La sorprendente historia del condecorado con la medalla al valor

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El capitán Alejandro Araneda y su patrulla rescataron a cinco recién nacidos

Sentimos que el camión se volcaría. Si nos volcábamos, las guaguas morían, cuenta.

En marzo de 2015 un feroz temporal provocó un aluvión que arrasó con Copiapó, convirtiendo sus calles en devastadores ríos de lodo y escombros. La ciudad se convirtió en una pesadilla de emergencias, todas graves y simultáneas, pero hubo una que fue particularmente dramática.
El Hospital Regional de la ciudad se había quedado sin luz; en el sector de neonatología había cuatro guaguas prematuras y una recién nacida que debían ser trasladadas de urgencia a la Clínica de Atacama, que quedaba a unas 20 cuadras.
Como no había electricidad, las incubadoras funcionaban en base a unas baterías cuya carga estaba destinada a acabarse. Eran criaturas con 14 días de vida, una de las cuales tenía una malformación respiratoria y se mantenía viva con un respirador artificial.
Al lugar llegó el entonces subteniente del Ejército Alejandro Araneda al mando de una patrulla del Regimiento de Infantería N° 23 Copiapó. «Llegamos en un camión y subimos una primera incubadora con tres guaguas prematuras, con el agua corriendo a nuestros pies, y aún lloviendo intensamente», cuenta. «Nos fuimos recorriendo las calles muy lentamente, pero en cierto momento empezamos a sentir que algo golpeaba el camión. Eran escombros del aluvión.
En cierto momento sentimos que el camión se volcaría a la derecha. Si nos volcábamos, las guaguas morían, y probablemente nosotros también. Lo que hicimos fue cargarnos todos a la izquierda para estabilizar el camión».
Una vez trasladadas esas tres primeras guaguas, la patrulla volvió al Hospital Regional a buscar a otra guagua prematura en incubadora y a una recién nacida, que fue trasladada en brazos en la cabina. En total la operación demoró más de tres horas.
Once años después, el ahora capitán Aravena, en representación de la patrulla que comandó en aquella ocasión, recibió, en un acto que por primera vez se otorga en una parada militar, la medalla al valor.

«Hoy esas guaguas tienen 11 años y llevan una vida normal», cuenta el capitán Araneda. «No sé, uno en ese instante pone la mente en blanco y actúa. No se fija en nada. Recuerdo que cuando terminó la jornada, nos dimos cuenta que teníamos los brazos desgarrados».

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