No nos hagamos con lo de «Zona de estrellas»

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Nos encantó que dos panelistas se sacaran los ojos en cámara.

Ya es vox populi el feroz cruce que tuvieron Adriana Barrientos y Javier Fernández en su programa «Zona de estrellas» de Zona Latina. Y no podría haber sido de otra manera, ya que lo protagonizaron a los gritos y en pantalla.

Ocurrió el lunes 7. Al día siguiente, el espacio no solo no le hizo el quite a la situación, sino que además propició una especie de instancia de reconciliación, al aire también, para ver si las partes se abuenaban.

Resultó peor. «¿A qué hora te despiertas tú?», «Trabajo mucho más que tú», «A mí me maltrataste», «Cállate, decorado» y «Cállate tú, corneta» (por la voz de ella). Fueron solo algunas de las perlas que intercambiaron en ese malogrado cese de hostilidades.

Cuando Hugo Valencia dio por cerrado el intento por poner paños fríos y empezaba a anunciar los temas que analizarían esa jornada, «La leona» no perdió oportunidad de atacar a su contrincante: «Temas que he reporteado yo porque Javier hoy día tampoco trajo temas». Y, al menor indicio de reacción del esteticista, lo repasó con un «Tírenle maní al mono, pa que se calle». Grato ambiente laboral.

Luego de eso creció el rumor de que a Adriana la habían despedido, lo que fue desmentido por la señal televisiva, que en un comunicado aclaró que su ausencia después de esos días de entrevero con Javier se debe a que está con permiso administrativo.

Lo que deja este episodio, por lo menos para mí, es que hace falta ver más seguido que estos trapitos al sol sean ventilados, con la misma o incluso mayor intensidad que la del choque en «Zona de estrellas». Es preciso reivindicar el derecho a tener diferencias y blanquear aquello en cámara.

Esta práctica hace bien en muchos sentidos. Por de pronto, la neurociencia plantea que el «etiquetado afectivo», que no es otra cosa que poner las emociones en palabras, baja los niveles de angustia y previene malestares físicos.

A nivel televisivo, es un espectáculo. Como una obra de teatro, pero sin que ninguno de los actores tenga un parlamento aprendido. Como una serie, pero sin la posibilidad de hacer spoiler, porque nadie sabe lo que viene.

Ya lo dijo mi profeta Vasco Moulian en «Fiebre de canto», la noche en que Fanny Cuevas trató de barrero al jurado y de vagos a los actores que compiten en el programa. «¡Ay, qué momento más maravilloso! ¡Gracias, señor! ¡Amén! ¡Hemos visto dos buenos concursantes y la chimuchina viva! ¡Gracias, Fanny!»

De esto se trata. De no tragarnos la suciedad ni de esconderla. Para eso está la alfombra, no la televisión.

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