De regreso con su padre Mirko, revela su vínculo con Chile a pesar de la distancia
En estos días he visto llorar mucho a mi padre y eso no lo hace muy seguido, cuenta la hija del ex entrenador de Colo Colo.
Lana Jozic tenía claro que volver a Chile iba a ser un carrusel de emociones, pero se quedó corta. «Tonci, mi marido, sabía del cariño de la gente, porque en Croacia siempre están yendo personas a pedirle una foto o un autógrafo a mi papá. Pero acá ha sido tanto el amor que nos han dado que veo a mi esposo riendo y llorando muchas veces», cuenta la hija de Mirko Jozic. Ella ansiaba como nadie volver a caminar por un Santiago del que al menos en espíritu nunca se fue del todo (ver fotos en https://s.lun.com/lunini).
La última vez que Lana viajó a su segunda patria, como ella la llama, fue en 2012. «Ha pasado harto tiempo, pero siento como que nunca me fui. En Croacia yo veo noticias de Chile, sigo las teleseries y hasta me sé los últimos cahuines de la farándula, como el escándalo de la Coté López», agrega la heredera del entrenador que ganó con Colo Colo la Copa Libertadores de 1991. Lana advierte que en su casa de Split, ciudad que baña el mar Adriático, hasta hoy se habla «chileno».
«Yo tenía siete años cuando llegamos a Chile y fui al colegio acá. Estuve en el Compañía de María de Apoquindo y por eso me siento de acá. La familia Menichetti, por ejemplo, para mí es como mi propia familia y la Fran, la hija del tío Eduardo, es mi mejor amiga», dice. La hija de Jozic es corredora de propiedades en Croacia y, entre otras cosas, ayuda a conseguir casa a chilenos que emigran a Europa.
¿Cómo han sido estos días en Chile, Lana?
«Ha sido todo demasiado emocionante. Para mí esto no es tan nuevo, porque estoy acostumbrada a que me escriban chilenos de todo el mundo y palpo el cariño a diario, pero para mi esposo e Ivano, mi hijo, superó todo lo que podían imaginar».
Mirko también se ha visto muy emocionado.
«En estos días he visto llorar mucho a mi padre y eso no lo hace muy seguido. Creo que está un poco superado por las emociones, porque no esperaba que se le acercara todo el mundo. Hasta gente de la U y la Católica le ha pedido fotos. Y lo más lindo es que se le acercan niños que no habían ni nacido el 91 y nos damos cuenta de que en estos más de treinta años el cariño sigue intacto».
Quizás su papá debió venir antes.
«Él siempre quiso, pero muchas cosas fueron difíciles para él en estos últimos veinte años. Pero te puedo asegurar que nunca dejó de amar a Chile. Nunca dejó de estar ahí, sólo que no físicamente».
¿E Ivano, su hijo, qué le dice de esta primera vez en Chile?
«Le encantó. Con decir que al día siguiente de que llegamos Ivano me dijo: ¿y si vendemos todo y nos venimos a vivir a Chile?».
¿Y se vendría?
«Yo creo que sí. Ojalá ahora me den la nacionalidad chilena (la diputada Marisela Santibáñez anunció una moción para tramitar la nacionalidad por gracia para Mirko y Lana Josic). La otra vez que que estuve apliqué un par de ocasiones, pero no me la dieron. Espero que esta vez sea diferente. De verdad, la mitad de mi vida está en Chile, tengo muchos amigos del colegio y aún hablo con la Malú, mi vecina. Tal vez lo más difícil sería por Ivano, que no habla español y le cuesta un poco comunicarse».
Pero es cosa de que le enseñe.
«Sí, y no es tan difícil tampoco. En Croacia nos juntamos con muchos latinoamericanos y chilenos. Tonci, por ejemplo, aprendió. O sea, no habla, pero entiende casi todo. Además acá están fascinados hasta con las comidas».
¿Qué han comido?
«Les encantaron las cazuelas, la de carne. Y bueno, las empanadas ya las conocían, porque tengo unos amigos chilenos que tienen un puestito en Split y las preparan divinas».
Usted habla como chilena.
«Sí, soy chilena de corazón. Y como me junto mucho con chilenos en Split uso el sipo, el cachái y, por supuesto, los garabatos. Yo no hablo español, hablo chileno, jaja».
Quién sabe entonces si algún día vuelve a vivir acá.
«Ojalá, me gusta, me encantaría, la verdad. Lo único que me duele de este momento tan feliz que estamos viviendo es que Mateo, mi hijo mayor, no pudo acompañarnos».
¿Qué le pasó?
«Él entró a la universidad y no lo dejaron venir. Eso fue bien fuerte para mi papá, porque lo que él más quería es que Mateo e Ivano vivieran todo esto y sobre todo ir al estadio».
¿Pero cómo no lo dejaron?
«Mateo entró a estudiar Business and Management y por más que suplicamos no lo dejaron. Las universidades son bien rigurosas en Croacia, no así tanto el colegio. Ivano va a Harfa, donde nos dijeron que ellos preferían que el niño atesore recuerdos. Fueron muy bacanes con nosotros y le dieron permiso. Y eso que en septiembre estaba partiendo el año escolar. Ivano va a quinto básico. Pero tal vez ahora no se quiera devolver».


