba en 86, pero después del embarazo llegué a pesar… Mejor no digo cuánto, pero estaba en tres dígitos. El embarazo y luego la depresión posparto generaron mucho revuelo en mi cuerpo».
¿Qué fue lo más duro de estos últimos años?
«Fue todo un cambio porque llegaron la depresión, la separación… Fue como un terremoto, pero ahora siento que la Fernanda 2.0 está respirando. Incluso hace mucho tiempo no subía una publicación a mis redes porque no aceptaba cómo me veía. Hoy ya me siento más segura, más tranquila con mi cuerpo, más completa. Me empiezo a gustar y a quererme de nuevo».
Una separación siempre es difícil.
«Sí, la relación se terminó luego de 15 años, pero la separación se dio en buenos términos. De hecho, con mi ex somos muy buenos amigos. Jorge como papá es un 7, me saco el sombrero por él. Tenemos tuición compartida, así que la Raffaela, que ya tiene 4 años, está una semana conmigo y otra con su papá. Ellos tienen un vínculo súper lindo, al igual que ella conmigo, y considero justo que ambos tengamos los mismos derechos de pasar tiempo con nuestra hija».
¿Cómo ha llevado el retiro?
«Ya son casi dos años de ese paso, pero estamos viendo si vuelvo. No es algo que me motive mucho todavía como para decir Sí, voy a volver con todo. Es algo muy incierto todavía, solo que lo hablamos con el profe más en la onda de Intentémoslo. Pero nada más. Sigo entrenando. Es más: nunca anuncié que me había retirado, como que me fui nomás».
¿Qué influyó en esa decisión de irse?
«La depresión posparto me agarró muy fuerte. Llegó el momento en que sentía que el gimnasio me hacía más mal que bien, así como que no era capaz de salir a flote. Pero cuando salí de todo eso, es cuando empezó de verdad mi sanación. Entrar a trabajar con la gente de la UGED (Unidad de Grandes Eventos Deportivos, del IND), tener otro tipo de motivaciones, el trabajo, la vida social… Todo eso influyó en que lentamente vaya saliendo de todo lo que estaba viviendo. Fue como un nuevo aire para volver a comenzar. Soy ingeniera civil industrial y ahora estoy haciendo un MBA».
¿Siente que recuperó su autoestima?
«Efectivamente, porque con todas las tormentas que he pasado me replanteé si estaba haciendo lo correcto. Y ahí vienen todos los cuestionamientos, los miedos…».
¿Quién la ayudó en este proceso de sanación?
«Todavía estoy en ese proceso, pero le doy muchas gracias a la gente con la que trabajo actualmente, porque más allá de ser compañeros de equipo, hemos hecho una afinidad muy grande. Están siempre pendientes, porque todavía hay altos y bajos».
Y ahora se volvió rubia…
«Sí, me encanta. En todo caso, nací rubia, pero con el tiempo el pelo se va oscureciendo, aunque durante la depresión posparto me lo oscurecí. Estaba como enojada conmigo misma y no quería ser ya rubia».
¿Siente que fue muy dura consigo misma?
«Sí, totalmente. Siento que uno muchas veces no dimensiona la autocrítica y se está autodestruyendo».
Usted siempre fue muy autocrítica: salía campeona del mundo y decía que no estaba conforme. Obtuvo dos diplomas olímpicos (al ser top 10) y decía que había fracasado…
«Siempre, porque sentía que no había logrado mi objetivo. Y ese es un gran defecto que tengo, de no ser capaz de gozar el resultado. Me hubiera gustado tener una medalla olímpica y se me fue por nada. Y sentía que en Tokio era el momento, pero pasó lo que pasó (N. de la R: sufrió una grave lesión en el hombro derecho a pocos días de viajar a la cita). Dios sabe por qué pasan las cosas y hoy se pueden decir mil cosas, pero doy gracias a la vida porque uno aprende de los errores, de las caídas, de las victorias y siento que hoy soy una mujer más completa, más llena… Y ahora soy feliz con cada pequeña cosa que me pasa».
¿Su hija fue clave en su proceso?
«Es una niña tan bonita, tan dulce… que uno la mira cuando está choreada con la vida, y ahí dices: Ya, ok, voy. Ella es mi motor».


