Los elencos de ambas versiones de esa producción son un lujo no siempre valorado.
A medio mes del relanzamiento de ‘El señor de La Querencia', esta vez por Mega, los invito a realizar un paralelo entre algunos roles clave de ambos elencos, tanto el de Televisión Nacional, como el actual.
Para empezar con el protagonista máximo, el que le da vida a José Luis Echenique, se acertó al designar a Gabriel Cañas como sucesor de Julio Milostich. Ambos tienen ‘cara de malo', a diferencia de Álvaro Morales, cuyo ángel de niño bueno fue exigido al máximo para encarnar al personaje central de ‘Los Pincheira'. Es cierto que buenos actores como él pueden finalmente dar con la tecla esperada, pero ¿por qué no facilitar las cosas desde un inicio?
María Gracia Omegna también cumple y llena las necesidades requeridas por el papel que 16 años atrás le fue encomendado a Sigrid Alegría, la de Leonor Amenábar, sumisa esposa de Echenique.
Nicolás Oyarzún está a la altura de Álvaro Rudolphy como Manuel Pradenas, el medio hermano del señor de la querencia. Además se da el hecho de que el guión lo une sentimentalmente con Omegna, como ya ha ocurrido en el pasado del área dramática de Mega, lo que siempre será un plus para los televidentes, que gustan de ‘parejas establecidas' en este pacto tácito de ‘hacemos como que ciertas cosas ocurren de verdad, siempre que la puesta en escena sea convincente'.
Incluso para consumir ficción el ser humano es un animal de costumbres, como postuló alguna vez Charles Dickens.
Sigamos. En el remake de Mega Ignacia Baeza hace las veces de la liberal y cosmopolita Mercedes Amenábar, que en la versión original era Alejandra Fosalba, y el nivel se mantiene parejo. Nunca olvido la rutilante performance de Ignacia en ‘Pacto de sangre' de Canal 13. Una doña actriz.
El asunto cambia cuando llegamos al punto en que hay que ponerse en la piel de Buenaventura Moreno, el peón que hace la vista gorda cuando el patrón ejerce su ‘derecho a pierna' nada menos que sobre su esposa (la del peón), que también es parte de la servidumbre. El 2008 era Álvaro Espinoza y ahora es el gran Roberto Farías. Y volvemos al ejemplo de Morales. Nunca me convenció Espinoza como hombre de campo. Era como ver a Emeterio Ureta de minero o a Felipe Armas de mecánico. El acuerdo es ‘nos tragamos todo, pero hagan bien el casting'. Y no pasa por la capacidad actoral de Álvaro, que está fuera de discusión.
La conclusión que deja este ejercicio es la tremenda calidad de ambos elencos.


