Policía busca a banquetera prófuga acusada de dejar plantada a novios en sus fiestas de matrimonio
Natalia Álvarez, formalizada por estafa reiterada, desapareció tras lograr la libertad con el pago de una caución de $5 millones.
El momento en que Carolina Madrid cayó en la cuenta de que su matrimonio no iba a resultar como tan meticulosamente lo había planificado fue a eso de las tres de la tarde del sábado 29 de noviembre del año pasado.
A esa hora, cuando faltaban pocos minutos para la ceremonia religiosa, supo que en el Centro de Eventos Chapanay de Viña del Mar, donde se celebraría la fiesta, no había nada. Pero nada de nada: ni sillas, ni mesas, ni DJ, ni comida, ni tragos, ni flores. Nada. Y la banquetera había desaparecido sin siquiera dignarse a contestar el teléfono.
Los amigos de los novios, amigos de verdad, improvisaron una fiesta entre todos. Unos compraron pizzas, otros arrendaron sillas y mesas, otros contrataron garzones y otro contactó un DJ. Los novios se armaron de buen humor y lo pasaron bien igual, pero a un costo, admite Carolina, que aún no logran superar del todo.
El caso llegó a la justicia. El Ministerio Público formalizó a los propietarios de la Productora Probarte -Natalia Álvarez y su pareja, José Galarce- por estafa reiterada, ya que aparecieron más casos. Los imputados quedaron en prisión preventiva.
Pasó el tiempo, y mientras Galarce se sometía a un juicio abreviado aceptando su culpabilidad, Natalia Álvarez intentaba cambiar la medida cautelar de prisión preventiva. Hasta que lo consiguió. El tribunal decretó su libertad condicional a cambio del pago de una caución de cinco millones de pesos.
Los abogados querellantes recurrieron a la Corte de Apelaciones de Valparaíso para revertir la medida y lo consiguieron. Pero en los tres días que transcurrieron entre la presentación del recurso y la decisión de la Corte, Natalia Álvarez, una vez más, desapareció del mapa. Para Carolina Madrid significó revivir todo de nuevo.
Indignación
«Que se haya fugado nos genera mucha indignación», comenta. «Después de todo lo que vivimos con nuestro matrimonio y de la confianza que le entregamos para algo tan importante, saber que quedara en libertad bajo caución y que posteriormente desapareciera nos genera una impotencia enorme».
«Nos cuesta mucho entender que la dejaran en libertad», agrega Carolina. «Como víctimas, nos cuesta entender que, considerando la cantidad de personas involucradas y el monto de dinero que está en juego, se haya considerado suficiente una caución y que, además, aparentemente era un monto accesible para ella. Viendo lo que ocurrió después, nos queda la sensación de que no se dimensionó adecuadamente el riesgo de que no cumpliera con las condiciones impuestas y terminara fugándose».
Carolina dice que hasta ahora no han recuperado ningún peso de los $13,5 millones que les costó el matrimonio, pero insiste en que eso no es lo importante.
«Para nosotros esto nunca se trató solamente de recuperar lo económico. Fue mucho esfuerzo y tiempo de planificación. Lo que ocurrió nos obligó a enfrentar una situación que jamás pensamos que íbamos a vivir en el día de nuestro matrimonio que tanto soñamos», dice. «Creo que hemos aprendido a separar lo que pasó de lo que significa nuestro matrimonio. Nuestra celebración no resultó como la habíamos imaginado y eso obviamente nos da mucha pena, porque era un momento que habíamos esperado y preparado junto a nuestra familia con mucha ilusión».
¿Recibieron algún tipo de disculpa de Natalia Álvarez?
«Ella nos escribió ese día, pero fue después de que nosotros le solicitáramos formalmente la restitución del dinero que habíamos pagado y de los gastos adicionales que tuvimos que asumir producto de lo ocurrido. En ese mensaje nos dijo que esperaba algún día poder hacer algo para enmendar lo horrible que había sido, pero para nosotros eso nunca se tradujo en una disculpa concreta, en una reparación ni en un reconocimiento real del daño que habíamos sufrido».
Carolina dice que espera que el juicio llegue a término con todos los responsables respondiendo ante la justicia, pero al mismo tiempo prefiere concentrar sus energías en el futuro.
«Llevamos 13 años en pareja y entendemos que una fiesta no definirá nuestro matrimonio. Estamos tratando de no permitir que esta experiencia termine marcando para siempre un momento que para nosotros debería haber sido feliz».


