Una emergencia médica en EE.UU. puede terminar costando una fortuna
Tabla con ejemplos para cotizar las coberturas clave de cada tipo de producto.
Una urgencia médica en el carísimo sistema de salud de Estados Unidos, una maleta que no aparece al llegar a destino o un viaje que debe suspenderse a última hora pueden convertir unas vacaciones soñadas en una pesadilla que cuesta varios miles de dólares. Por eso, antes de salir de Chile no basta con revisar pasajes y alojamiento: también conviene mirar qué respaldo tendrá el viajero si algo sale mal y, sobre todo, cuánto tendrá que pagar de su bolsillo (ver tabla).
En ese escenario aparecen dos conceptos que muchas veces se confunden: seguro de viaje y asistencia al viajero. Aunque ambos buscan proteger al pasajero frente a imprevistos, no funcionan de la misma manera.
Julián Gurfinkiel, cofundador y CMO de Turismocity, explica que la principal diferencia está en la forma en que opera cada servicio. «Un seguro de viaje tradicional suele funcionar principalmente bajo la modalidad de reintegro: ante un imprevisto, el pasajero puede tener que resolver la situación, afrontar el gasto y posteriormente presentar la documentación para solicitar el reembolso».
Es decir, si tiene una emergencia durante su viaje, es probable que primero tenga que pagar y después pedir que le devuelvan ese dinero, siempre que el gasto esté contemplado en las condiciones contratadas. Este tipo de producto suele ser ofrecido por compañías de seguros generales y también por bancos o empresas de retail que trabajan junto a aseguradoras.
La asistencia al viajero funciona de una forma distinta. En vez de que la persona tenga que solucionar por su cuenta el problema y luego cobrar un reembolso, la empresa de asistencia coordina la atención cuando ocurre la emergencia. Entre las compañías que ofrecen este servicio están Assist Card y Universal Assistance.
«Por ejemplo, ante una emergencia médica en el exterior, el viajero se comunica con la central de asistencia, que normalmente funciona las 24 horas, y la compañía coordina la atención con su red de prestadores», precisa Gurfinkiel.
La elección entre uno y otro producto dependerá de las características del viaje. Hugo Avilés, marketing manager de Viajes Falabella, sugiere analizar el destino, la cantidad de días que durará el viaje y si el país de llegada exige contar con una cobertura determinada.
Las coberturas
Avilés explica que la mayoría de las asistencias al viajero ofrecen servicios similares, pero los montos que cubren pueden variar considerablemente entre un plan y otro. Por eso, además de revisar qué prestaciones incluye cada alternativa, es importante verificar hasta cuánto responde en cada caso.
Para Gurfinkiel, la cobertura médica es clave al contratar un seguro. En particular, recomienda prestar atención al monto máximo que contempla el plan, ya que las necesidades pueden variar considerablemente según el destino: «No es lo mismo viajar a un país donde una consulta o internación tiene costos relativamente bajos que hacerlo a Estados Unidos, por ejemplo, donde una hospitalización puede representar decenas o incluso cientos de miles de dólares».
En este sentido, Juan Manuel Arrias Camps, CMO de Atrápalo, aconseja elegir coberturas con topes elevados cuando el viaje es a destinos donde la atención sanitaria resulta especialmente costosa.
También importa quién viaja. La edad puede modificar tanto el precio como las condiciones de la cobertura. «Las compañías suelen aplicar tramos tarifarios y de cobertura según la edad, con ajustes comunes a partir de los 65, 70 u 80 años. Un viajero mayor necesitará un plan con montos globales más altos y mayor énfasis en urgencias médicas o preexistencias, mientras que un viajero joven puede optar por un plan estándar ajustado a su tipo de viaje», añade Arrias.
Las enfermedades o problemas de salud que la persona ya tenía antes de contratar el servicio son otro punto que debe revisar; no todos los planes los cubren de la misma manera y algunos pueden establecer exclusiones o condiciones específicas.
Hay situaciones que tampoco deberían darse por cubiertas automáticamente, como la práctica de actividades de riesgo. En estos casos, Arrias recomienda revisar las condiciones del plan y confirmar si contempla este tipo de prácticas o requiere una extensión específica. «Si se planea esquiar, hacer trekking o deportes acuáticos, se debe incluir una cláusula adicional», subraya Arrias.
Gurfinkiel agrega que algunas compañías hacen una distinción entre deportes recreativos y actividades competitivas o de mayor riesgo. Por eso, si el objetivo del viaje es hacer una actividad específica, lo recomendable es decirlo al momento de contratar y revisar las condiciones.
El equipaje es otro clásico de las vacaciones que puede terminar en un trámite. Sin embargo, que un plan diga que tiene cobertura de equipaje no significa necesariamente que cubra cualquier problema con una maleta. Por eso, Gurfinkiel aconseja revisar si el producto contempla la demora, la pérdida definitiva, el robo o los daños, ya que «no todos los planes incluyen lo mismo».
Arrias también recomienda revisar si existe protección frente a la cancelación o interrupción de las vacaciones, de manera que sea posible recuperar el dinero gastado en pasajes, hoteles u otros servicios que finalmente no se utilizaron, siempre de acuerdo con las causas y condiciones establecidas en el contrato.
Por último, Gurfinkiel sugiere comprobar que exista atención las 24 horas y cuáles son los canales disponibles. «Hoy es muy relevante saber si la empresa permite resolver una emergencia por teléfono, WhatsApp, aplicación o telemedicina».



