«Mi hermana es súper valiente, ha tenido que superar un montón de cosas sola»

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Vannia Currihuil cuenta la historia de Rayén, la carabinera herida con una granada de mano

Rayén Andrea Currihuil tenía 19 años cuando le dijeron que había sido aceptada en Carabineros, pero no en la Escuela de Formación de Temuco, como hubiese preferido la familia, sino en Santiago.

Hasta ese minuto, Rayén no conocía otro paisaje que el apacible campo donde creció junto a sus dos hermanas, en una apartada zona rural de la comuna de Padre Las Casas, en la región de La Araucanía.

«Todos le teníamos miedo a Santiago, por las cosas terribles que se decían», cuenta Vannia, su hermana mayor. «Pero mi hermana siempre ha sido una persona súper valiente. Nunca tuvo miedo».

Vannia dice que la gran vocación de su hermana Rayén era ayudar a la gente. Por eso ingresó al Cuerpo de Bomberos de Padre Las Casas y luego estudió Enfermería. Pero no era suficiente. «Quería buscar nuevos horizontes, salir adelante. Ella no podía quedarse así. Quería salir del campo».

Lo más difícil fue la soledad, dice Vannia. Sobre todo en los momentos difíciles, que han sido muchos. «Allá estaba completamente sola. Toda la familia quedó acá, así que no tenía a quién acudir. Su preparación como carabinera fue difícil. Hubo momentos duros. Nosotros la acompañábamos como podíamos, desde acá. Mi mamá hablaba con ella siempre. Siempre la apoyó», cuenta.

Una vez egresada, Rayén fue destinada a la 2ª Comisaría de Santiago, y gracias a su buen desempeño, pasó a formar parte de la Sección de Investigación Policial (SIP), donde trabajaba vestida de civil.

«Tuvo muchos momentos de peligro. A veces llegaba a las tres de la madrugada a su casa, sola, y mi mamá la esperaba para hablar con ella. Es que así es este trabajo , le decía Rayén a mi mamá. Por eso digo que mi hermana es súper valiente, porque ha tenido que superar un montón de cosas sola. Y nunca le había pasado nada. Hasta ahora».

Fracturas múltiples

Cerca de las siete de la tarde del miércoles, Rayén Currihuil y un compañero de la Segunda Comisaría realizaban controles vehiculares en Club Hípico con Centenario, comuna de Santiago. Un motorista, que más tarde sería identificado como Jefferson Meza García, un ciudadano venezolano de 36 años con situación migratoria irregular, se resistió al control y amenazó a los carabineros nada menos que con una granada de mano.

El compañero de Rayén percutó cinco disparos, varios de los cuales dieron en el venezolano. Pero antes de caer muerto sobre la acera, alcanzó a lanzar el artefacto en dirección a Rayén. La explosión, que fue captada por las cámaras de seguridad, parece un punto de inflexión en un país cada vez más irreconocible.

«Mi hermana está totalmente en shock», dice Vannia. «Quedó con varias fracturas en su carita, en su pómulo. Tiene heridas en el tórax, en las piernas. Y está con ayuda sicológica, porque esto ya sobrepasó todos los niveles».

Rayén Currihuil fue internada en el Hospital de Carabineros, se encuentra estable y está fue de peligro de muerte. En pocos días cumplirá 24 años, estuvo casada, pero se separó. A principios de este año fue ascendida a cabo segundo.

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